Feng Shui: “La forma de una casa nos describe y a la vez nos moldea”

Gerardo Pereiro
¿Cuánto y cómo nos afecta el ambiente en el que vivimos? ¿Cómo podemos transformarlo para optimizar el flujo de la energía? Una profunda entrevista a Gerardo Pereiro sobre Feng Shui.

Gerardo Pereiro no siempre es el mismo. Se lo puede percibir silencioso y callado, pero, él mismo lo dijo, puede explayarse cuando un tema le apasiona o lo provoca. Este es el caso. Tuvimos la feliz oportunidad de consultarle sobre una de las disciplinas que más ha estudiado: el Feng Shui.

Su recorrido por el arte del Feng Shui es extenso. A los 18 años comenzó a leer el I Ching y a indagar en la cosmovisión de los trigramas y hexagramas, en la influencia del tao, de la armonía en el equilibrio de los complementos. Ya entonces tenía la necesidad intuitiva de llevar esa visión a su propia vida. En aquella época estudiaba bellas artes y sentía que la forma y el contenido o la idea son indivisibles.

Varios años después llegó el feng shui como necesidad de armonizar su casa o su vida. De la mano de esa necesidad el alumno encontró al maestro que los formó a él y a su mujer.

Gerardo se describe a sí mismo como un observador contemplativo y buen escuchante, oscilante entre la rebeldía y la revelación. “Me interesa el sentido, comprenderlo o crearlo. Si tuviera que definirme lo haría por mi propósito -logrado o no-: ayudar a ver más allá de lo ilusorio, superar la percepción engañosa o ilusoria que tenemos, colaborar para recuperar la intuición original, la imaginación, la visión poética y creadora. Creo en el poder que nos da sentir y pensar por nosotros mismos en lo individual y en lo comunitario. Proponer y llevar adelante nuestras genuinas, y por lo tanto las mejores, intenciones”.

Él siente que a través del Feng Sui es posible crear condiciones armónicas y propicias íntimas, un mundo propio. Lo ve como el camino para “estar como quiero estar, y estar donde quiero estar, uniendo la espiritualidad con en el mundo cotidiano, con el propio templo”.


Vivimos en la era de la comunicación, donde la información, así como la desinformación, es moneda corriente. Antes de hablar en profundidad del Feng Shui, aclaremos algo: ¿qué no es el Feng Shui?

El engaño, el miedo, la superstición.

¿Qué significan las palabras ‘Feng Shui’ y cuál es su simbología?

Feng shui se traduce como viento y agua. Describe a las dos fuerzas de la naturaleza que afectan el movimiento del Chi o energía: el viento dispersa el Chi, mientras que el agua lo acumula. Ambas son necesarias para renovar y proteger la vitalidad evitando que se estanque o que se disperse.

¿Cuál es la esencia del Feng Shui? ¿En qué cultura nace?

La esencia del feng shui es el Chi o energía vital. La armonía personal, la de una casa y la del entorno se basa en el fluir equilibrado del Chi.

La esencia del feng shui es el Chi o energía vital.

El origen de la técnica es inmemorial aunque su aspecto formal se remonta a las primeras dinastías chinas. Es un saber ancestral y a la vez una técnica de nobles y emperadores. Su aspecto ancestral es intuitivo, basado en la percepción de las condiciones ambientales o del paisaje. Su aspecto más sofisticado es filosófico, basado en el Tao, el Budismo y el confucionismo. El I Ching es el libro que condensa esa filosofía y su aspecto formal, su geometría es el Bagua, con sus 8 trigramas. Un gráfico octogonal que describe un orden o cosmovisión dividido en 8 áreas o aspectos con múltiples dimensiones de significado. Ese orden puede aplicarse a la totalidad y proporcionalmente a la parte. Una casa será entonces, en escala, una reproducción de esa totalidad macro.

¿En qué basa el Feng Shui su filosofía?

El I ching o libro de las mutaciones es el texto que da fundamento filosófico al Feng shui, condensando las ideas de taoísmo, y el confucionismo.

