Ojos cuantificables

números
Tu edad. Las materias que te faltan por rendir. Lo que tenés que pagar a fin de mes. Tu peso... La vida es un número. O eso intentan hacernos creer.

Suena la alarma, todavía es de noche. En el momento en que abrís los ojos por primera vez al comenzar el día, el inconsciente te deja de hablar para darle paso a la realidad relativa.

Son las seis y treinta, la tele está prendida y el meteorólogo te saluda. Una vez más la mañana se convierte en medidas cuantitativas: es catorce de junio, casi mitad de mes y mitad de año, afuera hace nueve grados, faltan treinta minutos para las siete de la mañana y cuarenta minutos para salir a correr el colectivo. El boleto está nueve cincuenta, el dólar está veinticinco con treinta y en los descuentos “Hot Sale” está el celular nuevo que te gusta -pero no necesitás-, a dos mil pesos más barato.

Rendiste veintinueve materias para sentir que la vida es números, que la aguja del reloj determina tus tareas y acciones, que faltan ocho horas para volver a gastar nueve con cincuenta solo para volver a casa y creer que también necesitás un televisor nuevo para poder ver y escuchar mejor el noticiero de la mañana, que faltan seis meses para poder ver las sierras de Córdoba, que recién es jueves y falta un día para el fin de semana y tres para volverla a empezar.

Hay algo que está mal, que se clarifica cuando volvés a tu casa y te acostás a dormir. No es el momento en el que aprendiste a contar del uno al diez a los tres años, tampoco es cuando soñabas en grande en tu infancia y decías que no ibas a repetir la historia de la gente mayor, aquella que se pierde en el tiempo y en las obligaciones.

Sin embargo ahora estás en la misma situación, en ese proceso cíclico de empezar y volver a empezar siempre el mismo día, que te pesan los ojos y que te la pasás contando los números de la vida, mientras pasa el tiempo y te encontrás en la misma escena.

Tu cabeza hace ruido pero no entendés, aun así sabés cuál es la causa de tus ojos pesados: son los números, son quienes los manejan y quienes nos hacen creer que son lo que más importa.

La vista se te cierra cada vez más y la televisión queda encendida.

La voz de la publicidad te dice que si sentís cansancio, no es por tu rutina, sino porque te faltan vitaminas. En las farmacias las podes conseguir a sesenta y cinco pesos con cincuenta. Eso fue lo último que escuchaste.

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Información del Autor

Estudiante de Comunicación Social, observadora participante de la sociedad, amante de la fotografía y la naturaleza.