Empatía y asertividad

asertividad
Ponemos bajo el microscopio dos elementos que sobresalen a la hora de construir vínculos sanos: la empatía y la asertividad.

Ya vimos en la anterior publicación de qué trata la teoría del apego; ahora vamos a poner bajo el microscopio dos elementos que sobresalen a la hora de construir vínculos sanos, dos piezas que fundamentales que saben ser complementarias entre sí: empatía y asertividad.

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de entender lo que pasa por su mente, cómo se siente, qué piensa y por qué.

El primer paso para desarrollar la empatía es conocer las emociones en la propia experiencia. Ponerles nombre, investigarlas. Luego, para entender qué pasa en la mente del otro es necesario tomar una cierta distancia de la nuestra, para no leer desde nuestra perspectiva sino intentar hacerlo desde la mirada del otro, con su forma de ser y su historia a cuestas. Sólo de este modo validamos su experiencia. La empatía se manifiesta en saber escuchar, en interesarse por lo que el otro cuenta y en comprender lo que siente, sin estar tan pendientes de nosotros mismos, de nuestras sensaciones y pensamientos. Es una capacidad que se vale también de otras observaciones, no sólo lo referido explícitamente, sino lo que se lee a partir de lo no verbal, la expresión facial, lo gestual, la postura corporal. Si querés, podés revisar en anteriores publicaciones de qué trata la “teoría de la mente”, para profundizar tu conocimiento sobre esta humana capacidad de inferir lo que pasa en la mente del otro.

El primer paso para desarrollar la empatía es conocer las emociones en la propia experiencia.

Siempre debemos apuntar a una consciencia reflexiva que permita observar las propias emociones y a una comprensión empática de lo que está viviendo quien tenemos al lado. Podemos enseñar a observar con más atención a quien nos habla, precisando el mensaje que nos quiere dar. Pero debemos ser cuidadosos, porque, en ocasiones, esta comprensión puede girar hacia una rumiación empática y hasta a un contagio emocional. Son estaciones ciertamente diferentes: esto debe ser enseñado. Algunas personas, frente a situaciones que viven otros de su entorno, pueden quedar pegados a su vivencia, perdiendo la posibilidad de tomar una cierta distancia y pensar. De esto se trata la rumiación empática, una preocupación que se teje con las formas de un laberinto del que no se puede salir. Y en ocasiones pueden también disparar sus propias emociones a niveles muy altos, desregulándose, haciendo propia la experiencia del otro, contagiándose.


Neurociencias. La red de neuronas implicadas en la empatía activa el sistema límbico del mismo modo que lo hacen los estímulos directos. Por eso éste puede comenzar a trepar en un espiral que parece no tener fin y la red cortical prefrontal puede perder su voz: esto es lo que sucede en el contagio emocional. Ahora ya no hay una persona llorando por lo que le sucede y otra buscando la manera de coordinarse, acompañar y contener, sino ¡dos personas llorando que no pueden ayudarse! Quien se contagia, aunque sea temporariamente, ya no puede ayudar. En otras ocasiones, en el polo contrario, la red de la lógica suena tan fuerte que no se logra escuchar la débil voz de la empatía. Como si se tratara de dos aparatos electrónicos buscando, sin éxito, conectarse vía bluetooth. Sin conexión, no hay empatía; una persona llora y la otra no puede representarse adentro lo que está sintiendo. Sólo una catarata de consejos racionales que no llegan a destino. ¡Y quizás sean buenos consejos! Pero… los dispositivos no pudieron conectarse.


Ahora pasemos a observar la segunda muestra de nuestro experimento: es turno de poner bajo la lente del microscopio a la asertividad.

La asertividad puede definirse como la habilidad para expresarse de manera abierta, sincera, directa y adecuada, logrando manifestar los propios sentimientos e ideas, haciendo valer los propios derechos sin agredir.

Sólo con asertividad facilitamos una comunicación sincera, aprendemos a reconocer las necesidades del otro y a poner nuestros propios límites, ¡sin sentir culpa! Esta capacidad obliga a explorar y conocer los propios sentimientos, la manera de pensar, los valores. No se trata de quedar bien, o decir lo que el otro quiere oír, sino exponerse por algo que es más importante que esto. Exige aprender a describir hechos concretos sin teñir de manera excesiva con matices subjetivos; busca precisión, objetividad. Obliga a correrse del juicio de las intenciones, como si el otro fuera bueno o malo, cosa que puede mover la aguja hacia la pasividad o la agresividad. Sin buscar culpables pretende encontrar salidas a un conflicto, proponer alternativas y evaluar las consecuencias.

La asertividad obliga a explorar y conocer los propios sentimientos, la manera de pensar, los valores.

La conclusión se desprende sola: qué importante es aprender a expresar lo que sentimos y pensamos de manera amable pero firme. Tanto como saber recibir las palabras del otro cuando buscan una observación destinada a mejorar el vínculo, con una posición de apertura, respeto y genuino interés. Aunque no lleguemos a ponernos de acuerdo, porque, para construir vínculos sanos, las diferencias deben saber convivir en el mismo espacio.


Texto extraído de “Neurociencias para Educadores” y modificado.

Lucas Raspall (2017). Neurociencias para Educadores. Rosario: Editorial Homo Sapiens.

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Información del Autor

Mi nombre es Lucas Raspall. A veces soy médico, otras veces psiquiatra. Muchas veces soy psicoterapeuta o acupuntor. Con mucho descaro soy músico, pintor y, por qué no, escritor. Soy estudiante, profesor universitario y de posgrados, conferencista y divulgador. Soy un espectador privilegiado de mi propia mente e investigador incansable de sus laberintos. Soy experto en nada y confeso principiante en todo. Soy hijo, hermano y padre, por esto, soy niño y adulto. Soy marido de la mujer que amo y novio eterno de la vida. En definitiva, soy una persona: nada más que un millar de caras, cambiando a cada rato. CV abreviado: -Médico Psiquiatra (UNR). -Psicoterapeuta Cognitivo Posracionalista (CETEPO – UCA). -Especialista en Psicoterapia Zen (AAPZ). -Acupuntor (SAA, IAMTC). -Psiconeurocupuntor (AEPNA). -Profesor (UCALP). -Docente universitario (UAI, UCALP, IUGR). -Docente invitado en cursos de posgrado y maestría (UNL, UNR). Publicaciones del autor: -Neurociencias para educadores (Homo Sapiens, 2017). -Un juguete llamado mente (UNR Editorial, 2016). -Cuánticamente. Redes enredadas (UNR Editorial, 2014). Y cuatro libros más.