El primer Pensamiento del I Ching es la idea de MUTACIÓN, idea de cambio y transición de un estado a otro de manera constante. Tiene en cuenta a los ciclos naturales, la evolución y transitoriedad de la vida, el Tai ch’i, literalmente: la viga principal o maestra. La viga díada, aporta la noción de dualidad, los contrarios, yin y yang; lo firme, lo blando.

La armonía personal, la de una casa y la del entorno se basa en el fluir equilibrado del Chi.

Mediante la mudanza y la transición de esta energía se construye la existencia. Así, la mutación es cíclica: día y noche, verano e invierno. Tal mutación no es absurda, está subordinada a la ley normativa general: Tao, el sentido.

La doctrina acerca de las ideas, con los 8 signos o trigramas, representan imágenes, no tanto de objetos, sino de estados de la mutación. Todo lo que ocurre en lo visible es efecto de una “imagen”, de una idea, situada en lo invisible. Lo ultraterreno – lo terrenal. Lo terrenal es una reproducción a escala de lo ultraterrenal.

Dice el I Ching: “El hombre va formando junto con el cielo, el mundo ultraterreno de las ideas, y con la tierra el mundo corpóreo de la visibilidad. La intención, lo invisible, condiciona lo material y visible, cuando pedimos, creamos nuestra realidad”.  Es decir que el feng shui hace uso de imágenes que evocan lo posible, afirman la intención.

Estas ideas se traducen en la técnica con el uso de los ciclos de los 5 elementos. Cada elemento corresponde a una gama de color, a una familia de formas y a materiales concretos. También el concepto de opuestos complementarios es una clave del equilibrio yin y yang de un espacio. Abierto-cerrado, luz-sombra, recto-curvo, etc.

El feng shui hace uso de imágenes que evocan lo posible, afirman la intención.

Finalmente el Budismo zen aporta a la técnica el arte de la meditación, los mantras y yantras, y ritos e iconografía ceremonial, así como la estética despojada de los monasterios en contrapunto a la imagen más ornamental heredada de los emperadores y a la escritura ideográfica sobre papel de arroz.

¿Por qué es tan efectivo a lo largo del tiempo y en lugares tan distantes?

La cosmovisión trasciende lo circunstancial. Aunque cambien las condiciones geográficas, climáticas o electromagnéticas e incluso socioculturales o históricas, el Chi es el mismo. Respiramos el mismo Chi. Aquella persona que se abre a la intuición encuentra en la filosofía y en la técnica un reflejo y una confirmación de su propia percepción sutil, de aquello que siente más allá de las formas o lo visible. Cuando se permite profundizar se encuentra con un sentido o significado que es acorde a su búsqueda de sentido trascendente o espiritual. Y esto es universal.

Se dice que una persona puede modificar el ambiente. ¿Se da a la inversa? ¿Cuánto nos afecta el entorno en el que vivimos o en el que pasamos mucho tiempo, como por ejemplo lugares de trabajo?

En uno de los trigramas del I ching puede leerse esta sentencia: “Los sagaces van al mar, los sabios a la montaña”. Buscamos condiciones afines porque sabemos que el entorno propicia condiciones, nos nutre.

Además de la tradición cultural aparece un componente geográfico o topológico, es decir de lugar o territorio, que talla la idiosincrasia. El clima, la textura, el paisaje. El hombre asimila su entorno, y es afectado por él. Los antiguos sabían esto. La forma de una casa nos describe y a la vez nos conforma o moldea física, emocional y espiritualmente. Por ello concebían la arquitectura más allá de su sentido funcional, desde su aspecto energético y simbólico. Se elegían los materiales, colores, formas y estructuras partiendo de estos tres aspectos. La funcionalidad era una consecuencia.

Buscamos condiciones afines porque sabemos que el entorno propicia condiciones, nos nutre.

