El Candombe: Una expresión artística

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¡Movete al ritmo de los tambores! Conversamos con Helena, enamorada del candombe, y nos contagió su pasión por esta 'forma de vida'.

En los últimos tiempos se está viendo un auge interesante de las actividades recreativas vinculadas a lo musical, ya no solo desde la ejecución de los típicos instrumentos como la guitarra o el piano, sino desde una visión de conjunto: grupos que se juntan a improvisar y no solo interpretar una pieza musical, sino también desde el sentir una melodía, transmitirla, generando algo más, una suerte de comunión, con una química, una mística especial. Esto se ve mucho en los grupos de percusión, espectáculo que de por sí termina generando un sinfín de sensaciones en los espectadores, que además logramos muchas veces percibir ese contacto que se produce, esa conexión que se establece entre los músicos.

La percusión en tanto técnica podríamos decir que tiene sus propios efectos, a mí en particular me encanta, me genera algo desde el punto de vista energético que no me generan otras formas musicales. Por esa razón se me ocurrió ahondar en el tema, y abordar particularmente el Candombe. Este estilo musical, por llamarlo de algún modo, es toda una manifestación cultural en sí misma, y tiene un origen histórico interesante.

El Candombe proviene del prefijo Ka y de Ndombe, -que significa nativo o africano- este término pertenece al idioma Kimbundu, de las lenguas bantúes que se hablan en distintas zonas de África del Sur, como por ejemplo el Congo.

Esta danza proviene de los pueblos de esclavos que fueron traídos de África a nuestro continente. Cada uno de estos pueblos tenían su propia forma de vivir, su cultura, danzas, tradiciones, lengua, etc. Esta expresión artística y humana funcionaba para ellos como un escape, como una suerte de cable a tierra, era su forma de sentirse vivos frente a la situación de esclavitud que vivían diariamente. Por esta razón, se dice que el candombe es la expresión cultural más significativa del colectivo afro.

A nivel continental, el candombe se encontraba en América del Sur, específicamente en Uruguay y Argentina. En ambos casos, el estilo musical es un poco diferente, sobre todo por la presencia de distintas influencias. De hecho, el candombe uruguayo fue reconocido como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 2009. La cuestión es que con sus particularidades y matices, en ambos casos se nota la impronta de la percusión con el uso de los tambores, que además tienen diferentes nombres.

Algunas diferencias en los estilos de candombe.

Empezando por el Candombe uruguayo, podemos decir que es el que tiene más visibilidad, ya que está muy difundido. Es esencialmente callejero, solamente instrumental y se toca con tres tambores: chico, repique y piano. Los tambores se tocan de pie, con palos y manos.

Por su lado, el Candombe argentino presenta características propias. Una de las principales es que no solo consiste en sonidos de percusión sino que dicho sonido va acompañado del canto. Estos cantos son en castellano y otras lenguas de origen africano, lo que explica en parte algunos términos del lunfardo. Respecto de los tambores, se toca con dos: llamador o tumba y respondedor o repiqueteador. Se suele utilizar bongó, claves y otros instrumentos. Los tambores se tocan estando sentado y sólo con las manos, lo que permite cantar. Tanto en un estilo como en el otro, se dice que el tamborero hace cantar al tambor, no se golpea al instrumento, sino que “se lo hace hablar”. En este sentido, el mismo se convierte en un vehículo para conectarse con el pasado, para hacer llegar un mensaje al que quiera y esté dispuesto a escucharlo. Estos mensajes cuentan historias, historias de la esclavitud. Es una forma de transmitir lo que paso en esos tiempos y aprender de ello y tomar conciencia.

Más allá de toda la información que se puede encontrar sobre esta manifestación cultural, me pareció interesante abordar el tema desde la perspectiva personal de alguien que realice esta práctica. Hay muchos grupos que se juntan, llevan sus tambores, aprenden a tocar pero también se reúnen a sentirlo, a vivirlo.

Para saber más y profundizar sobre la experiencia del candombe, hablamos con Helena quien empezó hace relativamente poco a desarrollar esta actividad, -aunque después de hacer la entrevista me dé cuenta que la palabra actividad me queda corta-.

Helena tiene 26 años, es profesora de historia y hace aproximadamente un año que asiste a los encuentros de candombe. Cuando le preguntamos por qué empezó, nos dice que arrancó en un grupo, de la mano de unas amigas. Eran pocas personas e iba con la idea de hacer una actividad linda, o en palabras de ella: “Pensé: que bueno, el tamborcito, hippie, buena onda” pero con el tiempo, a medida que se fue metiendo en todo lo que es el candombe, cambio totalmente su percepción. Helena dice: “Hoy en día para mí el Candombe es mi cable a tierra en la semana, si bien me gusta mi trabajo, el único momento en el que pongo mi mente en una cosa que me libera es cuando toco el tambor, y creo que a todos los que tocamos nos pasa más o menos lo mismo. Por lo menos acá en Argentina”.

