Perderse en sí mismo

perderse en si mismo
El movimiento de energía que se vuelve hacia nuestro mundo interno se llama introversión y es como la inhalación del ritmo natural de nuestra respiración, pero en nuestra psique.

“El encuentro consigo mismo significa en primer término el encuentro con la propia sombra. La sombra es como una angostura o una puerta estrecha, por la que se tiene que atravesar penosamente todo el que desciende a las fuentes profundas. Hay que llegar a conocerse a sí mismo para saber quién es uno, pues lo que hay detrás de esa puerta es, inesperadamente una extensión ilimitada llena de inaudita indeterminación; no es ni un adentro ni un afuera, ni un arriba ni un abajo, ni un aquí ni un allí, ni mío ni tuyo, ni bueno ni malo. (…) “Perderse en sí mismo” es una buena expresión para caracterizar ese estado. Pero este sí-mismo es el mundo, si hay una consciencia que puede verlo. Por eso hay que saber quién eres.” Carl Jung.

El placer de la soledad, de volverse hacia uno mismo, escucharse y sentirse es un degustarse lentamente. Es el primer paso para un ayuno del mundo externo que nos permite purgarnos  de las experiencias cotidianas y rutinarias que nos conectan con los otros cuando ya no les encontramos sentido, porque por su propia repetición se desgastó. Perdiendo así la profundidad de ponerles corazón.

El placer de la soledad, de volverse hacia uno mismo, escucharse y sentirse es un degustarse lentamente.

Volver hacia el corazón para regenerar el sentido, para encontrar en el vacío de la experiencia externa la creatividad interna, para salir al cotidiano con la energía y la mirada fresca de un niño, porque se nace de nuevo y eso nos permite poner amor en lo que hacemos cotidianamente.

Este movimiento de energía que se vuelve hacia nuestro mundo interno se llama introversión y es como la inhalación del ritmo natural de nuestra respiración, pero en nuestra psique. El arquetipo del Anciano Sabio, representado en las cartas del Tarot por el Ermitaño ejemplifica esta energía. En el libro Jung y el Tarot, Sallie Nichols nos dice: “Cada vez parece más difícil aceptar los parajes solitarios que llevan a la autorrealización. El arte de la individuación, convertirse en el único yo-mismo es (como su nombre lo indica) una experiencia intensamente personal y a veces muy solitaria. No es un fenómeno de grupo, comporta la difícil labor de desprender la propia identidad de la masa de la humanidad. Para descubrir quiénes somos, tenemos que extraer finalmente aquellas partes de nosotros mismo que hemos proyectado en otros, aprendiendo a encontrar en el fondo de nuestra psique las fuerzas y carencias que habíamos visto previamente solamente en otros. Estos reconocimientos, se facilitarán si podemos retirarnos de la sociedad por breves períodos y aprender a dar la bienvenida a la soledad.”

Este movimiento de energía que se vuelve hacia nuestro mundo interno se llama introversión y es como la inhalación del ritmo natural de nuestra respiración, pero en nuestra psique.

En un mundo donde el valor de la productividad  externa, el constante hacer y estar para los demás está tan sobrevalorado, a veces es difícil encontrar estos espacios de retracción, no sin pasar por diversas explicaciones para calmar los temores ajenos y a veces propios. Explicar que no es depresión, que es parte del ritmo natural, de que no hay nada de que asustarse, que no se abandona a nadie emocionalmente, que vamos a seguir estando, pero que este momento es necesario para que ese ESTAR sea de calidad, fiel a lo que vamos siendo.

En un mundo donde el valor de la productividad externa, el constante hacer y estar para los demás está tan sobrevalorado, a veces es difícil encontrar espacios de retracción.