El lugar de trabajo es para la cultura moderna un espacio predominantemente cerrado. Boxes, oficinas, laboratorios, aulas o talleres se definen por la función práctica y pocas veces por el sentido o propósito humano: servicio, creatividad, búsqueda, conocimiento. La forma, su geometría, sus colores, el equilibrio de los opuestos complementarios yin y yang crean las condiciones para acoger al alma. A cada alma en particular, con su naturaleza y espíritu individual. Para eso el feng shui parte del elemento personal de cada ser según el año, hora y estación de su nacimiento. Si es Agua, Metal, Tierra, Fuego o Madera. Y considera tanto su aspecto yin como el yang. Activo-pasivo, fuerte-débil, masculino-femenino, receptivo-creativo. También contempla la etapa de su vida: si está transitando el verano, la primavera, el otoño o el invierno de su existencia terrenal. Y además aprecia y estimula el propósito o sentido individual, familiar y grupal. Según estos datos se conforma el espacio según el feng shui. El espacio se amolda a él y a la vez lo estimula, crea condiciones para la introspección o para la extroversión. Para la productividad y la calma, el desarrollo y la evolución.

¿Qué cosas, sitios o disposiciones entorpecen el flujo de la energía? ¿Este flujo energético se percibe en forma de eventos o situaciones concretas? ¿Podrías ilustrar con un ejemplo?

Son muchas las cuestiones que no propician el buen chi. Para tener en cuenta el emplazamiento de una casa: evitamos los terrenos ubicados en depresiones, o pendientes descendentes, junto a cañadones, porque la vitalidad baja a la par del chi o la energía circundante. Cuando se construye sobre humedales y ríos subterráneos se altera el flujo natural que tiende a ser circular o espiral y la energía se aleja siguiendo el curso del agua. En la altura, cuando la construcción está muy expuesta a los vientos, en zonas sin vegetación, es señal de poca energía en la superficie.

En el diseño de la casa las formas punzantes, las puertas enfrentadas a ventanas, la escalera caracol, los desniveles descendentes, en estos los casos lo perjudicial es que la energía se dispersa. En el uso diario: los objetos acumulados, los materiales sintéticos, la energía de aparatos electrónicos.

Cuando era chico, en mi casa, el sábado por la mañana era el día de limpieza general. Se abrían puertas y ventanas para ventilar mientras mi mamá limpiaba. Se creaba una “corriente de aire”. La intuición me decía que no era el mejor momento para hacer la tarea de la escuela, ni para leer un libro o mirar tele. No era momento para concentración, entonces espontáneamente me ponía en movimiento dentro o fuera de la casa. Esta rutina era productiva porque permitía la renovación de la energía. Ahora, qué pasaría si esto ocurriera todo el tiempo en una casa. La energía se dispersaría y sería muy difícil concentrase, relajarse o descansar.

En términos de diseño cuando la puerta principal está frente a un ventanal la energía entra por la puerta o “boca del chi” y se escapa, entonces las personas se dispersan o pierden voluntad y vitalidad. Es vital que el Chi permanezca en la casa. Cuando hay puertas enfrentadas o pasillos largos la energía se acelera y se convierte en energía dañina o Sha generando ansiedad o nerviosismo. La ley general es que la energía sigue las formas, se mueve según las estructuras y las envolventes de la construcción, por ello en las antiguas construcciones se usaba la curva como unión entre los planos o lados evitando aristas punzantes y permitiendo la continuidad de la forma y del movimiento energético. Con la misma intención se usaban guardas en pisos, paredes y techos; se utilizaba a la geometría a manera de circuitos, para conducir la energía por todo el perímetro de cada dependencia.

La forma de una casa nos describe y a la vez nos conforma o moldea física, emocional y espiritualmente.

¿Puede un mismo lugar resultar benéfico para alguien y no para otro? Si es así, ¿por qué? ¿Se puede armonizar un mismo lugar para que resulte beneficioso para varias personas?

Sí, si entendemos por poco benéfico que no lo promueve o estimula en lo personal. Esto no quiere decir que el feng shui acorde a una persona sea perjudicial o dañino para otra. Feng shui siempre es armonía.

