Solos y desnudos

solos y desnudos
La soledad es como la desnudez, se puede apreciar desde lo que nos falta o desde lo que nos une con el TODO del que venimos y al que volveremos, solos y desnudos.

Pluma

Sutileza con la que confía en su propio destino,
La gracia de la libertad en la resistencia suficiente para disfrutar del caer,
Y hacerlo duradero.
Su destino es lo que mejor saber hacer.
Y hablo de destino porque está bendecida y condenada a caer
Sintiendo la libertad  del aíre traspasándola.
Y porque hay un suelo.
Más allá de él su destino se transforma en otro.
Dejando de ser lo que era para fundirse en algo nuevo,
Unida a la tierra.
Otro destino.
Infinitas veces.

Mirando una película, una imagen específica desencadenó una serie de recuerdos y pensamientos de mi niñez.  La imagen, era la silueta de un hombre en un atardecer, de una parte árida del norte del país, solo, rodeado de árboles aparentemente secos, en un horizonte que se perdía en la lejanía.

Se me vino automáticamente a mi cabeza la pregunta: ¿Solo?

Y empecé a recordar mi niñez, la gran cantidad de tiempo que pasaba sola pero nunca me sentía sola. No había separación con lo que me rodeaba: los árboles, la gramilla sobre la cual me recostaba a ver el cielo en el que me fundía, el sonido del viento en las hojas de la alameda, el agua de la lluvia o la que corría por la acequia, el barro que se me escurría entre mis dedos o mi perro Apache, que me acompañaba hasta hartarse de mí.

Las piedras. Podía pasar horas en el pedregullo detrás de casa y por más que mi mamá me esperaba, hasta hartarse también, éramos sólo las piedras y yo. Piedras mágicas. Era sólo una niña cuando ya pensaba que poseían toda la sabiduría de los tiempos en su dureza. Quizás por eso estaba tan empeñada en partirlas y ver lo que tenían dentro, más allá de los destellos que algunas con el sol, irradiaban.  Todavía conservo varias de esa época, en donde se conjuga la sabiduría de ellas, con la que yo tenía de niña. Es como si mis intuiciones del mundo se conservaran con ellas, en algo imperecedero. Quizás las guardé porque sabía que en algún momento, iba a necesitar de ese saber.

La escasez de información visual construida por el hombre permite apreciar la gran sabiduría de la naturaleza.

No había soledad, la tierra, la hoja, la piedra, el barro, la lluvia, el cielo, mi perro, yo, las plumas de las palomas que se mecían en el aíre, las calandrias que me seguían y las manzanas por comer éramos UNO.

En la chacra la continuidad del paisaje, el sentido del mismo, la armonía visual y auditiva, el silencio, el sonido del silencio, todo está en perfecto cosmos.

En el horizonte se podía apreciar la transición sutil de los días y las noches.

La escasez de información visual construida por el hombre permite apreciar la gran sabiduría de la naturaleza.

Cuando caía la noche en la chacra no había luces que simulen el día.

En ese momento, a media luz todo se transformaba en otra cosa, adquiría otra personalidad, más esquiva, más tenebrosa para los que no están acostumbrados a la oscuridad. Para mí más cercana al Misterio, a la vida, a la muerte y a la vida nuevamente.

Hoy vivo en la ciudad, saturada de información multiplicándose constantemente. Información tecnológica y humana. Personas arrasadas por la ansiedad de unir ese bombardeo de datos para tratar de mantenerse internamente en coherencia. Jamás se alcanza a saber todo, a incorporar todo, a estar informado de todo. Lo incorporado a las horas ya es viejo, ya fue modificado. Los datos percibidos constantemente sin filtro que entran violando nuestros sentidos nos diseccionan por dentro. Este artificio que generamos minuto tras minuto está en perfecto caos, no responde a sentido alguno.

Cuando en esta ciudad mis recuerdos ya no alcanzan para mantenerme unida internamente, recurro a la soledad. Y si puede ser la conjunción de soledad y naturaleza mucho mejor. Donde el sentido externo ya está dado. Sólo queda bajar la barrera interna para fundirse en la armonía que me rodea, sin pensar en nadie, ni siquiera en mí misma.

Sumergirse en la naturaleza es sumergirse en la dualidad de la vida permitiendo que nos atraviese. Y esa experiencia es única y solitaria para cada uno de nosotros.

El ritmo natural se apodera y determina los tiempos para cada parte del día de forma intuitiva. No hay de quién estar pendientes, ni a quién agradar o desagradar, ni de quién cuidarse, ni con quién consensuar. No hay decisiones a tomar, sólo intuiciones que escuchar. Y así poder poner nuestros sentidos en lo que nos rodea y a la vez en nuestro interior, experimentando la paradoja de la vida: lo insignificantes que somos, siendo uno con lo más extraordinario. Lo extraordinarios que somos porque nuestra vida nadie más la va a vivir y lo insignificante que eso puede resultar esto para los otros.

Sumergirse en la naturaleza es sumergirse en la dualidad de la vida permitiendo que nos atraviese. Y esa experiencia es única y solitaria para cada uno de nosotros.

La soledad es como la desnudez, se puede apreciar desde lo que a uno le falta, o desde a lo que a UNO  lo une con el TODO, el mismo TODO del que venimos, el mismo que somos y al mismo al que volveremos, solos y desnudos.

“En las noches claras,
resuelvo el problema de la soledad del ser.
Invito a la luna y con mi sombra somos tres.”

Gloria Fuertes

Lic. Paula Perticone

 

 

 

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Información del Autor

Transmutar. Una de mis palabras favoritas define bastante bien mi diferencial profesional. El arte de mutar, generando una versión más saludable, creativa y consciente de las personas u organizaciones, permitiendo la continua actualización de sus potenciales internos y externos.

Actualmente me capacito en Desarrollo Organizacional (ITBA) para dar orientación, profesionalismo e integración a mi práctica cotidiana, profundizando mi trabajo como agente transmutador dentro de las organizaciones.

Mi vida académica recorrió varios caminos y lo sigue haciendo. Me guía la obra de Carl Jung en mi profesión como Psicóloga Clínica con mis pacientes. Me capacité como Coach Ontológico para ofrecer herramientas que permitan dar el salto de lo actual a la concreción del estado deseado. Además me especialicé en Medicina Ayurveda complementando mi práctica personal de meditación, yoga y fitoterapia para brindar a mis pacientes y clientes una mirada holística sobre sí mismos.

Estoy convencida que sólo transformándome a mí misma puedo ser consciente de lo cuidadoso, meticuloso y amoroso que debe ser guiar, promover e implementar un proceso de cambio, sea dentro de una individualidad como de una organización.

Amo los viajes, los amigos, la naturaleza y la luna; tengo un alma inquieta que busca experiencias que posibiliten ampliar mi forma de ver, para descubrir los distintos mundos que habitan en cada persona. Amo escribir y difundir ideas que permitan abrir caminos en los demás.
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