Los propósitos de año nuevo (que nunca cumplimos)

propositos de año nuevo
La permanente postergación de algunos “deberes” que nos planteamos nos está diciendo algo.

Estamos transitando el primer mes del 2018 y ya estoy pensando en todas las cosas nuevas que quiero probar y experimentar. Causalmente, –porque no creo en las casualidades- justo en enero cumplo los años, por lo tanto no solo se trata del comienzo de año convencional, sino también de un nuevo ciclo de vida por lo que, al menos para mí, esta época del año está llena de trascendencia. No terminó enero que ya tengo en mente todo lo que quiero hacer, pero también todo lo que me quedó en el tintero. Tengo de nuevo en mis manos la lista de los: “Quedará para el año que viene”, “todavía falta mucho”, “lo vamos viendo”, “si dejo transcurrir unos días más no pasa nada”, “después seguimos”, “ya vamos a ver”, entre otras postergaciones de diversa índole.

No importa el formato de la frase, todas dicen lo mismo: son pendientes. Cosas que quedaron sin hacer, cosas que quedaron por decir o resolver “hasta el año que viene”, y resulta que ya estamos en el año que viene, y muchas veces nos pasa –me incluyo- que seguimos sin querer resolver/decidir/hacer ciertas cosas. Pero ¿Por qué?

La permanente postergación de algunos “deberes” que nos planteamos nos está diciendo algo.

Me parece que la permanente postergación de algunos “deberes” que nos planteamos nos está diciendo algo. Y no hablo solamente de grandes cosas que a veces no pudimos conseguir porque el tiempo no alcanzó o no tuvimos los medios para hacerlo. Hablo también de las pequeñas cosas que a veces seguimos trasladando de un año para el otro, pero inexplicablemente volvemos a repetir en la lista de pendientes cada vez. Pueden ser muchas: la dieta para adelgazar, aprender algo nuevo – hablar otro idioma, cocinar, tejer, lo que sea -, salir más, viajar a tal lado, visitar a tal persona, tirarse de un paracaídas, subir una montaña, cambiar de trabajo, hacer nuevos amigos, resolver tal problema –personal, laboral, familiar-, juntarse, casarse, cambiar el auto, cambiar de carrera, mudarse, etc. Cada uno podrá llenar ese etc. de la manera que más le guste, la cuestión es que todas esas cosas llenan nuestra lista de objetivos y tareas, -y nuestros fines de año de frustración cuando no los podemos cumplir-.

Entonces, volviendo al asunto de los propósitos…. ¿Por qué una meta vieja, que vengo pateando hace rato tiene que seguir siendo mi meta de hoy? ¿Por qué algo que me planteé hacer hace como dos años o más –y no hago- tiene que representar un obstáculo a mi alegría cotidiana? ¿Por qué nos obsesionamos con pendientes anteriores? Nunca se me había ocurrido pensar que quizá ya no somos los mismos que “escribimos” en nuestra mente que había que hacer tal o cual cosa en determinado momento. Quizá cambiamos. Quizá nos transformamos y hay algunas cosas que ya no nos llaman tanto la atención o que no tenemos tantas ganas o apuro en realizar. Y esto me lleva a pensar en cuántas cosas hacemos sin ganas, cuantas veces nos dejamos llevar puestos por la inercia, la rutina y lo que se supone que tenemos que hacer, lo que se espera de nosotros. No sé ustedes que están leyendo esto, pero últimamente me parece que a muchos nos sucede bastante seguido.

Entonces creo que lo que hay que hacer es recurrir a la revisión, dejar de lado amablemente ese listado y armar uno nuevo, con lo que nos está pasando ahora, en el tiempo presente, con aquellas cosas que hoy sentimos que queremos lograr o llevar a cabo. Después de este ejercicio estaremos en condiciones de ver si lo demás vale la pena realizarlo justo este año, si realmente son cosas necesarias, o si sinceramente lo queremos dejar para después.

Mi propuesta es que nos conectemos más con lo que nos pasa AHORA, con nuestras emociones actuales, con el ser que somos en este momento.

Mi propuesta es que nos conectemos más con lo que nos pasa AHORA, con nuestras emociones actuales, con el ser que somos en este momento. Entonces así podremos saber si lo que nos proponemos tiene que ver con nosotros mismos o con una serie de imposiciones sociales que no tenemos deseos reales de cumplir. Y si la respuesta es que se trata efectivamente de algo que queremos realizar, tenemos que animarnos a tirar abajo los prejuicios y los miedos, si los hubiere, y jugarnos por ello, para que el ítem en la lista de objetivos deje de ser eso: un “pendiente”.

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Información del Autor

Noelia Garola es Lic. en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, donde además realizó cursos de posgrado en Gestión de emprendimientos culturales y creativos y una Diplomatura en Recursos Humanos, además de capacitaciones y talleres sobre redacción para medios de comunicación digitales. Apasionada del teatro, las letras y la buena cocina, descubrió en el yoga un aliado para el camino de la vida, en la búsqueda de la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Actualmente se desempeña como docente de nivel superior y dicta talleres sobre comunicación corporal, donde pone especial énfasis en la importancia de escucharse a uno mismo y sentir lo que dice el cuerpo. Podes contactarte con ella a través de LinkedIn.