Mabel Katz: “el Ho’oponopono es el camino más fácil para alcanzar la felicidad”

Mabel Katz encarna la historia de un cambio; no siempre fue la gran transmisora del Ho'ponopono. En esta entrevista nos contó sobre su vida antes de descubrir el arte hawaiano para resolver problemas, las claves del Ho´ponopono y porqué asegura que es el camino más fácil para ser feliz.

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Nunca se sabe cuándo puede suceder algo que cambie el rumbo de tu existencia. Vivís, a secas, medio despierto, medio adormecido, ni contento ni triste. Ni. En el fondo sabés que la vida está un poco opaca y que todos los días se parecen en algo: traen consigo esa extraña sensación de que podrías ser más feliz, pero las pistas para hallar el modo de serlo brillan por su ausencia. Y de repente pasa ‘algo’, como si el destino estuviera esperando el momento justo. Un evento, muchas veces mínimo, hace que las cosas nunca más vuelvan a ser como antes, porque provoca que vos mismo cambies tu manera de ver. Quizás sea una llamada inesperada, ver el ceremonioso caer de una hoja desde lo alto de un árbol de otoño, hamacar entre sonrisas a tu sobrino en la plaza o, tal como le pasó a Mabel Katz, darte cuenta de que tu hijo es tu fiel reflejo (y que ese reflejo no te guste).

Mabel Katz encarna una historia de un cambio; no siempre fue la gran transmisora del Ho’oponopono -el antiguo arte hawaiano de resolución de problemas-. Según nos cuenta, como tantas otras personas, buscaba la felicidad únicamente en el afuera. Buscaba acercarse a ella como quien anda con los ojos vendados. Creyó alcanzarla al tener en sus manos un título universitario, pero no; más tarde parecía que la había encontrado en su matrimonio, y tampoco. Llegaron los hijos y se sintió dichosa, pero al cabo de un tiempo volvía al principio. “Pensaba que iba a encontrar felicidad en donde me habían dicho que estaba, en lo que había aprendido a través de la educación, en lo que creía que me hacía lo suficientemente buena. Pero resulta que cuando no nos queremos ni nos aceptamos a nosotros mismos, nada de eso es suficiente, así que siempre vas a buscar otro título universitario, una casa más grande o un auto nuevo”.

Mabel se recuerda a sí misma en aquellos tiempos: adormecida, viviendo una vida que nunca llegaba a ser del todo brillante. “Mi hijo mayor se encargó de despertarme: me habló tal como yo le hablaba a él, con mucho enojo, ofuscado. Me vi tristemente reflejada en su actitud y fue un espejo tan claro que me dejó pasmada. Con pesar, me di cuenta de que mi hijo había aprendido eso de mí, aunque no era algo que yo hubiera querido enseñarle. Mabel, me dije, tenés que cambiar”.

¿Cómo te encontraste con el Ho’oponopono?

Después de más de veinte años en este camino, me doy cuenta que la vida está hecha de decisiones, a veces conscientes, otras veces inconscientes. Al decidir, el universo se pone a trabajar para uno y empiezan a ocurrir cosas: se abren puertas y se cierran otras. En mi caso, por ejemplo, después de ese ‘despertar’ empecé a recibir invitaciones de seminarios y clases que jamás me había imaginado que existían. Se me abrió la puerta a un mundo que yo desconocía.

Mientras tomaba seminarios y clases de rebirthing, de yoga, etc., observaba que los seres humanos somos adictos al drama, a las historias que nos contamos a nosotros mismos (que después repetimos sin cansancio), a vernos como víctimas de lo que nos dijeron o hicieron. Estaba convencida de que tenía que haber un camino más fácil y más corto que nos lleve a la plenitud. Poco después apareció el Ho’oponopono en mi vida e hice de él mi camino.

En tu libro “El camino más fácil” decís que cuando comprendiste que en vos hay mucho más que un cuerpo descubriste un mundo sin rejas. ¿Cuáles son esas rejas?

