Redescubrir la felicidad en las pequeñas cosas

pequeñas cosas
¿Por qué nos frustramos?, ¿por qué si sale algo mal en el trabajo o rendimos mal un examen nos bloqueamos y nos centramos en la queja y el malestar? ¿Por qué si no nos va bien en la carrera que elegimos nos sentimos vacíos?

Tenía una fecha de entrega sobre mi cabeza y no sabía sobre qué escribir. Me había quedado sin inspiración, sin tema. Estaba pensando y pensando y no se me ocurría ninguno. Sumado a esto había pasado un fin de semana terrible, venía acumulando mucho estrés y finalmente mi cuerpo pasó factura así que me la pase prácticamente en cama con un malestar, que además me ponía de mal humor.

Le daba vueltas al asunto pero llegado el momento me senté a escribir y no me salió nada. Ya estaba mejor de salud, así que decidí salir a dar una vuelta, para despejar la mente.

Había entrado en un proceso de reflexión personal, de introspección. Siempre nos la pasamos buscando a la felicidad. Podemos encontrar su definición en el diccionario, hablar con amigos o familiares, preguntarle al vecino, nosotros mismos tenemos una leve idea de lo que la felicidad significa. Ahí estamos buscando alcanzarla, haciendo esto o aquello para lograrlo. A veces nos planteamos metas o “cosas por hacer” este año o el año que viene y así. Y llega fin de año, tiempo de balances, y cuando no hemos logrado tal o cual objetivo nos sentimos mal, nos frustramos, como si con el año que finaliza se fuera a acabar el mundo, y nuestro pequeño mundo empieza a colapsar. Porque no llegamos, porque no pudimos.

Ahí estaba yo, cuestionando otra vez mi existencia, cuando pensé en algo que conversamos brevemente con mi instructora de yoga a la salida de la clase el viernes: a veces queremos lograr resultados inmediatos, y eso no es así, hay que tener paciencia, “Sobre todo cuando queremos desterrar hábitos que tenemos hace años”, dijo ella. Entonces la necesidad de la celeridad en los procesos, la inmediatez, nos lleva puestos, nos gana. Porque estamos en la sociedad del “todo tiene que ser ahora”, porque el presente es lo único que cuenta. Pero creo que estamos malinterpretando el concepto. El presente importa, sí, pero no en un sentido de “salgamos corriendo a hacer todo lo que podamos, resolvamos en un mes lo que no resolvimos en años”. El presente es un regalo, hay que vivirlo, conectarse con él desde un lugar de apertura y disfrute, no desde la exigencia.

Entonces seguí con mi pensamiento y fui un poco más allá: ¿Por qué a veces nos frustramos?, ¿por qué si sale algo mal en el trabajo o rendimos mal un examen nos bloqueamos y nos centramos en la queja y el malestar? ¿Por qué si no nos va bien en la carrera, profesión u ocupación que elegimos nos sentimos vacíos?

Recordé una “problemática”, por llamarlo así, que existe más que todo en el plano laboral: esto de la satisfacción profesional, el éxito, la ambición y tantas otras cosas por el estilo. Recordé también algunos ejemplos de allegados que, si bien no son cien por ciento felices o no están del todo conformes con el trabajo que les permite sobrevivir, realizan otras actividades que los hace crecer, ser creativos, descubrir nuevas experiencias y sensaciones, aprender cosas nuevas, sentirse bien consigo mismos pero también con los demás. Incluso me pensé a mí misma dejando que el estrés y la auto exigencia me lleven puesta no una sino cien veces, perdiendo de vista otros aspectos de mi vida, dejando de lado cosas maravillosas que también me llenan.

La cuestión final es el cambio de perspectiva. Llegue a una conclusión personal importante: La felicidad está en las pequeñas cosas.

La cuestión final es el cambio de perspectiva. Llegue a una conclusión personal importante: La felicidad está en las pequeñas cosas. Pero de verdad, en las pequeñas cosas. Porque esto parece frase sacada de algún libro que leí o que leímos todos y nos inspiró. Ahora puedo afirmarlo con certeza, y sentir lo que digo, creerlo profundamente, y lo más importante de todo: aplicarlo, que es lo más difícil, claro está.

