Álex Rovira: «el desafío es poner la inteligencia al servicio del Amor»

Al menos dos ingredientes son necesarios para hablar con el español Álex Rovira: un par de oídos bien abiertos y una mente receptiva. Más allá de su elocuencia, lo que expresa tiene el peso de alguien que ha trabajado sobre sí. No se escurre como el agua entre los dedos.

Álex es un hombre que se niega a renunciar a la utopía, con todo lo que ello implica. Dice que no le gusta y que no sabe definirse, simplemente se dedica a trabajar en aquello que cree, lo que le significa un proceso de evolución continuo.

Incansable buscador, es licenciado en Ciencias Empresariales y estudioso de psicología y filosofía. Autor de numerosos libros como «La brújula interior», «La buena suerte», «Las palabras que curan» y «La buena Crisis» entre muchos otros.

Nos cuenta que poco le importan las etiquetas, «los rótulos no sirven de mucho». Solo anhela que su trabajo contribuya a la mejora en la vida de otros y deje un legado en forma de servicio, paz, salud, bienestar, prosperidad, amor y conciencia.

Esta es la primera parte (si querés leer la segunda parte hacé click AQUÍ) de una extensa charla que tuvimos con él:

-¿Es importante para vos entregarte, servir?

Sí, totalmente. Lo que brindo es un servicio que nace de una vocación. Yo creo que lo que nos empuja puede ser la ambición o puede ser la vocación. Me declaro mucho más vocacional. Y estoy por y para servir. De hecho dedico una parte importante de mi tiempo a dar a conocer y a divulgar conocimientos, sin un interés ulterior que el propio placer de abrir un regalo juntos.

-¿Cómo podríamos definir el servicio?

Es amar. Servir es amar, y amar es cuidar. Y los tres son sinónimos. La voluntad de servir pasa por la voluntad de darse. La voluntad de darse es la voluntad de amar. La voluntad de amar es la voluntad de cuidar. La voluntad de cuidar es la voluntad de comprender. La voluntad de comprender es la voluntad de inspirar. La voluntad de inspirar es la voluntad de servir, y sigues el círculo.

-Uno, para poder darse genuinamente, previamente tiene que conocerse, tiene que saber quién es, ¿no cierto?

Sí. Salvo que te des cuenta de que eso que tú llamas el uno en realidad es el todo. Esa frontera que definimos habitualmente del yo como un cuerpo no es tal, sino que es una frontera arbitraria completamente definida por falsas creencias que nos limitan. En realidad nuestro yo es mucho más, incluso, que un nosotros.

Servir es amar, y amar es cuidar. Y los tres son sinónimos. La voluntad de servir pasa por la voluntad de darse.

-En estos días que nos toca transitar, es casi inevitable hablar de las redes sociales y los medios globales de comunicación. Una vez te escuché decir que la red es como un gran inconsciente colectivo tecnificado. ¿Cómo es eso?

En nuestro inconsciente se encuentran dos extremos polarizados. Por un lado, lo que nace del deseo y del miedo; y por otro lado lo que nace del amor y de la entrega. Y en la red puedes encontrar lo más miserable, cómo fabricar un arma y matar a alguien, y también puedes encontrar contenidos de una generosidad, de una inspiración y de un valor precioso. La red no es más que la emanación tecnológica de nuestro psiquismo colectivo. Es una manifestación somática. Es como el grano que surge o la flor que nace. Es una manifestación de que la piel está sucia o la tierra es fértil. Es lo que es. En realidad todo lo que se manifiesta no es más que una emanación psíquica. Todo. Lo que pasa es que como no nos han enseñado a leer el inconsciente le llamamos realidad, pero todo nace del alma.

-¿Y creés que ahí, en la red, hay posibilidades para abrazar un cambio?

Sin duda, porque no está tanto en la propia naturaleza del objeto red, sino en la intención con la cual se trabaja sobre ese objeto. Es evidente que la red está siendo objeto de cambio, para cosas buenas y para no tan buenas, pero es una herramienta muy potente. Bien entendida y bien llevada puede ayudar a la divulgación del conocimiento, puede ayudar a la divulgación de la belleza, de la ética, de la estética. Por supuesto que su potencial es muy elevado, igual que su potencial destructor también lo es. Al final es un canal, es un canal que manifiesta, pero somos nosotros los que le vamos dando el contenido.

En realidad todo lo que se manifiesta no es más que una emanación psíquica. Todo.

-Uno de los conceptos que más desarrollás, a través de la red, de tus conferencias y charlas, es el de crisis, al que relacionás con creatividad. En Argentina parece que estamos en una crisis eterna. ¿Qué es la crisis para vos? ¿Qué es lo que aún nos queda por aprender?

A la etimología me remitiré para definirla, porque creo que es la mejor manera mental de acercarnos con rigor al concepto. La palabra crisis tiene su etimología en la misma palabra clásica, krisis con “k”, que hace referencia a un cambio inesperado, a un punto de inflexión. En general una crisis no es mala ni es buena, solo es un cambio inesperado. Curiosamente la palabra crisis viene del verbo griego krinein, que hace referencia a las siguientes funciones: decidir, distinguir, escoger o separar. Por lo tanto una crisis es una inflexión o un cambio inesperado que te lleva a tener que decidir, a distinguir, a escoger, a separar. A separar o a distinguir o a escoger ¿qué? El grano de la paja, lo que es útil de lo que ya no lo es, lo que lastra de lo que eleva, lo que frena de lo que impulsa.

