Un film para reflexionar sobre el poder de lo infinitamente pequeño

la fuente de las mujeres

«No tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Aunque venga a mí en condiciones lamentables.
Permaneceré intocable en mi casa.
Con mi más sutil seda azafranada.
Y haré que me desee. No me entregaré.
Y si él me obliga, seré tan fría como el hielo y no me moveré.
No levantaré mis zapatillas hacia el techo.
Ni me agacharé sobre mis cuatro extremidades, como la leona de la escultura.
Y si mantengo este juramento permitidme beber de esta copa.
Sino que mi propia copa se llene con agua.»

(Juramento de la rebelión de las mujeres. «Lisístrata». Aristófenes. 411 a. c.)

“La fuente de las mujeres” (2.011) narra un evento que ocurre en un pequeño pueblo de oriente medio en el que las mujeres eran casi invisibles. Desapercibidas, formaban parte del áspero paisaje, sin voto y con la voz cortada, la garganta seca de polvo. Sirviendo con la cabeza gacha, resignadas a una vida de callado sufrimiento.

la fuente de las mujeres

La tradición de este pueblo indica que las mujeres son las encargadas de proveer a sus hogares de agua, para lo cual tienen que recorrer, dia tras día, grandes distancias a pie, hasta llegar a la única fuente de agua de la que bebe el pueblo. Bajo el sol ardiente, cargadas con litros de agua en sus espaladas, las mujeres se lastiman, se hartan, mueren, y ellos parecen no enterarse o prefieren hacerse los desentendidos.

Este film del director rumano Radu Mihăileanu bebe de la fuente del mito de “Lisístrata” de Aristófenes y vuelve actual el recurso aplicado entonces para conseguir la paz: las mujeres de esta anacrónica aldea, impulsadas por la protagonista del film (Leila, la única del lugar que sabe leer y escribir), le cierran a sus maridos la canilla del sexo. La huelga de sexo, tímida al comienzo, acaba por imponerse y el del agua, por primera vez, se vuelve un asunto popular.

la fuente de las mujeres

Si bien la trama de la película es dramática, oxigena su ritmo y tesitura gracias a coloridas pinceladas de humor y a escenas de interesante fotografía que nos sitúan de inmediato en el lugar. El reparto, esmerado, se percibe natural y espontáneo y, en muchos casos es fácil empatizar con sus personajes.

Te recomendamos que veas La fuente de las mujeres que, aunque con un final algo azucarado y naif, nos llama la atención sobre las diferencias de género que aún existen, y al extremo, en muchos lugares del mundo. Y nos lleva a replantearnos sobre el poder femenino y la fuerza de lo infinitamente pequeño.

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