Las rejas representan la creencia de que el mundo es lo que percibimos a través del intelecto y los sentidos. Un mundo enrejado es pensar que estamos limitados, que somos un cuerpo, que dependemos de cosas, de personas o situaciones. Al comprender que la vida es una experiencia muy corta y que estamos aquí para aprender y crecer espiritualmente, todo cambia. Cuando la percepción cambia, absolutamente todo cambia.

El Ho’oponopono asegura que la vida es una repetición de recuerdos. ¿No nos ocurre nada nuevo?

Generalmente no. El Ho’oponopono nos dice que estamos continuamente reproduciendo programas que tenemos instalados, una especie de música de fondo que suena las 24 horas del día, cada día de la vida. El Ho’oponopono es hacer una pausa para poder borrar aquellas memorias que nos hacen repetir hoy lo vivido en el pasado. Con Ho’oponopono podemos traer nuevas posibilidades, podemos alcanzar la inspiración que nos hace falta: esas respuestas perfectas, ideas brillantes o soluciones correctas.

Después de más de veinte años en este camino, me doy cuenta que la vida está hecha de decisiones, a veces conscientes, otras veces inconscientes. Al decidir, el universo se pone a trabajar para uno y empiezan a ocurrir cosas: se abren puertas y se cierran otras.

¿Cómo accedemos a esa inspiración?

Deteniendo el diálogo interno, silenciando a esa voz que siempre está dando los mejores consejos, que no es más que el ego, que piensa que sabe. Estar presentes es la única forma de acceder a la inspiración. Si estamos enganchados con las emociones recordando el pasado o imaginando el futuro, la inspiración no puede venir. Por eso para mí el Ho’oponopono es tan efectivo, nos ayuda a estar en balance y acceder al ahora. Es mi propia meditación y trato de llevarlo a cabo todo el tiempo. Muchas veces me enredo, me descubro teniendo opiniones y juicios, yéndome al futuro o al pasado, pero siempre hago lo mejor que puedo. Elijo cada vez más estar en paz y no tanto tener razón.

Estar presentes es la única forma de acceder a la inspiración.

Las tres mentes

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“Tal vez la idea más compleja de aprehender sea la de que no somos este cuerpo con el que tan identificados estamos y que la vida no pasa a un nivel tan físico como parece”, lanza Mabel con gran naturalidad. “La vida que experimentamos es el resultado de lo que ocurre en nuestras tres mentes”, sentencia.

¿Tres mentes?

Sí. Es importante entender que la vida está sucediendo en nuestra mente subconsciente, donde están alojados todos los programas y memorias reproduciéndose sin cesar. La única posibilidad de acceder a experiencias realmente nuevas es deteniendo esos programas. Y no hay nadie, por más poderoso que sea, que pueda hacerlo en lugar nuestro. Cuando nosotros en Ho’oponopono decimos “gracias, te amo” estamos trabajando con el subconsciente. No necesitamos saber cuáles son las memorias que están activas. Las palabras son un permiso que le doy a una parte mía para que borre programas del pasado, me guíe y me inspire.

Equivocadamente creímos que la mente consciente nos sirve para ser más inteligentes y sobresalir. En realidad su única función es la de elegir. Cuando en Ho’oponopono decimos “gracias” es la mente consciente la que elige decir gracias en vez de aferrarse a una situación, es la mente consciente la que tiene que decidir soltar y trabajar de la mano con la mente subconsciente para borrar memorias. Nosotros decimos que el consciente es la madre y el subconsciente es el niño interior, y es como si le dijera: ¿sabés qué? Esta vez vamos a soltar, elijamos ser felices.

El Supraconsciente es nuestra parte perfecta. Somos seres espirituales, fuimos creados perfectos. El supraconsciente, más allá de cualquier circunstancia, sigue siendo perfecto, no interfiere con las otras dos mentes. Está conectado con todo el universo y siempre está a la espera de las decisiones que tomamos. Es la parte de la mente que está siempre conectada con la divinidad. La inspiración está a la vuelta de la esquina, atrás de cada gracias, atrás de cada te amo. El miedo y la desconfianza son los que nos separan de esa fuente creadora.

