La incertidumbre

incertidumbre
¿Cómo lidiar con la sensación de no tener certezas?

Algunas veces hay cosas que nos generan dudas, miedos e inseguridad, también hay sucesos que sencillamente no tenemos idea que están por ocurrir. Es parte de lo que vivimos día a día, porque cada jornada nos trae sorpresas, en eso pienso que reside la gracia de estar vivo. En este sentido, estoy de acuerdo con quienes afirman que hay que saber disfrutar de lo inesperado, de lo imprevisto, lo no planificado. Lo espontáneo y lo improvisado son partes importantes de la cotidianeidad, porque de lo contrario sería todo muy aburrido, pero hay cosas o situaciones que nos generan una sensación que a veces cuesta manejar y está muy lejos de ser disfrutada: la incertidumbre. En esta semana estuve pensando al respecto y quisiera compartir con los lectores algunas de estas apreciaciones.

Empezaremos por un intento de conceptualizar a la incertidumbre más allá del diccionario. De hecho, sugiero que cada uno la nombre y caracterice como le salga, como quiera. Podemos definir a la misma de diversas formas, de hecho hay distintos tipos: sentimental, laboral, económica, social, entre otras. Básicamente, podemos entenderla como falta de certeza o inseguridad que sentimos y percibimos respecto de diversas situaciones que ocurren en nuestro entorno. Puede ser el trabajo, ya que nunca estamos cien por ciento seguros acerca de la continuidad del mismo, o de la posibilidad real de conservar un empleo. También podemos pensarla desde el punto de vista económico, esto porque a nivel general en nuestro país vivimos en la incertidumbre. Un poco hemos aprendido a convivir con ella en ese aspecto pero nunca deja de sorprendernos. Desde el punto de vista emocional o sentimental sucede lo mismo, especialmente con las relaciones interpersonales. No solo de pareja, sino también con la familia, amigos, compañeros de trabajo o de otras actividades. Es muy difícil saber ciertas cosas de antemano y eso está bien, pero algunas parecen ya irse un poco de las manos y nos producen una sensación de inestabilidad.

Estuve hablando de esto con una amiga que estaba un poco preocupada porque había empezado a tener algo con alguien, y no estaba en condiciones de aceptar la incertidumbre que le generaba el no saber que estaba pensando él, como se sentía, si la iba a llamar o no… ¿Iban a tener algo más? ¿La relación llegaría a ser justamente una relación, iba a crecer lo suficiente para ello o no? ¿Había futuro? No lo sabíamos entonces, no lo sabemos ahora. Y hablando de lo que no sabemos, nos pusimos a hablar del trabajo, y de cuantas veces pensamos en la falta de seguridad que experimentamos en este plano. Si vas a una entrevista ¿Te tomarán? ¿Sera el trabajo que esperabas? ¿Cómo se desenvolverá todo? Y una vez dentro de la empresa o el lugar que sea, ¿Cómo se van a ir dando las cosas? ¿Cuánto duraré? ¿Es este el trabajo que quiero o del cual me voy a jubilar? Si hay posibilidad de un ascenso, ¿me lo darán a mí? Nuevamente, no lo sabemos. Pasa cuando estudiamos para rendir un examen, se presenta la pregunta ¿Cómo me irá? ¿Qué pasara si me va bien, si me va mal? Y si no logro pasar el examen ¿Qué voy a hacer?, ¿Qué pasa si esta no es la carrera para mí? Y así con todo… A veces se presentan situaciones puntuales en las cuales entra en riesgo nuestra fuente de ingresos y la incertidumbre que generan los rumores, de despido por ejemplo, nos genera una angustia especial, lo que no es para menos. Pero existen panoramas inciertos aún más difíciles de llevar, como lo son las enfermedades que a veces padecemos y no sabemos a ciencia cierta cómo va a continuar su proceso, tratamos de ser optimistas y todo, pero nos asalta la duda de qué pasará.

La cuestión es que la incertidumbre está muy presente en lo cotidiano, en lo que nos ocurre cada día, y a veces nos angustiamos ante la imposibilidad de controlar ciertas cosas, porque de hecho es imposible hacer esto. A algunas personas les afecta más que a otras, todo dependerá del carácter y temperamento de cada uno.

Más de una vez me encontré en una situación que no lograba manejar por el hecho de “no saber bien” que iba a suceder, como iban a desenvolverse las cosas, y ese no saber me producía ansiedad. Pero lo cierto es que nunca sabemos exactamente lo que puede llegar a pasar. La incertidumbre es parte de la vida misma, por lo tanto tenemos que tratar de manejarla lo mejor posible, y en el camino aprender también a aceptarla. En este punto, ayuda mucho conectarse con el presente, con el ahora, con este momento, para despejar las dudas respecto del futuro.

Quizá sea un temor a perder el control, una resistencia que tenemos contra esto, quizá nos cuesta dejarnos llevar y pensamos que si tenemos toda la información y el conocimiento, todo estará bien en nuestro mundo. Pero a veces la vida nos obliga a enfrentarnos a ciertas cosas con el fin de lograr algunos aprendizajes, y nos pone a prueba todo el tiempo. Cuanto más pidas seguridad y certeza, más te vas a alejar de lo real… y de la aceptación. Pero bueno, el tema con la aceptación es que cuesta, generalmente optamos por desarrollar diversos mecanismos de defensa frente a situaciones que nos caen mal, y la primera de ellas dicen que es la negación. Cuando pasamos a la siguiente fase, quizá entramos en un período de lucha interna, hasta que vemos que no podemos cambiar nada, no podemos hacer absolutamente nada, entonces entramos en el camino de la aceptación. Últimamente me he propuesto ir cada vez más rápido hacia ese camino cuando veo que las cosas no pueden ser de otra forma. Es que a veces las cosas no salen como uno quiere y hay que trabajar esa frustración, y como dice mi amiga: hay que explicarle al niño interno que el ego está herido, pero que no pasa nada y seguir. Seguir porque la vida es así, porque no todo es como uno espera o quiere, y quizá haya algo todavía mejor esperándonos, detrás de eso que queríamos tener sí o sí.

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Información del Autor

Noelia Garola es Lic. en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, donde además realizó cursos de posgrado en Gestión de emprendimientos culturales y creativos y una Diplomatura en Recursos Humanos, además de capacitaciones y talleres sobre redacción para medios de comunicación digitales. Apasionada del teatro, las letras y la buena cocina, descubrió en el yoga un aliado para el camino de la vida, en la búsqueda de la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Actualmente se desempeña como docente de nivel superior y dicta talleres sobre comunicación corporal, donde pone especial énfasis en la importancia de escucharse a uno mismo y sentir lo que dice el cuerpo. Podes contactarte con ella a través de LinkedIn.