La amistad como revolución

la revolución de la amistad
En épocas donde se ataca lo diferente y se trata de igualar, nos unimos en amistad para reivindicar las diferencias.

“El terror de lo igual alcanza hoy todos los ámbitos vitales. Viajamos por todas partes sin tener ninguna experiencia. Uno se entera de todo sin adquirir ningún conocimiento. Se ansían vivencias y estímulos con los que, sin embargo, uno se queda siempre igual a sí mismo. Uno acumula amigos y seguidores sin experimentar jamás el encuentro con alguien distinto. Los medios sociales representan un grado nulo de lo social. La interconexión digital total y la comunicación total no facilitan el encuentro con otros. Más bien sirven para encontrar personas iguales y que piensan igual, haciéndonos pasar de largo ante los desconocidos y quienes son distintos, y se encargan de que nuestro horizonte de experiencias se vuelva cada vez más estrecho. Nos enredan en un inacabable bucle del yo y, en último término, nos llevan a una autopropaganda que nos adoctrina con nuestras propias nociones.”

Byung-Chul Han, La expulsión de lo distinto


Víspera del 20 de julio pasado, a mi izquierda un grupo de mujeres de unos 70 años, promedio, las había de cincuenta y largos y de cerca de 80. A mi derecha un grupo de mujeres de unos 35 años, más o menos cinco años.

A mi izquierda las preguntas que rondan son: “¿Cómo estás? ¿Cómo te fue en tal viaje, qué recorriste? Contame, ¿cómo están tus nietos? ¿Cómo van esas clases de tango con Fulanito? ¿Te fue bien en el estudio que te hiciste la semana pasada, necesitás que te acompañe alguna la semana que viene?”

A mi derecha: “¿Te acordás de Fulanita? ¿Y de Menganita? Uh… esa era insoportable, ahora está peor, es que se volvió madre, se le terminó el mundo, obvio tiene 2 meses pero no hace nada más que cuidar a su bebé, yo opino que… ¿Estás más flaca? ¿Qué te compraste el otro día que mandaste foto desde el shopping?”

A mi  izquierda se miman con los ojos, buscan la mirada atenta del resto de las comensales, se escuchan, se turnan para hablar, se ve como una danza implícita en la conversación donde ninguna quede excluida de contar su experiencia, se tocan las manos, las espaldas, irradian  amor, complicidad, picardía, compasión y honestidad.  Se cuentan las cosas para ellas, no para los espectadores que estamos fuera del grupo.

A mi derecha, miran lo que llevan puesto, se elogian o simplemente callan si no les gusta, mientras una habla de fulanita, otra mira el celular y  otra se mira lo linda que tiene las uñas que recién le elogiaron. Jamás dejaron el celular en la mesa. Hablan a los gritos, con expresiones recién salidas del horno de lo nuevo, nuevísimo que mañana ya será viejísimo, usadas estratégicamente para ver de reojo el impacto que tienen  con  sus compañeras de mesa y con la intensión de que la onda expansiva llegue a alguna mesa aledaña que les interese.

En el primer grupo se puede ver la mirada pícara de haber vivido la vida, haberle esquivado a varios disgustos juntas y a los que no pudieron hacer a un lado, haberlos enfrentado sostenidas y contenidas unas en otras.  Aquí cada una era diferente, ni siquiera el amor expresado era igual en una que en otra, pero eso no importaba. No había una lucha implícita, ni competían por diferenciarse o ver si superaban a la otra en lo que era mejor; ni en el chiste, ni en la ropa, ni en las anécdotas, ni en el hablar, ni en el callar. En nada. Había algo sí que las aunaba y era la escucha atenta y respetuosa de sus diferencias, de sus vidas intransferibles.

La amistad  está por fuera de los contratos. No se legaliza ante escribano. No obedece a un poder que la normatiza y nos dice cómo tiene que ser. La inventamos  todo el tiempo de acuerdo a la humanidad de los que la compartimos.

En el segundo grupo las miradas  y las preguntas eran invasivas, para sacar conclusiones, cálculos y establecer puntos de comparación con las demás, inclusive con las que no estaban. Había siempre un motivo oculto por el cual se decía lo que se decía, de quién se decía y cómo se decía.

Llegada las 23 horas, los dos grupos pidieron la cuenta. Y antes de  levantarse, brindaron, se desearon feliz día del amigo. Un grupo se abrazó y entre abrazo y abrazo seguían charlando, no podían dejar de hacerlo, de preguntarse si la semana que viene se tomaban el tecito, cuáles podían y cuáles no, que después se llamaban y arreglaban. El otro grupo reemplazo el abrazo por una selfie, un beso casi en la oreja, una sonrisa de compromiso y salieron eyectadas por la puerta como si no se conocieran.