Precisamente por ello la palabra crisis comparte la raíz etimológica con crisálida, que es la transformación, la mutación, el gusano que deviene en mariposa. También comparte raíz etimológica con crisol, que es un elemento alquímico, el instrumento alquímico que depura, que destila, que eleva; y con crítica: la crítica es la reflexión necesaria, el pensamiento riguroso, la denuncia que desvela. El hábito de la crítica, bien entendido, nos lleva a desarrollar el criterio, que es la capacidad de juzgar y de evaluar adecuadamente.

Una crisis es una inflexión, un cambio inesperado que te lleva a tener que decidir, a distinguir, a escoger, a separar. A separar o a distinguir o a escoger ¿qué? El grano de la paja, lo que es útil de lo que ya no lo es, lo que lastra de lo que eleva, lo que frena de lo que impulsa.

La palabra crisis comparte la raíz etimológica con cristo, entendido como consciencia elevada. Crisis, crisálida, crisol, crítica, criterio, criba, cristo.

Crisis se relaciona a palabras del sánscrito como Krishna, que es Dios, pero en cuya definición no hay nada esotérico ni metafísico. Krishna quiere decir acción excelente que atrae, convoca y transforma. Kriya es la acción consciente. Kripa quiere decir misericordia y Krit quiere decir fructificación. Por lo tanto el prefijo Krit, en sánscrito, une en su prefijo a palabras que denotan creatividad, transformación, elevación, entrega y acción positiva transformadora.

Al final una crisis es eso, es algo que aparece como un síntoma, un movimiento en la conciencia. Bien entendida y bien trabajada, una crisis transforma profundamente, permite reversibilidad. Mal entendida y mal trabajada, una crisis acaba en desgracia o en tragedia o en catástrofe, que no admite reversibilidad. Por ende lo importante es tomar conciencia de los procesos críticos para poderlos gestionar, porque si no los gestionamos devienen catastróficos.

-¿Cómo gestionar los procesos críticos para convertirlos en un punto de transformación?

Yo creo que la única manera de poder gestionar una crisis es permitiendo la apertura de la conciencia. Al final toda crisis es la emergencia de algo nuevo que quiere nacer, pero que implica la muerte de algo que está inhibiendo ese nacimiento. Toda revolución ha generado grandes crisis. Hablemos de Ghandi, de Mandela; hablemos del sufragio universal, de los derechos del hombre, de la abolición de la esclavitud; hablemos del voto de la mujer, de los derechos laborales, todo eso ha generado enormes crisis. La única manera de poder gestionarlas es la conciencia. Y ¿cómo se articula la conciencia? A través del diálogo. ¿Cómo se articula el diálogo? A través de la palabra. ¿Cómo se articula la voz? A través de la voluntad de comprender, que es amar. Todo gira alrededor de ese campo de energía que se llama amor. Es decir, la crisis solo se resuelve desde una elevación de la conciencia, en forma de la voluntad de unir más que de separar, de comprender. Y ahí está, el tema es que la enunciación, la comprensión racional de lo que estoy diciendo es fácil, pero la puesta en práctica es más compleja.

La crisis es la emergencia de algo nuevo que quiere nacer, pero que implica la muerte de algo que está inhibiendo ese nacimiento.

-Sí, ahí es donde encontramos las limitaciones.

Precisamente a eso se le llama existencia, es decir, el oficio de vivir se aprende viviendo, no hay otra manera.

-¿Qué elementos o qué valores creés que necesitamos fomentar para este cambio de conciencia del que hablás?

Podríamos hablar de los valores cardinales: la sabiduría, la fortaleza y la templanza. Cuando estos tres están presentes, emerge la justicia. Pero yo creo en un ultra valor que es la libertad, que va de la mano del respeto. Y ese ultra valor solo es posible cuando hay una movilización integral, cuando hay la voluntad de comprender, es decir, de utilizar bien el pensamiento, desde la sabiduría. La libertad es posible cuando hay la voluntad de servir, es decir la fortaleza. Cuando hay la voluntad de tener una actuación que sea asimismo ejemplar y que sea transparente, es decir la templanza.

La cuestión es que seamos capaces de transmitir a nuestros hijos, más que con las palabras, con nuestro quehacer, con nuestras acciones, cómo vivir. Creo que el desafío es hacer de nuestra vida la propia oración. No hay otra manera. La comprensión racional de los mecanismos que vienen a gestionar la existencia, no garantiza en absoluto su puesta en práctica. Comprender no implica hacer. Te doy un ejemplo muy claro: todo el mundo sabe que se tiene que morir, pero casi nadie se lo cree. Y en cambio son los que se lo creen los que viven la vida de manera muy distinta.

-Más conscientes y despiertos.

Claro. Porque la mente tiene un umbral de máxima competencia. El desafío es poner la inteligencia al servicio del amor.

-Ese es nuestro gran desafío, ¿no? Volver al amor, a lo sencillo, a lo simple.

Claro, a lo simple, a lo sencillo, y a partir de ahí vivir una vida coherente con eso.

-¿A eso hacés referencia cuando hablás de humanizar a la humanidad?

Sí, sí, me refiero a eso, a que no es complicado… hay que leer más a Mafalda.


¿Querés saber más sobre Álex Rovira?

Visitá su página web: www.alexrovira.com

 

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Información del Autor

Profesora de Yoga. Emprendedora y entusiasta. Con gran inclinación al estudio integral del ser humano. Lalita cree en el poder transformador que todos llevamos dentro, en los proyectos con corazón y en una vida plena y coherente. Su misión, transmitirlo.