Pensar menos, sentir más. Parte 2

mente en blanco
Muchas cosas funcionan de maravillas cuando desconectamos por un momento la cabeza.

Hace pocos días me encontraba dando un taller de Comunicación Corporal y un grupo de alumnos presentaba una dificultad –por llamarle de alguna forma- para separar su mente de lo que les dictaba el cuerpo. Esto que puede sonar muy extraño, está lleno de realidad. A veces vamos por la vida haciendo cosas automáticamente, sin razonar como o por que las hacemos, como cruzar la calle, cocinar la minuta típica un día de semana, bañarnos, limpiar, ordenar y otras cosas que hacemos en piloto automático. La gente que conduce los vehículos por la ciudad no piensa dos veces antes de apretar el pie en el acelerador a medida que suelta el embrague. Una madre no razona cómo pasarle el peine por la cabellera a su hijo, una adolescente no analiza su momento de delinearse los ojos dos o tres veces, sencillamente lo hace. No hay mucho que decidir.

Para otras cosas, en cambio, la mente interfiere mucho más, y si hay algo que aprendí en mis años de talleres de teatro y expresión corporal es que cuanto más pensamos las cosas que vamos a hacer, peor salen. La creatividad se ve boicoteada totalmente cuando le dimos la segunda vuelta de calesita a ese movimiento o a esa espontaneidad que estamos por cometer.

Cuanto más pensamos las cosas que vamos a hacer, peor salen.

Pero volvamos a la situación concreta… Así estaba yo con mis alumnos, a los que les puse una música para que se expresaran libremente, excepto por dos cuestiones que especifiqué. La consigna era clara: primero que nada no podían hablar, ya que al hacerlo la energía se va en los diálogos en vez de ser canalizada por el cuerpo, además el cerebro interviene demasiado a través del lenguaje verbal y la idea principal en este caso era que el cuerpo se encargue de todo. El segundo punto era no “bailar típicamente” las canciones como si estuvieran en un boliche o una fiesta, sino más bien sentirlas, escuchar que ritmo tenían y qué les proponía esto, qué surgía. La espontaneidad fue dejada de lado, y de pronto tuve un puñado de estudiantes quietos, duros, encerrados en un cuadrado, protestando porque hacía calor o la música estaba muy fuerte. Es muy normal que al principio presenten esta resistencia, sobre todo porque vienen de un cursado más estructurado en otras materias, más “normal” –en el buen sentido de la palabra: normas, pautas, formatos más rígidos, etc.-.

Nuevamente pienso: Cómo el cerebro puede ser un aliado o un enemigo en estas situaciones, porque allí reside la creatividad, las brillantes –y no tan brillantes ideas- pero también está esa voz interna que les dice: “no hagas esto, vas a quedar como un ridículo”. El desafío en estos casos en los que parece que no podemos poner la mente en blanco y dejarnos llevar, es recurrir a otras herramientas para motivar a los participantes. Así que después de tener una breve charla con ellos y quitarles la presión o la carga de tener que tirar ideas geniales y “ser los mejores”, las cosas empezaron a fluir mejor. La inseguridad y los miedos se hicieron a un lado, de manera tal que la mente y las nubes de pensamientos del “no puedo” se fueron disipando, dando lugar a una clase maravillosa. Incluso por un momento pensé filmarla, sacarle fotos, registrarlo todo, pero no quise. Preferí quedarme con el privilegio de ser la espectadora de eso que estaba pasando.

Todo funciona de maravillas cuando desconectamos por un momento la cabeza.

Ya íbamos por el segundo juego corporal, -y si hay algo que siempre digo es que las personas se muestran tal cual son a través del juego, pero ese será tema para otra oportunidad-, cuando retomé esta afirmación: todo funciona de maravillas cuando desconectamos por un momento la cabeza. Pienso que muchas veces nos cuesta dejarnos llevar porque tenemos miedo de perder el control, pero lo cierto es que en esta vida tal cosa no existe. Así como se lee, sencillamente porque no está en nuestras manos el 99% del tiempo. Me arriesgo a decir que el Universo –o como cada uno prefiera llamarle- tiene muchos planes para nosotros que incluso van cambiando conforme avanza el tiempo, pero nada de nada podemos hacer al respecto.

Con este pensamiento quiero quedarme para decir que somos capaces de muchas más cosas de las que creemos, en la medida en la que nos dejamos llevar más. De hecho hace poco lo viví en carne propia en una clase de yoga cuando llegó el momento de hacer la famosa –y temida por mí- invertida. Sinceramente no quería intentarlo, pero en realidad nunca quiero y me obligo a hacerlo para no quedarme en el “no puedo” y para evitar que me paralice el temor –a que salga mal, a caerme, a no sé bien qué-. Cuestión que la instructora siempre tiene que ayudarme pero la mayoría de las veces ni aun así logro subir. Hasta ese día, que ella se acercó, me indico como debía posicionarme contra la pared y me dijo las palabras mágicas: “Mente en blanco, Noe” y cuando menos me di cuenta estaba con los pies apuntando al cielo. Y fue realmente hermoso. En esa postura no queda otra porque, al menos en mi caso, por esos momentos el cerebro no funciona, y luego me queda una sensación de felicidad y plenitud que había olvidado que existía, todo por el miedo reiterado a volver a hacer esto. Así que recomiendo altamente cortar un momento las vueltas y los miedos, y pensar “Mente en blanco”. Dejarse llevar por la música de la vida, moverse, saltar, bailar y nada más.

 

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Información del Autor

Noelia Garola es Lic. en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, donde además realizó cursos de posgrado en Gestión de emprendimientos culturales y creativos y una Diplomatura en Recursos Humanos, además de capacitaciones y talleres sobre redacción para medios de comunicación digitales. Apasionada del teatro, las letras y la buena cocina, descubrió en el yoga un aliado para el camino de la vida, en la búsqueda de la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Actualmente se desempeña como docente de nivel superior y dicta talleres sobre comunicación corporal, donde pone especial énfasis en la importancia de escucharse a uno mismo y sentir lo que dice el cuerpo. Podes contactarte con ella a través de LinkedIn.