La importancia de expresarnos

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Expresarnos es vital, aunque no siempre logramos hacerlo de la manera apropiada.

En el último tiempo estuve incursionando en diversas formas de expresión humana, y digo humana porque la expresión artística no es la única que existe. Hay muchas cosas que queremos decir o transmitir como sujetos que somos, que es fundamental decirlas porque de lo contrario terminan haciéndonos daño.

Pensemos todas las veces que no decimos algo, ya sea porque tememos lo que pueda suceder o cómo vamos a quedar, o bien porque no sabemos si sea tan buena idea contarle al otro lo que nos pasa o como nos sentimos respecto de algún asunto. Ese asunto puede ser una actitud que tuvo el otro para con nosotros, o bien algo que nos está pasando pero no terminamos de saber qué es. A veces no logramos ponerle nombre a las sensaciones y las cosas que sentimos, pero algo nos ocurre, algo en nuestro interior nos lleva a percibir el mundo y vivir la vida de cierta manera.

Hay muchas cosas que queremos decir o transmitir como sujetos que somos, que es fundamental decirlas porque de lo contrario terminan haciéndonos daño.

El punto es que últimamente pienso cada vez más en lo desconectados que estamos respecto de los otros, pero también de nosotros mismos y lo que nos pasa a diario. Sentimos una presión en el pecho o en la garganta y no sabemos cómo llamarlo, hasta que se acerca alguien y nos dice: “Eso se llama angustia”.

Siempre me acuerdo de la mamá de una amiga, que estaba pasando por una etapa de duelo por el fallecimiento de su madre y tenía problemas para dormir. Pero lo que más la aquejaba era una sensación rara, “algo en el pecho”, sumado a una molestia que no le permitía tragar nada, así que tampoco comía y casi no tomaba agua. Ella no sabía cómo llamarlo, pero la hacía sentir muy mal. Así que fue al médico, quien le receto algo para que tome… pero no se le paso. Seguía mal. Hasta que finalmente cambió de médico, y este le dijo: “Señora, lo que usted tiene se llama angustia”. Ahí comprendió todo. La angustia es una sensación que muchas veces se presenta cuando estamos atravesando una etapa difícil de nuestras vidas o un mal momento, como por ejemplo el fallecimiento de un ser querido. También puede presentarse por otras razones, la cuestión es saber identificar la sensación, el sentimiento que está detrás y analizar el porqué de lo que nos pasa, solo entonces podremos salir de eso.

Personalmente, me toco atravesar una enfermedad muy fea hace unos años atrás, que me hizo revisar y repensar muchas cosas. En ese entonces mi afección se estaba llevando consigo mi capacidad de ver, me estaba quedando ciega. En un momento dado del tratamiento la doctora que me atendía me dijo que no podía prometerme una mejoría o una recuperación del cien por ciento, que quizá no iba a poder volver a ver igual que antes. Esto me genero mucha bronca, angustia, impotencia, enojo, rabia… un montón de cosas que en ese preciso momento no estaba preparada para asumir, y la noticia que me dio no era lo que quería escuchar. Volví a mi casa mal, triste, frustrada…a la media hora empecé a sentir un ardor muy fuerte en el estómago. Cualquiera podría decir que ese dolor era porque estaba tomando miles de pastillas, pero estoy segura que era por otra cosa.

Esto me recuerda un libro que aborda las causas emocionales de las enfermedades, es muy interesante de hecho analizar el por qué nos duele la garganta cuando queremos decir algo pero no nos sale, o la boca del estómago cuando efectivamente no podemos digerir las cosas que nos están pasando. De más está decir, que la clave para recuperarme fue el cambio de actitud, yo me propuse que iba a mejorar… y le puse todo de mí para seguir el tratamiento a rajatabla y tratar de no pensar lo peor, ser optimista. En estos casos es muy importante la actitud. De más está contar que finalmente recupere mi visión en un 80% y luego de finalizado el tratamiento, el cuerpo siguió haciendo su proceso y llegue a recuperar un 99% de la visión. Esto es mucho para alguien que ya no podía atarse los cordones, cortar la comida o completar un formulario con su nombre.

Pero no nos vayamos del tema… me quedo con esto: Es muy importante verbalizar lo que nos pasa, es muy importante poner en palabras lo que sentimos, porque es el primer paso a empezar a lidiar con las emociones, con las cosas negativas, con lo que tenemos adentro y que nos hace mal. Porque si no lo hacemos y nos tragamos todo, nos enfermamos. Y la vida es demasiado corta para pasarla enfermos y angustiados.

Es muy importante verbalizar lo que nos pasa, es muy importante poner en palabras lo que sentimos, porque es el primer paso a empezar a lidiar con las emociones.

También está bueno escucharse más y prestar atención a cómo está nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra respiración. Detenerse a mirarse por dentro, repensar los pensamientos, nombrar las emociones, percibir las sensaciones que tenemos.

Entonces, propongo que nos tomemos un momento para decir lo que sentimos a quien corresponde. Digamos cómo estamos, qué nos pasa, tanto aquello que nos molesta como lo que sí nos gusta y nos hace felices. Compartamos lo que nos sucede, lo bueno y lo malo. Que los demás no son adivinos y no tienen por qué serlos tampoco. Démonos la oportunidad de sincerarnos con los otros, pero sobre todo, con nosotros mismos.

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Información del Autor

Noelia Garola es Lic. en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, donde además realizó cursos de posgrado en Gestión de emprendimientos culturales y creativos y una Diplomatura en Recursos Humanos, además de capacitaciones y talleres sobre redacción para medios de comunicación digitales. Apasionada del teatro, las letras y la buena cocina, descubrió en el yoga un aliado para el camino de la vida, en la búsqueda de la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Actualmente se desempeña como docente de nivel superior y dicta talleres sobre comunicación corporal, donde pone especial énfasis en la importancia de escucharse a uno mismo y sentir lo que dice el cuerpo. Podes contactarte con ella a través de LinkedIn.