¿Lo quiero o lo necesito? Reflexiones en torno al consumismo

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Llegó diciembre, y con diciembre un mes de consumo, más que otros meses. Antes de embarcarte en compras desmesuradas, hacete esta sencilla pregunta: ¿lo quiero o lo necesito?

Llegó diciembre, y con diciembre empezó la época de celebraciones: cenas de despedida, egresos, recibidas, navidad, año nuevo… cierres y finales de ciclo para darle comienzo a otro. Todas estas ocasiones implican preparativos y compras, desde lo que vamos a comer y tomar, lo que nos vamos a poner, y en algunos casos los regalos que vamos a hacerle a los agasajados. Entonces nos vemos en la situación de tener que hacer listas y pensar opciones: vamos al supermercado, a los locales de ropa, visitamos los negocios y shoppings, entre otras cosas. Nos ponemos de acuerdo acerca de dónde nos vamos a juntar, quién va a hacer el vitel toné, quien lleva la sidra, como prepararemos la mesa, ¿ya armamos el arbolito? ¿Hacemos sorteo para los regalos? ¿Me pongo este vestido, esta camisa, este saco? ¿Qué le regalo a mi hermana que se recibe? ¿Qué le gustará a mi sobrino que terminó el jardín? Además, cuando estamos preparándonos para recibir un nuevo año o para asistir a alguno de estos eventos, muchas veces queremos comprarnos algo nuevo para lucir, o pensamos en auto regalarnos una chuchería, porque eso nos hace sentir bien.

El punto es que diciembre es un mes de consumo, más que otros meses, porque entre cenas, fiestas de fin de año y celebraciones por el estilo, nos quedamos sin un peso en el bolsillo. Entonces me surge la pregunta: ¿Lo quiero o lo necesito?

La diferencia entre necesidades y deseos

Hace ya muchos años atrás, un señor llamado Abraham Maslow planteó la existencia de un conjunto de necesidades que tenemos todos los seres humanos, y las agrupó en distintos tipos, conformando una pirámide. Esta pirámide puede sintetizarse en la siguiente figura:

En la base de dicha pirámide se encuentran las necesidades fisiológicas, que deben ser resueltas para poder sobrevivir. Las demás necesidades: de seguridad, sociales, de autovaloración y reconocimiento y, por último, las de autorrealización, pueden ser satisfechas en la medida en que se logra satisfacer las primeras. Además de las necesidades, existen los deseos que no es otra cosa que todo aquello que queremos tener. El problema es cuando no sabemos distinguir deseo de necesidad. Entonces empezamos a comprar cosas que queremos, bajo el auto engaño, pensando que sí las necesitamos. Después el resumen de la tarjeta viene inflado, o nos sentimos culpables de haber gastado dinero de más.

Esto me lleva a una breve reflexión: Muchas veces pienso que las cosas que compramos nos sirven para llenar un vacío que tenemos, ya sea espiritual, emocional, social, o de otro tipo. Hay algo que sentimos que nos está faltando y lo llenamos –o intentamos llenarlo- con cosas materiales: comida, ropa, juguetes, adornos, etc. ¿Cuantas veces tratamos de compensar nuestras ausencias a través de los regalos? Un papá que le compra un autito a su hijo para dejarlo contento porque no pudo salir a jugar con él, un novio que le regala flores a su pareja porque se han peleado y quiere la reconciliación, yo misma enviándole chocolates a mi madre en su día porque no puedo estar con ella y abrazarla, -los km nos separan físicamente, sin embargo estamos presentes pero siento que tengo que mandarle “algo”-. Esto me pasa con muchas personas que tengo lejos, y esto nos pasa con nuestros seres queridos más de una vez. ¿Cuantas veces, después de pasar por un momento feo, nos refugiamos en la comida que, en ese caso, no cumple la función de alimentarnos? Entonces de esta manera compensamos las ausencias, los malentendidos, las discusiones, los desencuentros, pero también los vacíos individuales, con nosotros mismos. Me incluyo en este pensamiento, porque muchas veces me sentí triste y pensé que saliendo a hacer compras me sentiría mejor.

Pero el problema no es salir a comprar, el problema no es el objeto que adquirimos en sí, la cuestión es saber diferenciar si simplemente lo quiero o realmente lo necesito, me hace falta. Veo un vestido en la vidriera: ¿Realmente me hace falta comprar uno nuevo? ¿O lo haría porque me gusta y creo que me va a quedar muy bien? ¿Tengo hambre? ¿O tal vez quiero calmar mi aburrimiento o la ansiedad que tengo por algo que me está sucediendo? Y si tengo hambre… ¿Necesito comer esa hamburguesa con papas fritas para alimentarme o simplemente la quiero porque es sabrosa y me encantan las frituras?

Cómo solucionar este problema

Mi propuesta es que cada vez que veamos algo que nos gusta o nos atrae pensemos: ¿lo quiero o lo necesito? Una vez que respondamos esta pregunta con la mayor sinceridad posible, es necesario que tomemos una decisión: comprarlo o no comprarlo, tenerlo o dejarlo. Y después mantener la decisión que tomamos. Porque es ridículo sentir culpa después, porque el sentido es disfrutar, porque también está bueno comprarse algo lindo o comer algo rico cuando las cosas salen bien y queremos celebrarlo. Porque está perfecto hacerse un regalo a uno mismo, pero porque uno quiere y no porque lo dice el mercado.

 

 

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Información del Autor

Noelia Garola es Lic. en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, donde además realizó cursos de posgrado en Gestión de emprendimientos culturales y creativos y una Diplomatura en Recursos Humanos, además de capacitaciones y talleres sobre redacción para medios de comunicación digitales. Apasionada del teatro, las letras y la buena cocina, descubrió en el yoga un aliado para el camino de la vida, en la búsqueda de la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Actualmente se desempeña como docente de nivel superior y dicta talleres sobre comunicación corporal, donde pone especial énfasis en la importancia de escucharse a uno mismo y sentir lo que dice el cuerpo. Podes contactarte con ella a través de LinkedIn.