¿Realmente podemos manifestar en la vida aquello que deseamos?

Absolutamente. Pero necesitamos varios ingredientes:

La confianza en uno mismo: como dije antes, se empieza con una decisión. Puede que te resulte incómodo o antinatural al principio. El resultado de confiar en uno mismo es que empiezan a suceder cosas impensadas, “mágicas”, y eso despierta la fe.

La fe es el segundo ingrediente. Se trata de creer en la gran fuerza creadora, que reside en cada uno de nosotros, que sabe más que cualquier cosa que puedas llegar a saber. La fe es creer en que esa Fuerza nos sostiene y nos guía.

No tener expectativas es un ingrediente fundamental para manifestar. Es tan simple como volvernos humildes y reconocer que no sabemos qué es correcto para nuestro aprendizaje. Entender eso nos llevará a agradecer cada situación, aun las que no nos gusten, porque detrás de cada problema hay una bendición.

A B C Ho’oponopono

Ho’oponopono podría traducirse como “corregir un error”. “Según esta filosofía, todo lo que aparece en nuestra vida es un pensamiento, una memoria, un programa funcionando, y se presenta para darnos una oportunidad de enmendar el error. El Ho’oponopono es como la tecla de borrar de nuestra computadora.”

Se utilizan palabras muy sencillas que buscan corregir las memorias que dan origen a los eventos. “Decir ‘perdón, lo siento, te amo’ es como presionar la tecla de borrar del teclado en lugar de gritarle al monitor para que borre. Al enunciar estas palabras tomo responsabilidad: ‘lo siento porque hay algo en mí que está creando esto’. Puedo estar diciendo gracias a regañadientes, sin sentirlo realmente o aún con enojo, no importa. Estas palabras son como contraseñas para entrar a otro estado de consciencia”.

No tener expectativas es un ingrediente fundamental para manifestar. Es tan simple como volvernos humildes y reconocer que no sabemos qué es correcto para nuestro aprendizaje.

“Cabe aclarar que cuando hablamos de perdón, la culpabilidad se queda afuera. Se trata de saberse 100% responsables de lo que nos sucede, porque lo único que atraemos a la vida son memorias, programas que se reactivan. La responsabilidad te devuelve el poder, te libera. La culpa, no; le da el poder al otro, dependés de que el otro cambie, de que el otro diga, de que se comporte de tal o cual forma o de que se arrepienta para poder ser feliz. Poner el poder afuera no nos trae paz. Ser 100% responsable es decir ‘yo lo creé, yo lo puedo cambiar’.

¿Cómo aplicamos en el día a día estas herramientas ante los desafíos que estamos viviendo los argentinos?

Siendo 100% responsables. Una de las cosas que creo que puedo decir, porque soy argentina, es que tenemos que empezar a tomar responsabilidad y dejar de quejarnos. Porque, aunque suene a frase hecha, cuando uno cambia, todo cambia. Se nos pasa la vida esperando que cambie el gobierno, que cambien los empresarios, que cambie el vecino. Es la historia de argentina.

¿Qué cambios hicimos nosotros como para pretender que el otro cambie? Si nosotros tenemos actitudes mezquinas, egoístas, poco claras, ¿cómo vamos a pretender cambios a gran escala? ¿No nos dimos cuenta todavía que los que tenemos que cambiar somos nosotros?

Paz interior es paz mundial. Dejemos de esperar que las cosas cambien afuera, es exactamente al revés cómo funcionan las cosas. Cuando vos estés en paz, cuando tu familia esté en paz, cuando tu comunidad esté en paz, el país va a estar en paz.


¡Mabel Katz estará de visita en Argentina! No te pierdas el seminario de Ho’oponopono que brindará el 5 de Junio en Buenos Aires.

Por más información escribí a [email protected]

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2 Comentarios

  • ¡Muchas gracias, de verdad, por publicar siempre artículos tan interesantes y tan útiles que a uno le llegan al alma! Gracias por aportar al aprendizaje de cada uno para el aprendizaje de todos.

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