Las tres emociones más tóxicas

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Hace poco más de 40 años, en la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Rochester, el psicólogo Robert Ader realizó una investigación que no solo cambió la forma de concebir la salud y la curación, también constituyó el primer paso para la creación de una nueva rama de la medicina, la psicoinmunoneuroendocrinología (PINE).

Lo que la PINE plantea es que nuestro mundo emocional influye de manera concisa y directa en el funcionamiento del sistema nervioso; el sistema nervioso, en respuesta a las emociones, genera ciertos mensajeros químicos (hormonas) que afectan, para bien o para mal, la inmunología, el sistema de defensas del cuerpo.

Cada vez son más los profesionales de la salud que le prestan atención a la emocionalidad de sus pacientes. Está comprobado a través de cientos de estudios científicos, que ciertas emociones constituyen un factor de riesgo para la salud, hallándose el mismo nivel de toxicidad que el tabaco, el alcoholismo y el colesterol elevado. La intensa y recurrente emocionalidad negativa envía a todo el organismo bombardeos hormonales que no hacen más que debilitar el natural estado saludable.

Hay 3 emociones particularmente tóxicas para la salud:

La ira y sus primos hermanos, la hostilidad y el cinismo

Si te descubrís con recurrentes sentimientos de desconfianza, siendo cínico y despreciativo, si tendés a los comentarios desdeñosos: prestá atención. Estudios de la Universidad de Standford y de la Universidad de Yale concluyen que la ira, la hostilidad y el cinismo, son las emociones que más daño causan al corazón. Cuando estos sentimientos se vuelven crónicos, constituyen una verdadera amenaza para la salud. En el momento en que experimentamos ira, el bombeo de sangre disminuye considerablemente, preparando el escenario indicado para el desarrollo de enfermedades cardíacas.

El estrés (la ansiedad fuera de control)

Seguramente la ansiedad sea la emoción que más se estudió en relación al desarrollo de enfermedades. La ansiedad, devenida en estrés, es, lamentablemente, moneda corriente en la vida moderna. Se la vincula con muchísimos efectos entre los que sobresalen los siguientes: la importante alteración de la función inmunológica, el aumento de la vulnerabilidad a afecciones virales, aumento de la formación de placas en arterias, lo que conduce a la arteriosclerosis, aceleración en el inicio de la diabetes tipo I, ulceraciones gástricas e intestinales, asma, alergias, enfermedades autoinmunes, etc.

La depresión

Se caracteriza por una tristeza profunda y por la inhibición de las funciones psíquicas. La cantidad de pruebas que vinculan a la depresión con el desarrollo o empeoramiento de enfermedades, hacen que su relación con la ineficacia del sistema inmune sea innegable. Los estudios sugieren que la depresión no nos hace más propensos a contraer enfermedades, sino que impide o limita la recuperación de la salud.

La otra cara de la moneda

Hay emociones que cuando son crónicas son tóxicas y empobrecen la salud, es un hecho. Por el contrario hay otras emociones como el optimismo, la alegría y la fe que son tónicas para la salud. Al igual que con las tóxicas, las emociones tónicas también deben ser repetidas y sostenidas en el tiempo si queremos observar sus efectos a nivel físico y psíquico, y para tener, sencillamente, una vida feliz.

No es tarea menor cambiar el rumbo, hay toda una cultura detrás del pesimismo. Es muy fácil que nosotros, inmersos en ella, manejemos los mismos códigos y veamos la vida empobrecida y turbia, llena de motivos por los cuales quejarse.

La queja y el descontento son nada más que hábitos. El contento también lo es y como cualquier otro, lo podemos adquirir con práctica y paciencia. Se puede aprender a desarrollar una actitud apreciativa ante la vida, ante lo bueno que nos rodea, ante  todo lo valioso que sí tenemos. Entrenándonos cada día en esta manera de ver, desarrollamos literalmente un cerebro nuevo. Nuevos circuitos neuronales se construirán y tomarán fuerza con la práctica. El nuevo cerebro será especialista en detectar lo bello del día a día y en detectar oportunidades donde antes veíamos solo escollos. Se genera así la habilidad de agradecer, de reconocer los buenos gestos de los demás y de detectar la belleza de la vida.

Al igual que con las tóxicas, las emociones tónicas también deben ser repetidas y sostenidas en el tiempo si queremos observar sus efectos a nivel físico y psíquico, y para tener, sencillamente, una vida feliz.

Aunque parezca improbable de conseguir, no lo es. Hoy las neurociencias aseguran que para que un hábito se instale firmemente debemos sostenerlo durante 66 días.

Para incorporar el hábito del contento interior es fundamental aprender a observarse a uno mismo y:

  1. Reconocer la emoción tóxica que se oculta tras el disgusto, la queja o el descontento, cuando está ocurriendo.
  2. Elegir no ejercer la emoción, no dedicarle tiempo ni energía. Perder el tiempo en emociones tóxicas es igual a perder vida.
  3. Cambiar el foco de atención hacia alguna situación o cosa con la cualidad opuesta.
  4. Repetirlo durante 66 días.

Decidir no dedicar tiempo ni energía a esas emociones es un acto de amor hacia vos mismo, es cuidar tu salud y mejorar tu calidad de vida y la de tus seres queridos.

No lo demores más, empezá hoy mismo el desafío de ser feliz.

 

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