Enojo justo

enojo
Cualquiera puede enojarse, eso es algo muy sencillo. Pero enojarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.

“Cualquiera puede enojarse, eso es algo muy sencillo. Pero enojarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.

Aristóteles

Debajo de la mesa de casa está mi gato Pulse, queriendo asaltar por sorpresa a su hermana más grande Umma. Ésta, ya cansada de frenarlo con indiferencia porque no quiere jugar ni pelear, lo mira mal y de forma amenazante. Pulse no entiende y sigue queriendo morderle la cola. Umma lo corre. Pulse sigue perseverando y se le tira encima, Umma lo corre y le tira unos manotazos. Él sigue y la empieza a correr, ella se le tira encima lo deja inmóvil, le muerde un poco el cuello y se va. Por fin Pulse entendió. Los dos calmados se acuestan a dormir al sol que entra por la ventana.

Esta escena rememoró similares de mi infancia en la chacra, entre los distintos animales, tanto domésticos como salvajes. ¿Agresividad, enojo, supervivencia, jerarquía, territorialidad, defensa?

Me pregunté cuál sería el equivalente humano de este instinto. Enojo para la autoafirmación se me vino a la cabeza.

El enojo nos permite incomodarnos cuando hay algo del entorno que trasvasa nuestros límites, que invade nuestro territorio o quiere manipular nuestras emociones.

Reflexionando sobre mis allegadas mujeres y sobre mí,  pude observar que el enojo como inevitable, es mejor tenerlo de amigo que de enemigo.

Nos permite incomodarnos cuando hay algo del entorno que trasvasa nuestros límites, que invade nuestro territorio o quiere manipular nuestras emociones. Algo que incomoda, denota el “fuera de lugar” de la situación. Es una información sumamente valiosa que permite indagarnos, conocer nuestros límites, redefinirlos si no son adecuados y preservar nuestra psique para mantenerla saludable.

Cuando de niñas nos obligaron a reprimirlo en vez de canalizarlo para aprender de él, le colgamos el adjetivo de “malo”. Así en vez de brindarle un lugar en nuestra psique que favorezca nuestra autoafirmación y autonomía, el enojo se volvió contra nosotras mismas, reteniéndolo, acrecentándolo dentro como un dique de amargura.

De esta forma anulando nuestra capacidad de discrepar, de alejar lo que nos daña, de defendernos ante las invasiones y descalificaciones, en algún momento el dique explota, seguramente con la persona, el momento y el modo inadecuado en una descarga de ira. Y si eso no sucede, el daño comienza a ser interno, muchas veces somatizándolo, manifestando su daño en nuestro cuerpo.

El enojo es una información sumamente valiosa que permite indagarnos, conocer nuestros límites, redefinirlos si no son adecuados y preservar nuestra psique para mantenerla saludable.

En una sociedad donde el enojo se ve y se actúa por doquier como descarga externa o como castigo interno es lógico que tenga mala prensa. Me fue muy difícil encontrar autores que teorizaran sin demonizar esta emoción y sin relacionarla con la patología. Se debaten si el enojo o agresividad es innato y si la agresividad es un enojo avanzado y destructivo que debe ser corregido o evitado mediante diversos consejos antes de aprender de él, sobre todo en la infancia.

Volví a  Clasrissa Pinkola Estés y la abundante sabiduría que fluye en su libro Mujeres que corren con los lobos. Dentro del capítulo 12 podemos encontrar la siguiente reflexión:

“El hecho de ofrecer la otra mejilla, es decir, de guardar silencio en presencia de la injusticia o de los malos tratos, se tiene que sopesar cuidadosamente. Una cosa es utilizar la resistencia pasiva como herramienta política tal como Gandhi enseñó a hacer a las masas, y otra muy distinta que se anime u obligue a las mujeres a guardar silencio para poder sobrevivir en una situación insoportable de corrupción o de injusto poder en la familia, la comunidad o el mundo. Las mujeres sufren la amputación de la naturaleza salvaje y su silencio no obedece a la serenidad sino que es una enorme defensa para evitar daños. Se equivocan quienes piensan que el hecho de que una mujer guarde silencio significa siempre que ésta aprueba la vida tal como es.

Hay veces en que resulta absolutamente necesario dar rienda suelta a una cólera capaz de sacudir el cielo. Hay un momento-aunque tales ocasiones no abunden demasiado, siempre hay un momento-en que una tiene que soltar toda la artillería que lleva dentro. Y debe hacerlo en respuesta a una grave ofensa, una ofensa muy grande contra el alma o el espíritu. Una tiene que haber probado primero todos los medios razonables para que se produzca un cambio. Cuando todo falla, hemos de elegir el momento más adecuado (…). Y es justo que lo hagan.”

Hace años, luego de haber sacudido el cielo con el enojo que me salió de mis entrañas escribí:

ENOJO

Enojo que incomoda
Y obligan a callar.

Enojo que reprimen
Normalizando la sumisión.

Enojo que arde el corazón,
Que frunce ceños
Y endurece miradas.

Enojo que levanta fiebres,
Gritos, puños
Y mata ilusiones.

Enojo amargo, como el destino,
Que se repite una y otra vez.

Enojo triste, de no aprender,
A pesar de tantas lágrimas
Y tanta cabellera cortada.

Enojo de soledades acompañadas
Por imágenes con gusto a vino,
Y de compañías frías que hielan el alma.

Enojo de golpes contra paredes,
De silencios imposibles,
Y de días igualmente grises.

Enojo de no poder decir,
De saber que es en vano pronunciar palabra,
Porque el cuerpo de enfrente está vacío de alma.

Enojo incomprendido
Que busca romper cadenas
Y dejar atrás el dolor.

Enojo que preserva
La libertad conseguida.

Enojo guardián de lo justo
Y de la vida florecida.

Con el tiempo estoy aprendiendo a que el enojo sea solamente una alarma que me indica dónde mirar, dentro o fuera, de qué apartarme, cuándo llamarme a la reflexión y exponer abiertamente sin temores, con voz clara, mis discrepancias.

A que sea justo.

Lic. Paula Perticone

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Información del Autor

Transmutar. Una de mis palabras favoritas define bastante bien mi diferencial profesional. El arte de mutar, generando una versión más saludable, creativa y consciente de las personas u organizaciones, permitiendo la continua actualización de sus potenciales internos y externos. Actualmente me capacito en Desarrollo Organizacional (ITBA) para dar orientación, profesionalismo e integración a mi práctica cotidiana, profundizando mi trabajo como agente transmutador dentro de las organizaciones. Mi vida académica recorrió varios caminos y lo sigue haciendo. Me guía la obra de Carl Jung en mi profesión como Psicóloga Clínica con mis pacientes. Me capacité como Coach Ontológico para ofrecer herramientas que permitan dar el salto de lo actual a la concreción del estado deseado. Además me especialicé en Medicina Ayurveda complementando mi práctica personal de meditación, yoga y fitoterapia para brindar a mis pacientes y clientes una mirada holística sobre sí mismos. Estoy convencida que sólo transformándome a mí misma puedo ser consciente de lo cuidadoso, meticuloso y amoroso que debe ser guiar, promover e implementar un proceso de cambio, sea dentro de una individualidad como de una organización. Amo los viajes, los amigos, la naturaleza y la luna; tengo un alma inquieta que busca experiencias que posibiliten ampliar mi forma de ver, para descubrir los distintos mundos que habitan en cada persona. Amo escribir y difundir ideas que permitan abrir caminos en los demás. http://www.revistaahora.com.ar/ En Facebook: @paulaperticonepsi En LinkedIn: www.linkedin.com/in/paula-perticone