Julio Bevione: “el miedo, una mentira que creemos verdad”

Julio cree que el mundo es un gran espejo que refleja únicamente lo que llevamos dentro. Veremos el cielo si estamos en paz con nosotros mismos. Por otro lado, veremos caos si es eso lo que reina interiormente. Elegir de qué manera queremos vivir es, para él, la elección más importante.

Nació en Villa Santa Rosa, Córdoba, Argentina, y hoy reside en Nueva York. Desde muy joven, Julio, percibió claramente su deseo de comprender el comportamiento humano, entender qué es la felicidad y  encontrar el sendero hacia la paz interior. Y hacia allí orientó sus pasos.

Julio Bevione es un gran comunicador. Transmitiendo sus ideas se desenvuelve con total naturalidad, generosidad, simpleza y sentido del humor. Su mensaje trasciende cualquier rito, religión o filosofía, buscando que cada ser humano descubra el camino que le es propio y lo transite con plenitud.

Es autor de diez libros, brinda conferencias en muchas ciudades del mundo y también talleres y retiros.

En Revista Ahora quisimos conocerlo más de cerca… con ustedes Julio Bevione.

¿Qué palabras asociás a las siguientes premisas?

  • Un aroma: a madera.
  • La felicidad: la razón de vivir.
  • Un libro: ninguno en particular.
  • Una virtud: la constancia.
  • El miedo: una mentira que creemos verdad.

Julio, decís que cada ser humano vino al mundo con una misión, para hacer “algo”. ¿Para qué creés que Julio Bevione vino al mundo y cómo lo fuiste descubriendo?

Vine, entre varias cosas, a hacer lo que hago. Facilitar que podamos comprender las cuestiones de la vida que nos resultan complejas. Lo descrubrí porque hacerlo me hace feliz, y al hacerlo pude ver que podía servir a otros. Y todo fue tomando forma.

¿Qué te llevo a radicarte en Estados Unidos? ¿Qué experiencias te aportó vivir allí?

Desde niño tuve la sensación que el mundo era no solo mas grande, también más variado en posibilidades de las que podía ver en ese momento, cuando no había televisión por cable ni internet. Y viví en constante búsqueda de viajar. Lo hice por primera vez antes de los 20 años, y a los 24 decidí radicarme en otro lugar. Estados Unidos ocurrió, fui y me quedé, pero no fue pensado con ninguna estrategia. Quería vivir la experiencia de otra cultura y se presentó esa posibilidad.

¿Cuándo y cómo comenzaste a transitar tu camino de búsqueda interior? ¿Qué te llevó a dedicarte a transmitir estas ideas?

Mi camino comenzó conscientemente a los 13 años, cuando vi que mi curiosidad tenía respuestas, en libros o grupos que hablaban de los temas internos del ser humano. A los 28 decidí formar grupos como una manera de servir y a los 33 me dediqué completamente a esta tarea, en todo mi tiempo y formas. Lo hice porque siento que es lo que tengo para dar. Es lo que mi alma eligió porque soy feliz al hacerlo, pero no lo he cuestionado más allá de eso. Lo hago…y todos recibimos algo.

¿Qué significa vivir en el cielo o en el infierno?

Vivir en paz o vivir en caos, más allá de las circunstancias externas. Quizás esa sea mi misión, que puedas encontrar tu paraíso allí donde antes veías el caos. Y que el caos, si realmente existe, sea una oportunidad para aprender y servir a otros.

¿Te apoyás en alguna práctica o técnica para mantenerte en armonía?

Estoy muy consciente de revisarme constantemente, es un hábito diario, cada varias horas me detengo y me reviso.

Observo cómo me siento, dónde está mi pensamiento. Y uso la respiración cuando siento que no puedo elegir algo diferente.

Decís que las preguntas muchas veces son más valiosas que las respuestas. ¿Por qué? ¿Cuáles son las preguntas que no podemos dejar de hacernos?

Porque las preguntas abren puertas, pero solo pasas por ellas con la respuesta. La respuesta te lleva a la acción.

Hay una pregunta básica, estratégica y definitiva cuya respuesta puede transformar mi vida. ¿Soy feliz?

¿Por qué creés que encontramos tantos escollos a la hora de relacionarnos? ¿Cómo superarlos?

Porque tratamos de buscar en los demás lo que nos falta darnos a nosotros, y así vamos cayendo en las trampas del ego.

Deberíamos ocuparnos de la única parte de la relación que podemos transformar: nosotros.

¿Qué es lo que más te gratifica de tu trabajo?

Sentirme útil, cuando alguien me dice “ahora lo veo”, o “ahora lo entiendo”… estas respuestas me confirman que pude aportar algo. Pero no trabajo para esas respuestas, porque puede que alguien lo vea y nunca lo sepa, o nunca lo vea porque no lo quiere ver, y no necesariamente porque yo no haya hecho mi parte.

¿Cómo ves a los jóvenes en relación con esta búsqueda interior?

La juventud, como tal, abarca demasiada gente y muchas culturas, pero en general, las nuevas generaciones están más alertas al dolor, al miedo y a lo que les hace felices. Así es que pueden corregir en menor tiempo algunas cuestiones que a nosotros nos llevaron años.

¿Querés saber más de Julio Bevione?

¡Visitá su sitio web haciendo click AQUÍ!

 

 

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