Donde crecí, rodeada de naturaleza, este ritmo natural estaba dado por el ambiente. El otoño e invierno necesariamente nos convocaba a meternos adentro. Adentro de casa, adentro de nosotros mismos. Tiempos naturales dónde la libido se retiraba del mundo externo  para irse al mundo interno, alimentarlo, nutrirlo, limpiarlo, hacerlo crecer y volver al ruedo. Respetar ese tiempo como complemento lógico de la  productividad que venía luego  con la primavera, con el dar las mejores flores, para luego cosechar los mejores frutos.

A veces lo que más cuesta es llevar a la práctica con pequeños actos estas ideas.

Esta es mi receta:

No compartir, no negociar, ensimismarme.
Caminar sola, con música, bailando, sin que nadie acompañe el ritmo, ni acompañar a nadie.
Nadie a quien cuidar, ninguna explicación que dar.
Comer, dormir, reír, llorar, permitir expresar la cara de nada, relajar las facciones que todo el tiempo están queriendo comunicar algo.
Volver a comer, dormir, leer, reír, llorar, en el orden que nazca naturalmente desde adentro.
Mirar contemplando el horizonte, sabiendo que de esa contemplación saldré cuando nuevamente el movimiento natural de mi energía interna quiera ir hacia otro foco de atención o volverse hacia dentro, a mis imágenes internas.
Dejar el teléfono, la televisión, las redes sociales, que cada uno sigua haciendo lo que hace, sin verlos.
Distanciarme lo más que pueda de las obligaciones, del amor, del escuchar, del hablar, del pensar para otro desde mí.
Distancia para pensarme a mí, desde mí.
Darme cuenta que todo el mundo sigue girando, relativizarme, aliviar la carga.
Olvidarme de todos, de todo y de mi superficie.
Entender que sólo soy el centro de mi misma.
Captar lo uno en mí, que es lo único que voy a dejar en este paso por esta vida.
Saber que ese uno es tan inmutable como cambiante.
Uno que lo abarca todo, lo que soy de forma acabada, como también todas las transformaciones que tenga que realizar para llegar a ser  lo que ya soy.
Mantenerme en ese vacío, lo suficiente para que me transforme.
Luego volver al mundo.
Y vivir.

Lic. Paula Perticone

Participá de la Comunidad Ahora

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


1 Comentario

Suscribite a Revista Ahora

¿Te gustaría recibir artículos como este en tu e-mail? Sé parte de la Comunidad Ahora, gratis!






Información del Autor

Transmutar. Una de mis palabras favoritas define bastante bien mi diferencial profesional. El arte de mutar, generando una versión más saludable, creativa y consciente de las personas u organizaciones, permitiendo la continua actualización de sus potenciales internos y externos. Actualmente me capacito en Desarrollo Organizacional (ITBA) para dar orientación, profesionalismo e integración a mi práctica cotidiana, profundizando mi trabajo como agente transmutador dentro de las organizaciones. Mi vida académica recorrió varios caminos y lo sigue haciendo. Me guía la obra de Carl Jung en mi profesión como Psicóloga Clínica con mis pacientes. Me capacité como Coach Ontológico para ofrecer herramientas que permitan dar el salto de lo actual a la concreción del estado deseado. Además me especialicé en Medicina Ayurveda complementando mi práctica personal de meditación, yoga y fitoterapia para brindar a mis pacientes y clientes una mirada holística sobre sí mismos. Estoy convencida que sólo transformándome a mí misma puedo ser consciente de lo cuidadoso, meticuloso y amoroso que debe ser guiar, promover e implementar un proceso de cambio, sea dentro de una individualidad como de una organización. Amo los viajes, los amigos, la naturaleza y la luna; tengo un alma inquieta que busca experiencias que posibiliten ampliar mi forma de ver, para descubrir los distintos mundos que habitan en cada persona. Amo escribir y difundir ideas que permitan abrir caminos en los demás. http://www.revistaahora.com.ar/ En Facebook: @paulaperticonepsi En LinkedIn: www.linkedin.com/in/paula-perticone