Esta observación y escucha mientras cenaba, me permitió pensar mucho, obviamente en mis relaciones y en la amistad como un vínculo que trato  sea el sostén de todos mis vínculos. Me pregunté por qué era tan importante para mí y  porque siempre lo viví como uno de mis vínculos más revolucionarios, dónde madurar se pone de manifiesto desde muy pequeños.

Me di cuenta que la amistad  está por fuera de los contratos. No se legaliza ante escribano. No obedece a un poder que la normatiza y nos dice cómo tiene que ser. La inventamos  todo el tiempo de acuerdo a la humanidad de los que la compartimos.

Quizás sea uno de los amores que menos atravesado por el deber y poder colectivo está, le escapa constantemente, creando un vínculo real fuera de las normas. Este vínculo no atravesado por el dinero, los bienes, los hijos, las libretas rojas, las sucesiones, hace que uno enfoque sus cuidados en el amor que se da, amor que sea del bueno, amor para cuidar al otro de uno mismo y de él mismo, muchas veces. Amor que soporta las más grandes diferencias y las honestidades más certeras.

Por eso creo yo que es el vínculo más revolucionario, social, personal y sentimentalmente hablando. Nada lo sostiene más allá del amor a lo diferente.

En épocas donde se ataca lo diferente y se trata de igualar, nos unimos en amistad para reivindicar las diferencias. En épocas donde mediante lo diferente se quiere dividir, nos unimos en amistad  para custodiar, salvar, reivindicar nuestras semejanzas como humanos. Es un acto necesario tener amigos con los que nos identifiquemos parcialmente y es necesario tener amigos donde nuestras diferencias nos enriquezcan, donde podamos humanizar la escucha, la empatía y el ponerse en el lugar del otro.

En épocas donde se ataca lo diferente y se trata de igualar, nos unimos en amistad para reivindicar las diferencias.

El filósofo surcoreano Buyng-Chul Han en su ensayo Topología de la Violencia expresa: “Debería ser posible una relación con el otro en la que yo permitiera y afirmara su otredad, su manera de ser. Este sí a su manera de ser se llama amistad. Esta no consiste en un dejar ser al otro de un modo pasivo e indiferente, sino en una relación activa con su manera de ser. Sólo se despierta en relación al otro o al extranjero. Cuanto mayor sea su diferencia respecto a lo propio, más intensa será la amistad que le muestra. Frente a lo igual no es posible ni la amistad ni la enemistad, ni el sí ni el no, ni el acogimiento ni el rechazo. “

Deseo profundamente tener siempre un alma de 70, no importa cuántos años tenga el envase. Y siempre ser agradecida de que con mis amigos podamos ser viejos, preocuparnos por lo importante, sabernos diferentes y valorarlo, disfrutar de lo que la juventud nos ofrece para seguir exprimiéndole a la vida lo nuevo y que cuando el cuerpo sea tan viejo como nuestra alma tengamos un montón de recuerdos, por los cuáles nuestros ojos pícaros y cómplices se rían por haber saboreado esta vida con todo lo bueno que pudimos y que eso sea motor para que a los 70 u 80 sigamos generando recuerdos, aunque sea tomando un cafecito… o un buen vino con una torta llena de chocolate.

Lic. Paula Perticone

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Información del Autor

Transmutar. Una de mis palabras favoritas define bastante bien mi diferencial profesional. El arte de mutar, generando una versión más saludable, creativa y consciente de las personas u organizaciones, permitiendo la continua actualización de sus potenciales internos y externos. Actualmente me capacito en Desarrollo Organizacional (ITBA) para dar orientación, profesionalismo e integración a mi práctica cotidiana, profundizando mi trabajo como agente transmutador dentro de las organizaciones. Mi vida académica recorrió varios caminos y lo sigue haciendo. Me guía la obra de Carl Jung en mi profesión como Psicóloga Clínica con mis pacientes. Me capacité como Coach Ontológico para ofrecer herramientas que permitan dar el salto de lo actual a la concreción del estado deseado. Además me especialicé en Medicina Ayurveda complementando mi práctica personal de meditación, yoga y fitoterapia para brindar a mis pacientes y clientes una mirada holística sobre sí mismos. Estoy convencida que sólo transformándome a mí misma puedo ser consciente de lo cuidadoso, meticuloso y amoroso que debe ser guiar, promover e implementar un proceso de cambio, sea dentro de una individualidad como de una organización. Amo los viajes, los amigos, la naturaleza y la luna; tengo un alma inquieta que busca experiencias que posibiliten ampliar mi forma de ver, para descubrir los distintos mundos que habitan en cada persona. Amo escribir y difundir ideas que permitan abrir caminos en los demás. http://www.revistaahora.com.ar/ En Facebook: @paulaperticonepsi En LinkedIn: www.linkedin.com/in/paula-perticone