Visualizar los sueños para cumplirlos

visualizar los sueños
Para que los sueños no queden en el campo de la imaginación, hay que hacer algunas cosas.

Cuando era chica soñaba con muchas cosas, una de ellas era vivir en una casa con patio. Vivía con mi familia en un departamento, así que pedía ese deseo a cuanto panadero volador encontraba, a toda pestaña que se me caía, y cada vez que veía un número capicúa o una estrella fugaz. Cuando cumplí los 10 años de edad mis papás me dieron una muy buena noticia: nos íbamos a vivir a una casa. Tal era mi alegría y mi sorpresa, que recuerdo haberlo anotado en un cuadernito. Entonces empezó la búsqueda del nuevo hogar y yo siempre que podía los acompañaba. Estuvimos un tiempo viendo distintos lugares hasta que fuimos a ver una casa cuyo patio era de baldosas, mamá dijo que si la compraba iba a sacar el piso y pondría pasto. Recuerdo que esa casa tenía un limonero enorme que me encantó. Mientras “los grandes” hablaban adentro yo me quede afuera en ese patio lleno de olor a azahares, y en el suelo ví un limón, me gustó así que me lo llevé de recuerdo. Unos días más tarde los acompañe a la inmobiliaria donde cerraron el trato: íbamos a vivir ahí, volvíamos al barrio donde nací.

Cuando fui más grande se me puso un nuevo sueño “casi imposible” en la cabeza: ir a Cancún, viajar a la Riviera Maya, México. Siempre que jugaba con mi hermana decíamos que ella iría a Japón y yo me iría a Cancún. Me imaginaba caminando por esas playas, que solo veía en las fotos de las revistas, las tapas de los cuadernos, en la televisión. Además quería conocer más de la cultura maya, que siempre me pareció muy interesante. Todo me parecía muy lejano, por supuesto, pero casi como un juego así lo veía.

Llegando casi a los 19 años pensé que quería cumplir otro sueño más: Conocer la Patagonia. Pero la Patagonia quedaba lejos y era caro, parecía un sueño más realista que los dos anteriores, sin embargo vengo de una familia que viaja poco y jamás había salido de mi provincia, ni siquiera había ido de viaje de estudios a Bariloche como todo el mundo. Así que conocer la Patagonia era solo un deseo, un sueño lejano, porque además yo era estudiante y no tenía trabajo, así que no había ingresos, tampoco con quien ir.

Desde que soy una niña me encanta actuar, participaba siempre en los actos de la escuela, pero nunca había tomado un curso. Cuando tenía 22 me decidí y me anote en un taller de teatro. A fin de año armamos una muestra, interpretamos “La Isla desierta” de Roberto Arlt. Tanto me gusto que al año siguiente me volví a anotar, y así seguí haciendo teatro durante varios años. Todo eso me gustaba pero yo quería ir un poco más allá, quería formar parte de un grupo o un elenco. Sin embargo, eso nunca se me dio así que seguí haciéndolo como un hobbie, sabiendo que en el fondo era algo más que eso: mi pasión.

Cuando tenía 23 conocí al que después sería mi compañero de vida, pero en ese momento no tenía la menor idea que eso iba a pasar. Yo venía de un par de relaciones previas que me consumieron demasiado tiempo y energía para mi gusto. Así que al principio no quería saber nada con nadie, luego empecé a pensar que, cuando quisiera, me gustaría estar con alguien más sano, más normal. Esto no era un sueño o un deseo, era una convicción: Nunca más relaciones demasiado complicadas, no más problemas y estrés. Debo decir que mi cerebro y mi cuerpo captaron la orden de inmediato. Un tiempo después empecé una relación muy hermosa con mi actual pareja, a quien amo, respeto y admiro pero por sobre todo agradezco porque me ayuda todos los días a crecer y ser un poco mejor. Cuando ya llevábamos unos años de novios, surgió la oportunidad de ir a vivir a Bariloche, sin dudarlo le dije que lo intentáramos, que si no lo hacíamos nos quedaríamos con la duda, pensando “qué hubiera pasado si…”. Así que nos fuimos. Él se fue primero, yo me mudé después.

Es increíble pero a partir de ese año empecé a cumplir uno a uno todos mis sueños: el primero de ellos fue conocer la Patagonia -Todavía lo estoy cumpliendo-. Ese mismo año subí por primera vez a un avión y fue tal cual lo soñé –o  aún mejor- una experiencia alucinante. Así, de a poco se fueron cumpliendo otros sueños más, como por ejemplo al año siguiente cuando me convocaron a formar parte de un elenco, y empecé a actuar en el teatro. Este año cumplí mi sueño de ir al ansiado lugar: Riviera Maya, México. No solo disfrute de las playas y conocí el mar, sino que además fui a las pirámides de Chichén Itza, donde aprendí muchas cosas interesantes sobre la cultura maya y pude sentirla, respirarla. Fue una experiencia maravillosa.

La clave reside en la perseverancia

Siempre recuerdo un libro de Lair Ribeiro que leí hace varios años titulado “El éxito no llega por casualidad”. Entre muchas cosas interesantes que encontré en él, recuerdo particularmente una parte que decía que hay que anotar en un papel las metas y sueños que uno tiene. Así que el ejercicio que proponía el texto era sencillo: había que escribir las metas y deseos para los próximos 12 meses, 3, 5 y 10 años. El fundamento era que, al dejar esto por escrito, el cerebro de alguna manera toma la orden y sabe que debe hacer lo necesario para cumplirlo. En ese entonces escribí todas mis metas, pensando si en algún momento las podría concretar. En una oportunidad, estando en casa de mis padres, estaba ayudando a mi mamá a ordenar unas cosas y me encontré con el libro que había leído. Dentro todavía estaba el papel con los sueños y metas, y cuando lo leí me sorprendí al ver que se habían cumplido casi todas. Solo faltaba ver si se llegaban a cumplir las que quedaban para los años siguientes.

Hace tres años me encontraba dando clases en un taller para jóvenes que buscan empleo y justamente estaba explicando este tema de las metas y la importancia de tenerlas por escrito. Mis alumnos no me tomaron muy en serio, pero hicieron el ejercicio de todos modos. Este año me reencontré con uno de mis ex alumnos que me contó que alcanzó las metas que había escrito en esa clase. Parece mentira, pero es ciento por ciento cierto.

Todo esto me lleva a pensar en lo que he leído y escuchado por ahí, y es que hay que visualizarnos cumpliendo nuestros sueños, escribir nuestras metas en papel, pedirlas al universo, porque él se encarga de darnos lo que queremos, soñamos y necesitamos.

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Información del Autor

Noelia Garola es Lic. en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, donde además realizó cursos de posgrado en Gestión de emprendimientos culturales y creativos y una Diplomatura en Recursos Humanos, además de capacitaciones y talleres sobre redacción para medios de comunicación digitales. Apasionada del teatro, las letras y la buena cocina, descubrió en el yoga un aliado para el camino de la vida, en la búsqueda de la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Actualmente se desempeña como docente de nivel superior y dicta talleres sobre comunicación corporal, donde pone especial énfasis en la importancia de escucharse a uno mismo y sentir lo que dice el cuerpo. Podes contactarte con ella a través de LinkedIn.