Anahí Rayén Mariluan, renace el canto

Me encontré con ella en uno de los días más cortos del año, aquí, por estas tierras sureñas. Anahí Rayén Mariluan, Flor amiga de la Gran Fuerza significa su nombre en la lengua mapuche heredada, aparece portando intensos ojos negros poseedores de una inabarcable profundidad y de memorias que trascienden tiempos y lugares. “Estamos en pleno Wiñoy Tripanto” me cuenta “un momento súper sensible, porque es cuando estamos más alejados del sol, es decir, cuando estamos más cerca de nosotros mismos, pero más alejados de todo lo que nos rodea. Un momento para pensar los proyectos, para pensarse a uno mismo y para evaluar el estado de nuestro corazón. Pertenecer al pueblo mapuche implica abastecerse de un montón de belleza que creo que nos hace bien a todos los que pisamos el territorio.”

Con esas frases comienza nuestra charla, y ya podía presentir que íbamos a andar por sendas rebosantes de tradición e historia, además de  música. Porque en parte de eso se trata su obra como cantante y artista mapuche, de cantos de poder, cantos que dan voz al silencio y liberan, que sanan; cantos que renacen y muestran otra forma de ver la vida.

Anahí nació en una ciudad de Neuquén que “poco tiene que ver con lo que es hoy, crecí en un ambiente muy vinculado a lo natural” y agrega que siempre se sintió inclinada hacia las expresiones. Brotaba a borbotones la música en el seno de su familia, “en mi familia son por herencia cantoras y cantores, entonces la expresión musical me salió siempre desde una arista muy espontánea”.

A los 17 años parte hacia Buenos Aires comenzando una etapa de intenso estudio y formación. Hoy es licenciada en Folcklore, egresada de Artes Dramáticos e instructora vocal. Vivió 17 años en Buenos Aires, 10 de los cuales los transitó en Tamborelá, tambores en manos de mujeres, “un proyecto muy grande y muy fuerte, del que tuve que hacer una especie de duelo, para poder germinar quien soy hoy”.

Volver a la Patagonia, si bien era un anhelo inmenso, no fue una decisión fácil de tomar “en este impulso de cambiar de tierra necesitaba mucho valor. Primero, porque estaba bien trabajando desde lo artístico, sin embargo algo en el alma no estaba en equilibrio. Desequilibrio relacionado a los amores, porque están en otras tierras o quizás por elegir a los amores que habitan ciertas tierras.  No me era fácil la decisión y el alejamiento. Irme fue como casi arrancarme la piel, porque el paisaje humano es realmente maravilloso.”

Dar a luzAnahi Mariluan

“Si bien yo siempre he apuntado a la temática que me vincula con el pueblo en el que nací, cuando llegué a Bariloche se me hizo una necesidad, primero porque fui mamá y con eso se me despertaron otras memorias: memorias emotivas, culturales, muy diferentes a la memoria lógica o cronológica que tenemos en nuestra forma de pensar. También sentí que a la belleza hay que denunciarla. Así empecé con mi camino de Kisulelaiñ, que es mi primer disco solista, porque es el primero al que le pongo el nombre, como también nombré a un niño, mi hijo” explica Anahí.

El Mapuzungún, lengua mapuche, es la forma que tienen los cantos de Kisulelaiñ. Cuenta la artista, con el sentimiento a flor de piel, que el idioma mapuche es la manera en que la tierra elige expresarse y que su disco es una suerte de “llamado interno a recuperar esa palabra que perdimos y que hoy reconstruimos de a poquito, como una especie de rompecabezas, tras el largo silencio que dejó el dolor que sufrió mi pueblo.”

Kisulelaiñ quiere decir no estamos solas,  “detrás de toda esta materia que hemos creado están nuestros ancestros y las fuerzas presentes en la naturaleza, cada uno de los elementos que nos rodea tiene una fuerza que lo cuida, un newen. No estamos solas, nos acompañan los newenes, nuestros ancestros y una larga fila de mujeres a través de las cuales nosotras seguimos naciendo. Las mujeres tenemos la responsabilidad de cantar, para no olvidar la voz primera. Siento que en esa línea de la que venimos, la mujer es primordial.”

En los cantos del disco, Anahí, kultrún en mano, suelta su voz dulce y a la vez potente, al viento. Los cantos vuelan, fluyen y buscan agotar el dolor de un pueblo, ese dolor que acallaron los años y la indiferencia. “El mayor anhelo  es que recuperemos la alegría, la manifestación y el decir con orgullo que uno pertenece a un pueblo que está vivo.”

Detrás de toda esta materia que hemos creado están nuestros ancestros y las fuerzas presentes en la naturaleza, cada uno de los elementos que nos rodea tiene una fuerza que lo cuida, un newen.

El flamante disco, que realizó junto a su hermano Daniel, fue editado por el Club del Disco y distribuido por Ultrapop. En sus presentaciones se acompaña de Leopoldo Caracoche, “un cantautor que pone el acento en lo que lo rodea; en sus canciones se refleja que está viviendo en este territorio. Ahí yo encuentro un punto en común y además es un tremendo músico.”

Mientras Kisulelaiñ sigue creciendo, haciéndose escuchar, llegando lejos y buceando a lo profundo, Mariluan sigue creando: “en el camino estoy desarrollando un disco nuevo de cantos de cuna. No son cantos de cuna exclusivamente para niños sino para todo lo que renace: la palabra, la naturaleza, los pensamientos y también un pueblo.”

Y allí va esta pequeña gran mujer mezcla de agua, viento, tierra y fuego, de cabellos color noche oscura y sonrisa de estrella titilante, con paso sereno y firme, transitando el camino de vuelta a la alegría.

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Información del Autor

Profesora de Yoga. Emprendedora y entusiasta. Con gran inclinación al estudio integral del ser humano. Lalita cree en el poder transformador que todos llevamos dentro, en los proyectos con corazón y en una vida plena y coherente. Su misión, transmitirlo.