Un ejemplo es el uso de los colores y materiales según el ciclo de los 5 elementos. Una persona cuyo elemento personal es Fuego se nutre con el elemento Madera, esto le da vitalidad y buen ánimo. Mientras que para una persona cuyo elemento es el Metal el Fuego puede no ser productivo si no se lo integra con el Metal agregando Tierra o Agua. Se trata de un ciclo dinámico y continuo de relaciones. Según el ciclo creativo “El fuego produce Tierra y la Tierra contiene el Metal” la Tierra hace de vínculo para evitar que el Fuego derrita el Metal. Une o recompone el ciclo constante de mutación en un sentido productivo.

¿Podemos, mediante las herramientas del Feng Shui, mejorar nuestro estado de salud, nuestras relaciones, nuestra economía?

Sí. Las herramientas del Feng shui operan desde distintos niveles. Desde la forma y desde la intención. Sying, “Forma o aspecto”, es lo subjetivo: qué nos evoca el color y la forma. Cómo correspondemos emocional, intelectual y físicamente a esos estímulos externos. Yi, “Deseo o propósito”, aporta la intención a través de ritos o rituales, curas y prácticas, que incluyen visualización, meditación, mudras y mantras, geometría sagrada entre otras técnicas. Es una manera de activar el “Subconsciente” o de hacer consciente los deseos, intenciones y propósitos. Si bien hacen uso de las formas lo importante es la afirmación del propósito, hacerlo consciente y visible. Manifestarlo de manera simbólica en el espacio.

Si bien el Feng Shui hace uso de las formas, lo importante es la afirmación del propósito, hacerlo consciente y visible.

Cada sector de la casa se corresponde con un área o “gua” del Bagua que tiene un significado material y otro espiritual. Hay un área de la salud: salud física-emocional y armonía espiritual; una de la Riqueza: prosperidad y riqueza espiritual; también de las relaciones, Benefactores: amigos, viajes, ancestros, guías y maestros. También un área de Familia, otra de pareja o Matrimonio que a la vez se refiere a la dualidad. Un área específica para la Creatividad que es a la vez de los hijos y de aquello que gestamos o co-creamos. Un área de Carrera o de la profesión que representa además la Misión, un área de Fama que evoca tanto el ego como el espíritu. En el centro de la casa está el Tai Chi o equilibrio.

La clave es hacer consciente la intención y manifestarla o visualizarla en el entorno privado de la casa. Si la casa es un reflejo de quienes la habitan, también de sus pensamientos y deseos, intenciones y propósitos. Los antiguos entendían el futuro como presente no manifiesto o posible, al imaginarlo lo creaban. Uno de los motivos del auge del feng shui es la virtud de visualizar las afirmaciones de manera positiva y materializarlas en la casa para hacerlas presentes en lo cotidiano.

¿Cuánto tiene en cuenta el Feng Shui al entorno en el que vivimos? 

Lo tiene en cuenta en términos actuales, ecológicos o de sustentabilidad del planeta, y también en el sentido sagrado de respeto o “devocional”. El ciclo de los 5 elementos es un modelo natural inspirado en esa interconexión sustentable y cíclica de la vida. Si falta un elemento el ciclo se interrumpe, es decir que la vida desaparece. Al incorporar el progreso como variable y con ello el consumo, el feng shui como toda filosofía oriental, no se opone, en el sentido de resistencia, porque no tiene una función ideológica o política sino evolutiva personal. Sí, enuncia su llamado de conciencia. Propone con más énfasis aun, prácticas para sustituir tecnologías o tendencias perjudiciales e integrar los cambios evitando daños al medioambiente y a las personas.

¿Se puede conseguir un buen Feng Shui únicamente por medio de la decoración?

