La Grande Bellezza

la grande belleza
Nada de esta película te puede dejar indiferente. Una mirada sobre La Grande Bellezza.

Yo no sé si es porque mi abuela nació en Italia y la sangre tira, si por la exquisita fotografía o por algún mensaje oculto que no logro poner en palabras, pero cada tanto necesito volver a ver esta película. Sí, necesito hacerlo. Algo no comprendí, quedó inconcluso y creo que, quizá, si la vuelvo a ver, lo comprendo, aunque nunca pasa. O no pasa del todo.

Conocemos al protagonista en una escena que transcurre en una fiesta multitudinaria, es su cumpleaños número 65. Música a todo volumen. Mujeres bailando arriba de los parlantes (¿eso se sigue haciendo?). Tragos y drogas varias. Gente, mucha gente, gesticulando, gritando, aturdidos. De repente, una coreografía de la típica canción del verano con la que nos taladran religiosamente todos los años. Y acá, en los primeros minutos de más de dos horas de filmación, me termina de atrapar y me mantiene con la boca abierta hasta el final. Jep Gambardella se sale de la ‘córeo del momento’ –que empieza a transcurrir en cámara lenta- mira directo a la cámara, se prende un pucho (no sé cómo se dirá pucho en italiano, pero acá la palabra ‘cigarrillo’ no encaja) y reflexiona: “Cuando eran jóvenes, a la siguiente pregunta mis amigos respondían siempre lo mismo: las mujeres. En cambio yo respondía otra cosa: el olor de las casas de los viejos. La pregunta era: realmente ¿qué es lo que te gusta más en la vida?”

Listo, Jep, tenés mi atención.

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La escena que les comenté arriba.

 

El valor del tiempo

Jep me lleva 30 años, así que lo debe sentir más intensamente o con mayor claridad. Sin embargo, empiezo a sentir, al igual que él, que no tengo tiempo para perder haciendo cosas que no quiero hacer, por cortesía o por no saber decir esa palabra tan pero tan sagrada: no. ‘NO’ como un regulador o ‘NO y punto’, cada una en su justo momento.

A esta altura, creo que no hay apuesta más valiosa que la de atreverse a ser uno mismo. A pronunciarse con rotunda honestidad. Atreverse a ‘hacer’ uno mismo -si me permiten- porque cada acto, por insignificante que parezca lleva nuestra firma. No interpreten a esta apuesta simplemente como un acto liberador -que lo es-; más bien quiero decir que se trata de un descubrir(se) y de un construir(se). En ese orden. Creo que siempre estamos ‘en obra’, eso me parece tan fascinante.

La autenticidad requiere coraje porque enfrentarse al cuco de la exclusión, que, me arriesgo a decir, es un miedo celular, no es cualquier cosa. Y más cuando hay tanta gente diciéndote todo el tiempo lo que deberías hacer. El riesgo de confundirse es alto. Estoy llevando la cuenta: casi todos los días alguien me dice cómo debería haber procedido o cómo debería proceder. Qué geniales somos dando consejos a personas de cuya vida y de cuya historia sabemos poco y nada. Asombroso.

La gran belleza

Supongo que para cada cual es algo diferente. La gran belleza, para mí, es pequeña. La encuentro en gestos, lugares o cosas abrumadoramente simples. Un pan recién horneado, una minúscula flor, ver a alguien intentando mejorar (el súmmum), un pequeño detalle de generosidad genuina, el olor de mi perro y la manera en que mueve la cola al verme entrar a casa. Para mí es la gloria.

la grande belleza
¡Esa mirada!

Coincido con Jep cuando dice que lo bello –o la mirada que lo percibe- puede quedar sepultado bajo la ruidosa charlatanería del mundo. Debajo del bla bla bla bla bla que ensordece y opaca el resplandor de la vida.

Si a algo me invita esta película es a rescatar, cada día, un pedacito de belleza. Y a honrarla, porque de eso estamos hechos.

Me gustaría saber: vos, ¿dónde encontrás belleza?


Ahora, algunos datos objetivos:

La Grande Belleza es una película italiana de 2013 co-escrita y dirigida por Paolo Sorrentino.

Toni Servillo es Jep Gambardella.

Ganó el Oscar a mejor película extranjera y el Globo de Oro en la misma categoría (entre otros premios).

La música -¡atinadísima! (¡uy! se me escapó un dato subjetivo)- es de Lele Marchitelli.

 

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Información del Autor

Profesora de Yoga. Emprendedora y entusiasta. Con gran inclinación al estudio integral del ser humano. Lalita cree en el poder transformador que todos llevamos dentro, en los proyectos con corazón y en una vida plena y coherente. Su misión, transmitirlo.