El repollo de la autoestima

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La autoestima bien puede empujarnos hacia la realización de nuestros proyectos o trabarnos en nuestras aspiraciones de desarrollo. Una mirada a la autoestima desde las neurociencias.

Podemos pensar la autoestima como un mapa mental que, convocando distintas percepciones sobre uno mismo, realiza una evaluación y concluye en una valoración de la propia persona. Pero este mapa no sólo nos describe, como si fuera una lectura objetiva y pasiva, sino que dota de organización y direccionalidad a todas nuestras funciones y procesos. Es un nudo central del que emergen cantidades de rutas neurales. Se trata del piso donde se siembran nuestras maneras de sentir, pensar y actuar… la calidad de este suelo es vital.

La autoestima bien puede empujarnos hacia la realización de nuestros proyectos o trabarnos en nuestras aspiraciones de desarrollo.

Por esto, la autoestima bien puede empujarnos hacia la realización de nuestros proyectos o trabarnos en nuestras aspiraciones de desarrollo. Desde lo profundo, desde la base del iceberg, va orientando la acción, a veces hacia el bienestar, otras veces a contramano.

Sólo podemos alcanzar nuestro potencial si tenemos amor por nosotros mismos, confianza y una disposición abierta a las experiencias, independientemente de los posibles resultados.

No se trata de un mapa que algunos tienen y otros no: autoestima tenemos siempre. Pero cambian mucho las coordenadas en el GPS de una persona a otra, algunas apuntan al norte, otras al sur… La autoestima no es el objetivo en el mapa, sino un mapa en sí mismo que incide fuertemente en el trazado de otras rutas. Más allá de los diferentes destinos que vayamos configurando en nuestro GPS, este mapa hará que los viajes se vivan de una manera particular, modificando los tiempos, la longitud, el sufrimiento o el disfrute durante la travesía… A veces, facilitan la llegada, en otras ocasiones, suelen terminar en callejones sin salida.

Sólo podemos alcanzar nuestro potencial si tenemos amor por nosotros mismos, confianza y una disposición abierta a las experiencias, independientemente de los posibles resultados.

Ahora, ¿cuál es el repollo de la autoestima? ¿Cómo y cuándo se dibuja este mapa tan importante? Bien podemos considerar que el valor que nos damos a nosotros mismos es el reflejo del valor que nos han dado los demás en los momentos más importantes de nuestra vida, con el acento puesto en la primera infancia. Al menos, esta ley es válida en la mayoría de los casos: existen excepciones, para un lado y para el otro. En a

En algunos casos, la propia mirada, mayormente descalificadora, no condice con la de los padres, rebosantes de orgullo y admiración por su hijo. En otros casos, una autoestima positiva puede fundarse a pesar del descrédito de los padres. Pero…

Si a un niño se lo ama de manera incondicional, apoyándolo en sus iniciativas y valorando de manera precisa sus virtudes y defectos, no para calificar o trabar, sino para seguir creciendo, es de esperar que su autoestima se haga fuerte.

Ese amor se reflejará luego adentro suyo, brillando como un sol dentro del cuerpo, con afecto sincero y respeto incondicional por uno mismo, trazando un mapa que sepa valorar de manera justa las fortalezas y debilidades, los aciertos y errores.

El valor que nos damos a nosotros mismos es el reflejo del valor que nos han dado los demás en los momentos más importantes de nuestra vida, con el acento puesto en la primera infancia.

Por el contrario, si percibimos que del otro lado somos subestimados, que nuestros recursos nunca son suficientes para los desafíos que se nos presentan, que nuestras herramientas no dan abasto para superar las situaciones que nos tocan vivir o que los demás hacen las cosas siempre mejor que uno, entonces la autoestima tomará esa materia prima para formarse. La angustia de no poder una vez, la ansiedad de que el fracaso se pueda repetir, la vergüenza de no estar a la altura, la tristeza de que esta tara quede en evidencia… todos éstos son los paisajes emocionales más frecuentes cuando se recorren los caminos de la baja autoestima. Los pensamientos automáticos más comunes, esos que se disparan solitos e invaden la pantalla mental, son del tipo de “no sirvo para nada”, “soy un inútil”, “mejor no lo intento”, “no voy a saber salir de ésta”. También calificaciones que, de un solo balazo, aniquilan el potencial de cualquier experiencia: “inútil”, “fracasado”, palabras predeterminadas para el Google de una mente con baja autoestima.

Por supuesto, con estas emociones y estas creencias, la conducta a seguir va a ser una sola: evitar, no probar, no arriesgar, no exponerse…


Texto extraído de “Neurociencias para Educadores” y modificado.

Lucas Raspall (2017). Neurociencias para Educadores. Rosario: Editorial Homo Sapiens.

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Información del Autor

Mi nombre es Lucas Raspall. A veces soy médico, otras veces psiquiatra. Muchas veces soy psicoterapeuta o acupuntor. Con mucho descaro soy músico, pintor y, por qué no, escritor. Soy estudiante, profesor universitario y de posgrados, conferencista y divulgador. Soy un espectador privilegiado de mi propia mente e investigador incansable de sus laberintos. Soy experto en nada y confeso principiante en todo. Soy hijo, hermano y padre, por esto, soy niño y adulto. Soy marido de la mujer que amo y novio eterno de la vida. En definitiva, soy una persona: nada más que un millar de caras, cambiando a cada rato. CV abreviado: -Médico Psiquiatra (UNR). -Psicoterapeuta Cognitivo Posracionalista (CETEPO – UCA). -Especialista en Psicoterapia Zen (AAPZ). -Acupuntor (SAA, IAMTC). -Psiconeurocupuntor (AEPNA). -Profesor (UCALP). -Docente universitario (UAI, UCALP, IUGR). -Docente invitado en cursos de posgrado y maestría (UNL, UNR). Publicaciones del autor: -Neurociencias para educadores (Homo Sapiens, 2017). -Un juguete llamado mente (UNR Editorial, 2016). -Cuánticamente. Redes enredadas (UNR Editorial, 2014). Y cuatro libros más.