Haciéndole honor a su profesión, Helena nos cuenta un poco de historia: “A principios del Siglo XX, con la migración de los esclavos de África y el surgimiento de los conventillos de negros, hubo una movida de distintos candombes, el que más conocemos es el uruguayo que lo tocamos en Argentina también, pero hubo candombe de Córdoba, de Buenos Aires, del Litoral, eran formas muy distintas de tocar pero todos con esa raíz negra. La más fuerte y la que más trascendió fue la uruguaya. Cuando fui a Uruguay fue muy zarpado estar en barrios de negros. A esos lugares no los conocemos mucho, no registramos mucho a Uruguay como un lugar donde haya negros, y esos son barrios donde esa tradición sigue. Todos tocan el tambor desde muy chiquitos, pero tocan en serio. No se compara”.

Conversando un poco más con ella, hay algo que queda muy claro en su discurso, y es que la práctica del Candombe es casi sagrada. “Lo que yo vivo es eso. Primero es un ritual, no es como tocar cualquier instrumento, no es como agarrar la guitarra y tocar y listo. Hay siempre un momento previo, donde se prende fuego para afinar los tambores, esto es fundamental. Por ejemplo, yo salgo del trabajo, me voy al taller de candombe y hay todo un momento en que me despego de mi mundo del trabajo, de colectivos y de centro, y nos ponemos alrededor de esa fogata donde se están calentando los tambores para afinarse, y es como templarnos nosotros también, adecuarnos a eso que estamos por hacer”. Además, agrega algo interesante sobre la magia que aporta el grupo: “Es algo re importante que el candombe se toca sí o sí en grupo, por lo menos necesitas tres personas porque son tres tipos distintos de tambores. Uno solo no puede tocar candombe. Un tambor se complementa con el otro, lo que implica que sí o sí tenes que tocar en grupo, eso es re fuerte también. El sentido de compartir, de ir juntos hacia un mismo lado, de coordinar, ponernos de acuerdo, de pelearnos también, (risas) mientras tocas pasan todas esas cosas”.

Cuando le preguntamos acerca de las sensaciones o emociones que despierta este tipo de actividad, nos comparte su visión, muy personal: “Mientras estoy tocando es una intensidad que se vive con mucha adrenalina. Si lo escuchas de afuera es como un mantra, porque cada tambor hace más o menos siempre lo mismo: el chico hace siempre lo mismo, el piano que es el más gordo y que puede variar un poco, pero siempre hace lo mismo, es la base; y el repique que es el que más juega, pero dentro de todo es un sonido un poco repetitivo, entonces si lo escuchas de afuera pareciera que es un mantra. Pero cuando estas tocando te das cuenta que cada golpe que das en ese tambor es una cosa diferente a lo que acabas de hacer, cada vez que tocas es diferente, no hay dos toques iguales”.

Cuando le preguntamos en qué sentido cambió tanto su percepción, ya que al comienzo pensaba que era solo una actividad linda, Helena se ríe. Esboza una explicación: “Esto es especial porque primero los uruguayos tienen un tema con que tenes que tocar bien, si no, no podes tocar digamos. Y además todo esto que cuando agarras un tambor lo agarras con mucho respeto porque sabes que viene de… ese toque que estás haciendo se transmitió desde más de un siglo por esclavos negros. Entonces se siente cierta mística, que es como que le tenes que tener respeto”. En pocas palabras, hay una diferencia entre tocar y golpear, en el toque está ese respeto, esa consideración, ese cuidado especial y también ese sentir particular. Porque como muchos “candomberos” afirman, el Candombe no es solo una música, es una forma de vida.

Un documental interesante para ver:

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Información del Autor

Noelia Garola es Lic. en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, donde además realizó cursos de posgrado en Gestión de emprendimientos culturales y creativos y una Diplomatura en Recursos Humanos, además de capacitaciones y talleres sobre redacción para medios de comunicación digitales. Apasionada del teatro, las letras y la buena cocina, descubrió en el yoga un aliado para el camino de la vida, en la búsqueda de la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Actualmente se desempeña como docente de nivel superior y dicta talleres sobre comunicación corporal, donde pone especial énfasis en la importancia de escucharse a uno mismo y sentir lo que dice el cuerpo. Podes contactarte con ella a través de LinkedIn.