¿Y si tus Fiestas no son Felices?

Son tantas las razones por las que a fin de año puede ser que lejos estemos de sentirnos “Felices” (así, con mayúsculas). Por eso esta vez quisiera arrimarles al fueguito que alimenta sus vidas algunos conceptos que quizás los acompañen a ustedes mismos o a quienes sepan que lo pueda necesitar.

– Duelos: Hay personas que este tiempo las encuentra procesando duelos muy recientes (o inclusive anticipados, pues tienen un ser querido muy enfermo o han determinado separarse de su pareja “luego de las Fiestas”, fecha muy elegida para ello). Cuando eso sucede, es importante ser legítimamente compasivo consigo mismo y darse permiso para hacer lo que desde la parte más sana de sí uno sienta necesidad de hacer. Para alguien (según su temperamento) lo mejor es sumergirse en el fragor genuino del espíritu festivo, descansando así, por un rato, del dolor; pero para otro la necesidad es estar acompañado, pero con poco ruido. En ese caso, si se está en una reunión social es importante no aislarse, sino buscar la persona apropiada y conversar más cercanamente (pero no de nuestros problemas). Hay también quien precisa quedarse a solas, o únicamente con una o dos personas, o con los animales de su casa… y, -siempre y cuando no se trate de generarse más dolor innecesario porque luego uno se sienta excluido-, es un modo legítimo de preservarnos de lo que nos haría sentir más tristes.

Es muy importante en estos casos no forzarse a mostrarse felices. Y no sólo eso: hay personas que hasta se fuerzan para ser felices “porque son las Fiestas”. Darse permiso para no estarlo puede ser sumamente sano. También para pedir ayuda terapéutica si es muy pesado. Fingir gasta una energía que, en este caso, necesitamos para autorreparar nuestra herida.

Creo importante resaltar también que, más allá de los duelos vigentes, las Fiestas traen a la mente de muchas personas una nostalgia anual repetitiva por los que no están, por “lo que eran las Fiestas en su niñez”, y hasta una añoranza de lo que no ha sido (lo que no lograron durante ese año, la pareja o el hijo que no llegaron a tener…) Así, se termina encarnando la canción “Lucía”, de Serrat: “No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, ni  nada más amado que lo que perdí”. ¿Qué hacer consigo mismo en ese caso? Como la nostalgia me es algo tan familiar, aprendí de la gente sana que, cuando eso sucede, es necesario autoobservarse, verlo moverse dentro de sí como un pez en la pecera, y saber que uno no es eso, eso es un “sentipensar” (como dice Galeano) que uno mismo fabrica en su mente. O, como dice la Psicología del Yoga, “un contenido de la conciencia”. Si uno lo observa y no lucha contra ello (como se enseña en las disciplinas de Oriente) puede dejarlo ir, y conectarse con el presente.

Fingir «estar felices»gasta una energía que, en este caso, necesitamos para autorreparar nuestra herida.

Quedarse en esa nostalgia es, dicen los tibetanos, “estar fuera del tiempo”. El remedio es volver al ahora, pues no se está tratando de lo que realmente pasa, sino de cómo construimos dentro nuestro la actitud ante lo que nos pasa. En lo más práctico, siempre hallé que muchos de estos “males festivos” se antidotan con una acción bien concreta (aun para quienes están en proceso de duelos vigentes) que es la de servir en algún lugar donde haga falta lo que somos y podemos: comida, juguetes, mano de obra, compañía para quienes se perturban peligrosamente por la inconsciente pirotecnia (animalitos domésticos o callejeros, personas con autismo o trastornos neurológicos, algunos ancianos)… Un hospital, una zona carenciada, un orfanato o esos lugares donde se reparan muñecos para luego regalarlos… Servir le da dimensión más real a nuestro dolor, a veces sobredimensionado por nuestra hipersensibilidad (que sin darnos cuenta nos hace caer en una rancia lástima de sí). ¿Cuán intenso es legítimo que sea ese dolor? ¿Cuánto estoy dispuesta a hacerlo durar dentro de mí, como si le regalara mi pecera a ese pez? ¡El pez, al mar o al río! Cuando miramos al presente, si lo hacemos con actitud de agradecimiento por lo que sí hay en nuestra vida, nuestra conciencia puede cambiar radicalmente, y con ello nuestro sentir.

Cuando miramos al presente, si lo hacemos con actitud de agradecimiento por lo que sí hay en nuestra vida, nuestra conciencia puede cambiar radicalmente, y con ello nuestro sentir.

– Irradiar imagen: Hay una parte del agotamiento que las Fiestas produce relacionado con una actitud sobrecompensatoria de nuestra carencia de autoapreciación. Otras veces, el mismo comportamiento está disparado desde un Ego que busca impactar. El resultado es el mismo: vivir este tiempo desde una actitud de “querer dar una imagen”: la casa tiene que estar im-pe-ca-ble, los nenes per-fec-tos, la comida debe sorprender, la ropa tiene que generar admiración, y de aquí al 25 todos tenemos que estar delgados, jóvenes y bellos. ¡Los más felices de la familia! “¡Qué bien se la ve a Fulanita!”, deberá decir “la gente” (y “Fulanita” ser una, ¡claro!). “¡Ay, qué hermoso arbolito, no como el que tenemos nosotros!” (pues para el Ego el despertar envidia es tan temible como exquisito).

