Palabras de un pianista…

Para mí la música es… un camino. Esta metáfora ha sido tal vez la más trillada de la historia. Pero es que es tan gráfica, tan evocadora, con tantas resonancias…

A fin de cuentas la vida es un camino. Y en este sentido hay y hubo tantos caminos como personas hay y hubo a lo largo de toda la existencia. Todos distintos, con más o menos similitudes. Y en la música pasa lo mismo.

 “La música” es un mundo en sí mismo, un universo, y como la vida, o el mundo en el que vivimos, está llena de innumerables caminos.

Y no me refiero solo al camino que cada ser humano ha recorrido o recorre en este ámbito. Me quiero detener especialmente en la idea de que cada obra musical, cada canción, cada improvisación sonora, es un camino entre los millones que recorren el universo musical. Exploremos esta metáfora…

Cada vez que toco mi Nocturno de Chopin favorito, estoy recorriendo uno de los caminos que él creó, o descubrió. Podría extender la metáfora diciendo que cada nota es un pequeño tramo del recorrido, cada armonía un color del entorno, cada filigrana de notas la brisa de la noche susurrando entre los árboles. Esto sería imaginar que la música nos transporta por un camino real o imaginario, pero basado en el mundo físico que conocemos. Es totalmente válido, y puede ser muy placentero.

Pero quisiera enfocarme en el mundo puramente musical, en el sonido, y en la acción de tocar. Así, el Nocturno es simplemente una serie de pasos que mis dedos dan por el piano, y una secuencia maravillosa de sensaciones auditivas.

¿Cómo llegué a conocer este camino?

Bueno, resulta que Chopin nos dejó un mapa, que entre los conocedores es llamado “partitura”. En este mapa podemos ir descifrando cada paso que hay que dar sobre el teclado. Muchas veces hay que dar saltos, curvas, deslizarse, frenar… Pero lo cierto es que antes de tener el mapa en mis manos, alguien me mostró este camino. Me lo hizo llegar de la mejor forma posible, recorriéndolo él mismo. Y el deseo de caminarlo con mis manos y mi alma fue incontenible. Fue así que salí en busca del mapa, y una vez lo tuve sobre mi piano, di mis primeros pasos por aquel sendero. No fue fácil. Tuve que ir de a poco, recorriéndolo por partes, volviendo a pasar una y otra vez por cada centímetro, hasta conocerlo palmo a palmo, para así llegar a andar por él ya sin ayuda del mapa. También mi habilidad para sortear las dificultades del recorrido fue aumentando. Y en todo el viaje vi paisajes hermosos, y sentí emociones inexplicables. Amé recorrer ese camino desde el primer paso.

Ahora sé que ese camino, y tantos otros que tuve el privilegio de conocer, tienen corazón para mí.

No llevan a ningún lado, como diría Don Juan. El verdadero fin de andar por esos caminos es el camino mismo.

 

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Información del Autor

Músico profesional, actualmente dedicado a guiar a otros seres humanos en el aprendizaje musical a través del piano. Aficionado a la astronomía y al estudio y cuidado de las plantas.