¿Qué es la teoría de la mente?

teoría de la mente
La teoría que explica la capacidad que tenemos para atribuir estados mentales a otras personas, sean pensamientos o emociones, distintos de los propios.

La teoría de la mente explica la capacidad de las personas para atribuir estados mentales a otros individuos, sean pensamientos, emociones o percepciones, distintos de los propios. También se puede hacer referencia a esta facultad como “mentalismo”, una habilidad para inferir lo que pasa en la mente del otro.

Nacemos equipados con la máquina (como si fuera el hardware) que infiere los estados mentales de quien tenemos delante, y también disponemos del programa para hacerlo (el software). Así, la «teoría de la mente» se va desarrollando de manera gradual, y si bien existen formas precarias (¡pero efectivas!) hacia el año de edad, es a partir de los 3 años que se hace más rica y completa, movimiento siempre paralelo a la adquisición del lenguaje. Por esto los niños que por alguna enfermedad no logren adquirir o desarrollar el lenguaje tendrán siempre una capacidad mentalista mucho menor. Por otro lado, algunos trastornos del neurodesarrollo, como es el caso del autismo, también afectan notablemente esta habilidad. A los 5-6 años esta facultad está ya muy pulida, pudiendo el niño contemplar con bastante exactitud los estados subjetivos en los otros.

Esta capacidad es la herramienta más importante para vincularnos de manera efectiva con nuestros cuidadores y, por supuesto, también con otras personas.

La “teoría de la mente” implica, primero, que uno puede reconocerse como diferente del otro, luego, entiende los pensamientos y emociones como estados mentales o productos de la mente, y, finalmente, ensaya modos de comprensión de lo que sucede en la mente del otro. Aunque nunca hayamos reparado en esto, desde muy chicos sabemos que el otro tiene una mente y que ahí dentro pasan cosas: de esto se trata, dicho de manera bien sencilla esta facultad mentalista. Por último, para avanzar en este epidérmico repaso, los canales por los que recibimos esta información sobre los estados mentales del otro son los sentidos: nos comunicamos por medio del lenguaje verbal (la palabra) y no verbal, como expresiones faciales, actitudes y comportamientos (esta forma de lenguaje, muchas veces desvalorizada, es muy relevante). Luego, ese material que se percibe va a ser procesado por la propia mente, por lo que estas inferencias siempre incluyen el sesgo personal, no son puras ni son un reflejo exacto de lo que el otro piensa o siente. Este sesgo es diferente en cada cuento, es, en parte, lo que hace única a cada persona.

Esta capacidad mentalista se sostiene, al menos en parte, por un sistema neural complejo en el cual las “neuronas espejo” juegan un papel protagónico.

Las “neuronas espejo” son para las neurociencias la unidad fundamental que explica la respuesta a los estímulos interpersonales, la base fisiológica en la que se sostiene la facultad mentalista: reflejan adentro lo que ven afuera, lo imitan.

 La activación de estas neuronas, dispuestas en complejos circuitos de percepción y ejecución, no sólo se da en el momento concreto en el que la persona realiza una acción, cuando el otro hace algo (por ejemplo, agarrar una taza con la mano), sino también cuando al otro le pasa algo (por ejemplo, siente tristeza al escuchar una canción). Incluso se evidencia su encendido con sólo imaginar un acto o un cambio en el estado del otro, algo así como reflejar adentro lo que creo que le pasaría al otro si… Finalmente, lo que hacen estas neuronas es copiar o simular lo que sucede en la cabeza del otro, representándose internamente lo que piensa, siente y/o puede llegar a hacer. Y esta percepción no se da sólo en el pensamiento o un razonamiento conceptual sino también a través de una movilización directa de las propias emociones. Por esto, estos complejos circuitos compuestos por las neuronas espejo, no sólo nos permiten suponer lo que el otro siente, sino que de alguna manera nos pone en su lugar: son, así, la base de la empatía.


Texto extraído de “Neurociencias para Educadores”

Lucas Raspall (2017). Neurociencias para Educadores. Rosario: Editorial Homo Sapiens.

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Información del Autor

Mi nombre es Lucas Raspall. A veces soy médico, otras veces psiquiatra. Muchas veces soy psicoterapeuta o acupuntor. Con mucho descaro soy músico, pintor y, por qué no, escritor. Soy estudiante, profesor universitario y de posgrados, conferencista y divulgador. Soy un espectador privilegiado de mi propia mente e investigador incansable de sus laberintos. Soy experto en nada y confeso principiante en todo. Soy hijo, hermano y padre, por esto, soy niño y adulto. Soy marido de la mujer que amo y novio eterno de la vida. En definitiva, soy una persona: nada más que un millar de caras, cambiando a cada rato.
CV abreviado:
-Médico Psiquiatra (UNR).
-Psicoterapeuta Cognitivo Posracionalista (CETEPO – UCA).
-Especialista en Psicoterapia Zen (AAPZ).
-Acupuntor (SAA, IAMTC).
-Psiconeurocupuntor (AEPNA).
-Profesor (UCALP).
-Docente universitario (UAI, UCALP, IUGR).
-Docente invitado en cursos de posgrado y maestría (UNL, UNR).

Publicaciones del autor:
-Neurociencias para educadores (Homo Sapiens, 2017).
-Un juguete llamado mente (UNR Editorial, 2016).
-Cuánticamente. Redes enredadas (UNR Editorial, 2014).
Y cuatro libros más.