Esta tendencia suele ser doblemente costosa (inclusive con síntomas psicosomáticos, ansiedad, depresión, irritabilidad) cuando queremos pretender mostrar lo contrario de lo que sucede. ¿Y si somos como somos? ¿Y si apostamos a la sencillez?

Cuando lo que se busca es sobrecompensar la carencia de autovaloración, la sobreexigencia puede ser atroz, aunque la persona se quede sin comer ni dormir, generando unas ojeras con las que podría hacerse un moño… ¡Alto ahí! ¿Para qué? Una vez más, lo que está sucediendo no es lo que está sucediendo sino mi actitud: ¿quiero eso? ¿Qué parte de mí lo quiere? ¿Tanto? Pues a veces el problema no es el “qué” sino el exceso. Recordemos que uno de los pilares del conocimiento y el equilibrio interior, para los griegos, estaba escrito en el Templo de Delfos: “Nada en exceso”.

Desprenderse del querer irradiar cualquier imagen es una liberación que uno debe conquistar: ni ser “el bueno”, ni “el servicial”, ni “el exitoso”, ni “el que todo lo puede”…

Tampoco, desde la carencia de autovaloración, buscar ser “el que hace felices a los demás” (¡lo cual suele generar exigencias personales altísimas!)… Tengo que decírselos, pues considero que ya somos grandes, disculpen: Papá Noel no existe (y si existe, no somos ninguno de nosotros. ¿O sí?)

Recordemos que uno de los pilares del conocimiento y el equilibrio interior, para los griegos, estaba escrito en el Templo de Delfos: “Nada en exceso”.

– Naufragar en obligaciones: Hay personas que lo pasan muy mal durante las Fiestas porque tienen dos grandes talentos inversos (o sea, que los usan para mal):

1) Generarse obligaciones que no haría falta que existieran (por ejemplo llamar a amigos que ya no existen para desearles Felicidades, llevar regalos estrictamente elegidos con esmero para personas que ni siquiera aprecian, asistir a tooodas las fiestas de egresados de los hijos de sus amigos, muestras de sus cursos de teatro, de manualidades y de acupuntura, para “no fallarles”… aunque queden con taquicardia e insomnio porque la agenda les explota… y todos los etcéteras). Por favor, aquí hace falta la práctica de Maitri, como dice la Psicología Budista: “amistad incondicional consigo mismo”. Ver si realmente puedo, si quiero, buscando el mismo cuidado para con nosotros que tendríamos para con cualquier ser querido. Es más: ¡convertirnos en un ser querido para nosotros mismos! Eso es Maitri.

2) Tomar obligaciones que no son suyas sino de otros, quienes perfectamente podrían cumplirlas (¡seguramente porque es lo que hace durante el resto del año!). Así, el “cumplidor” autogenera un estrés agudo a costa de la pereza ajena; en este caso recordemos que en muchas ocasiones en que somos abusados en nuestra buena voluntad (o en nuestra neurosis) estamos siendo responsables de que exista un abusador (así se trate de nuestro hijo, nuestro padre o nuestra hermana)… con lo cual colaboramos en una acción que no es ética, a pesar de que lo hagamos con buena intención.

¿Cuáles son mis reales ob-ligaciones? Sí, así, separado. Porque la etimología nos lo dice: ob = entorno, alrededor; ligare = lazos, ataduras. ¡Alto otra vez! Preguntarse a sí mismo: esta obligación…

a) ¿Es real o me la autogeneré?

b) ¿Es mía o es de otro?

c) ¿Es necesario que sea tanto, o le pongo una intensidad excesiva que me hace mal?

d) ¿Por qué o para qué lo hago? (Sobre todo si tiene que ver con el punto anterior acerca del irradiar una imagen)

¿Entonces? Entonces, creo que lo principal es revisar la propia actitud, y tratar de no dañar ni dañarse: crear el mejor momento posible, con sencillez, y ubicarse en el rol que, a conciencia, consideremos el más sano para nosotros.

A veces, inclusive, contamos con la libertad de ver las Fiestas como desde afuera, y elegimos eso, quedándonos tranquilos en casa y disfrutando de un momento de introspección. Si estamos atentos al presente, y a que para algunas personas cuya real obligación no es estar con otros (pues a veces sí lo es, como parte de lo coherente, según hayamos construido nuestros lazos), podemos hacer algo frugal, simple, y, otra vez decir como el poeta Galeano (cartel que está en la puerta de mi casa), “En un mundo de plástico y de ruido, yo quiero ser de barro y de silencio”. Eso elijo yo. Los acompaño desde esa elección, con todo mi afecto…


VirginiaVirginia Gawel, psicóloga.

Directora del Centro Transpersonal de Buenos Aires.

www.centrotranspersonal.com.ar

 

Participá de la Comunidad Ahora

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Suscribite a Revista Ahora

¿Te gustaría recibir artículos como este en tu e-mail? Sé parte de la Comunidad Ahora, gratis!






Información del Autor

Revista AHORA , es más que una revista, es una manera de Vivir la Vida, de crearla. Sumate vos también al cambio!! Revista AHORA. *** CREA tu VIDA! ***