Feng shui es un arte, se lo suele definir como el arte de armonizar. Si la decoración está hecha con sensibilidad puede despertar la misma sensibilidad en quien habite o transite un espacio: la sensación de bienestar o armonía que propicia el feng shui, aun cuando el habitante no conozca el sentido filosófico de la técnica. Si esta “decoración” es armonización es feng shui, es decir que debería reverberar para que además se logre el tránsito del bien-estar al bien-sentir y del bien-sentir al Ser. Que la armonía externa se refleje en los pensamientos y sentimientos. Una decoración no tiene por qué recurrir a imágenes chinas, ni religiosas, ni paganas para ser feng shui, pero sí debe incluir sus aspectos armonizadores basados en propiciar el buen Chi, su buen fluir, evitar su dispersión y crear las condiciones para la sensibilización y elevación personal.

Lo único permanente es el cambio. ¿Se aplica también al Feng Shui? ¿Un hogar armonioso hoy puede no serlo mañana? ¿Por qué?

La ley de transitoriedad es una de las nociones del feng shui, dice el I ching o libro de las mutaciones. “Así todo va fluyendo como este río, sin parar, día y noche”: con esta frase alude a la idea de mutación. No se detiene en las cosas singulares sino en el cambio. Esta ley es el sentido del Tao de Lao-Tse: el curso, lo uno en toda multiplicidad.

Sí, un hogar armonioso puede dejar de serlo. Lo mismo pasa con nuestro organismo o con el planeta. Los momentos, las etapas, los ciclos son tránsitos de evolución o mutación. Si no fuera así la casa no sería un reflejo de quienes la habitan. La casa es un organismo vivo, pleno de conciencia (la energía de la gente permanece aun cuando las personas ya no están; también la de las personas que transitan).

La casa es un organismo vivo, pleno de conciencia.

La casa está sometida a las mismas variables, épocas del año, antigüedad, uso, necesidades. También al desarrollo de las personas. Para un niño el color es un estímulo al juego y para el desarrollo de su percepción, para un adolescente una paleta más discreta puede ayudarlo a hacer foco en una vocación o un camino a emprender. Renovarse es vivir.

A la vez el entorno de la casa cambia, cambia el paisaje, y el medioambiente. Finalmente el feng shui contempla los aspectos astrológicos desde la influencia de estrellas que cambian año a año de posición en lo que se conoce como el cuadrado Lo Shu. Se trata de tendencias que sirven de guía y advierten o estimulan ante los desafíos del año.

¿Nos darías alguna sugerencia que podamos poner en práctica ahora mismo para optimizar la energía de los lugares que habitamos?

Puerta ancha y sendero serpenteante para que la energía llegue con suavidad y entre sin dificultad.

Despejar la casa asegurándose una buena circulación por los espacios, no acumular objetos o pertenencias que no se usan. Si las personas no pueden moverse con comodidad tampoco lo hace la energía. Asegurar una buena iluminación natural, ventilación, colores predominantemente claros. Y tener pensamientos claros y definidos.

¿Qué herramientas o hábitos relacionados al Feng Shui aplicás en tu vida diaria?

En general, la intuición para percibir la energía de un lugar. Para elegirlo o para evitarlo. La variedad, la renovación. Vivir con método, aun para transgredirlo.

Feng shui es respeto por uno mismo y por las personas con las que uno transita, es una manera de honrar-se, de agasajar a quien uno es y a quien uno recibe.

En lo particular el color. Hay un mantra budista que dice: “el color es el vacío, el vacío es el color”; sería complejo explicar su sentido literal, pero se refiere a lograr ese estado de vacío, de pleno goce, que anhelamos recuperar de la matriz universal original. El color es vibración, es como la música, es la música para los ojos. También la geometría del Bagua, la fuerza de la intención llevada a la forma y al color; aunque mi casa se desordena hay un orden mayor que la ordena, convirtiéndola en ese templo personal. Feng shui es respeto por uno mismo y por las personas con las que uno transita, es una manera de honrar-se, de agasajar a quien uno es y a quien uno recibe.

¿Cuánto te transformó el Feng Shui?

No sé cuánto me transformó, no lo puedo mensurar. Sí, sé que amplió la dimensión de lo cotidiano, lo revalorizó, le dio un sentido más firme a lo que ya sentía intuitivamente desde muy chico. La energía, las intenciones y la correspondencia directa entre la armonía externa y la interna.


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