Más allá del trabajo, el estudio, el hogar, la rutina que nos consume, hay tantas otras cosas bellas por contemplar o experiencias que nos hacen sentir vivos… Tal vez no tengas el trabajo que más te gusta, tal vez no puedas comprar/tener/conseguir todas las cosas materiales que quieras, o no llegues a viajar/conocer todo lo que te gustaría, o cuantas otras cosas que por ahí sentís que no tenes. Pero hay otras que sí están ahí y te están esperando.

La felicidad está ahí. Está en este momento, en este poder escribir esta nota sobre lo que me interesa compartir, -que además es algo que me encanta y me apasiona-, en una revista donde quizá alguien lea esto y le sirva para pensar en su vida, y en por qué tiene que bajar un cambio y disfrutar más. La felicidad está en las personas que nos rodean: en la sonrisa de los hijos/sobrinos/nietos, en los momentos compartidos con amigos, en el abrazo de tu pareja; está en la comida del domingo, en el rayo de sol que entra por la ventana, el arcoíris que sale después de la lluvia, una caminata por el bosque, los mates de la mañana, el olor de un libro nuevo que empezamos a leer, la tarde de picnic en Playa Bonita, el cielo estrellado de una noche de verano, el olor a pasto recién cortado, la sensación de la arena fina entre los pies cuando entras al mar. Y tantas otras cosas más…

Finalmente, de la mano de la práctica que cerramos el viernes en yoga, pensé: La felicidad está también en los pequeños logros cotidianos, que nos recuerdan que en la vida hay que ser paciente y perseverante.

Participá de la Comunidad Ahora

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


5 Comentarios

  • Muy linda reflexión Noelia. Bariloche nos regala muchos de esos momentos, inspirados por la belleza que nos rodea.
    Yo también encuentro momentos de plenitud al observarme y entender: esta es la vida que elijo. Aunque a veces no se vea tan claramente…

    Abrazo!

    • Muchas veces pienso lo privilegiados que somos al vivir en un lugar así, es un plus. Me quedo con esto que decis: “encuentro momentos de plenitud al observarme y entender: esta es la vida que elijo”, porque me parece que es así, y si no estamos para nada conformes con esa vida, pues ha llegado el momento de cambiarla. Abrazos!

  • Gracias…..mil.. gracias… por ponerlo en estas palabras tan sentidas… cuando empezar a ver todo eso realmente de los feliz que me hacía levantarme y ver un día lleno de luz un nuevo día compartir unos matecitos… plantar mis plantitas…fue después de transitar un estado de pánico.. . Re fuerte… más fuertes que otras veces.. ya me habían dado estando embarazada de mi primer hijito..diagnosticada con trastorno de ansiedad elevado derivado en pánico.. . Hoy… tengo más herramientas…. y me toca ayudar a mi mamá que le está pasando lo mismo….. gracias.. por tu nota…. se la voy a compartir a mamá.. … y yo se que el tiempo que ella necesite…. este dolor de ira….. hoy gracias por recordarmelo … Susan a gallego vera

    • Gracias por tus palabras! Me alegra muchísimo saber que esta nota te haya llegado, te invito a compartirla con quienes consideres que les haga bien leerla. Ese es en definitiva el fin de todo esto. Abrazo grande!

  • A veces me exijo demasiado y me enojo conmigo misma al no alcanzar mis expectativas olvidándome de pensar en mis logros y relajarme.
    Por suerte puedo estudiar algo que me encanta (¡¡y me va re bien!!) y hacer las cosas que me gustan. Debería pensar mas seguido en eso y en lo feliz que me hace sentir.
    Muy lindo para reflexionar y tener en cuenta -las pequeñas cosas- que nos rodean y vivimos día a día.

Suscribite a Revista Ahora

¿Te gustaría recibir artículos como este en tu e-mail? Sé parte de la Comunidad Ahora, gratis!






Información del Autor

Noelia Garola es Lic. en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, donde además realizó cursos de posgrado en Gestión de emprendimientos culturales y creativos y una Diplomatura en Recursos Humanos, además de capacitaciones y talleres sobre redacción para medios de comunicación digitales. Apasionada del teatro, las letras y la buena cocina, descubrió en el yoga un aliado para el camino de la vida, en la búsqueda de la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Actualmente se desempeña como docente de nivel superior y dicta talleres sobre comunicación corporal, donde pone especial énfasis en la importancia de escucharse a uno mismo y sentir lo que dice el cuerpo. Podes contactarte con ella a través de LinkedIn.