Atravesar el miedo

atravesar el miedo
A veces hacemos un trueque bastante macabro con nuestra vida. Para no perderla en los miedos del amor, la aventura, los viajes, los sueños, la muerte; la perdemos perdiendo el tiempo.

Historia del miedo
 La luna tenía que decir algo a la tierra, y envió a un escarabajo.
El escarabajo llevaba algunos millones de años en el camino, cuando en el cielo se cruzó con una liebre.
-A este paso, nunca llegarás -advirtió la liebre, y se ofreció a llevarle el mensaje.
El escarabajo le pasó la misión: había que decir a las mujeres y a los hombres que la vida renace, como renace la luna.
Y la liebre se lanzó a toda carrera hacia la tierra.
A la velocidad del rayo aterrizó en la selva del sur del África, donde en aquellos tiempo vivía la gente, y sin tomar aliento les transmitió las palabras de la luna. La liebre, que siempre se va sin haber llegado, habló en su atropellado estilo. Y las mujeres y los hombres entendieron que les decía:
-La luna renace, pero ustedes no.
Desde entonces, tenemos miedo de morir, que es el papá de todos los miedos.
 Eduardo Galeano

A veces hacemos un truque bastante macabro con nuestra vida. Para no perderla en los miedos del amor, la aventura, los viajes, los sueños, la muerte; la perdemos perdiendo el tiempo. Y la gran ciudad de cemento es especial para esto.

Nos dan tanto miedo nuestros deseos y naturaleza, que hasta los escondemos de nosotros mismos en los deseos de los otros. Y vamos por el mundo llenos de pendientes ajenos que el consumismo del bendito capitalismo nos quiere imponer para seguir su rueda. Y así tenemos pendiente, el úlitmo jean, la casa, un perro, la tele más grande, conocer un sinfín de restaurantes, hijos, las obras de teatro de moda, el cine y hasta para mucha gente los amigos son pendientes a realizar para cumplir con la cuota de pendientes. La ilusión de espantar a la muerte consumiendo lo que nos imponen para “aferrarnos” a la vida.

Nos dan tanto miedo nuestros deseos y naturaleza, que hasta los escondemos de nosotros mismos en los deseos de los otros.

Imposible el disfrute. Disfrutar se transforma en un pendiente también. Pasamos de tener proyectos a pendientes. En el proyecto el tiempo es mío, en el pendiente el tiempo es del otro: de la sociedad que impone un tiempo, un ritmo para tener lo que hay que tener ahora porque detrás vienen más cosas por tener o hacer que destierran lo que recién acabás de adquirir o de realizar. Nos perdemos en los otros y no en nosotros mismos. Y vivimos la vida del otro para no vivir la nuestra. Y el qué dirán, y el cuánto salió, y él tendría que haber hecho esto y no aquello, y si hago lo que quiero me voy a quedar sola (igual estás sola si no podés ser quien sos), y si digo lo que pienso, o lo que me gusta me van a mirar raro, y así … Agotador.

Lentamente nos volvemos un cemento gris, predecible, muy frío o muy caliente, donde el viento no altera ni permite movimiento, la lluvia no regala olores y todo sucede exactamente igual, mecánicamente una y otra y otra vez.  Hemos perdido la mutabilidad y el riesgo de la vida representada por su naturaleza.  Nos atemoriza tanto que nos convertimos en grandes destructores, cortándola, quemándola, ocultándola, maquillándola, consumiendo para detener el tiempo,  y así mantenernos inmutables, inmortales.

De repente algo pasa que todo lo detenido irrumpe en una inundación que arrasa o en un huracán que nos hacer despertarnos en otras ciudades, con otras personas y con nuestros propios sueños y deseos. Pero cuando todo va calmándose y pensamos que ya lo peor había pasado, nos toca aceptar de forma amable o colérica el dolor de que vengan todas juntas las oportunidades desaprovechadas y furiosas toquen la puerta y nos cuestionen: ¿qué hiciste con tu vida, con tu tiempo?

La vida es una mezcla de muerte y renacimiento continuo que muy pocos están dispuestos a atravesar.  La vida se crea perdiéndose y ganándose, infinitas e irrepetibles veces.

Cuando todo se remueve, muta, muere y siempre detrás aparece la naturaleza, la esencia. Allí uno se encuentra una y otra vez, más auténtico. Uno se pierde para ganar experiencias que lo traen nuevamente de regreso. Para confirmar lo que la esencia ya intuía y no se atrevía a vivir. Perderse en uno hace que el recorrido sea realizado. No perderse o perderse en los deseos de los demás, seca la vida que es peor que la muerte. Volver a uno mismo luego de la tempestad es maravilloso, encontrar con que ya no es como era pero es más uno mismo. La vida es una mezcla de muerte y renacimiento continuo que muy pocos están dispuestos a atravesar.  La vida se crea perdiéndose y ganándose, infinitas e irrepetibles veces.

Acá comienza el proceso más trasformador y saludable, el de duelarnos y volver a elegir desde la consciencia. Y se puede elegir de tantas oportunidades una, o algunas con suerte, pero son nuestras y contienen nuestra esencia.

Lamentablemente para algunos ojos, saber qué se quiere suele confundirse con prepotencia, arrogancia, o ignorancia ilusa y para otros no es conveniente porque los enfrenta en un espejo que todavía no se pueden ver o que no les conviene tener cerca.

Estar en este saber que es incansablemente dinámico es fruto de un gran y generalmente doloroso trabajo y de una conexión que una vez reconocida, es la guía de nuestros pasos por este camino.

Llega un momento de la vida, libre de cronología, que si no nos conocemos, aunque sea en nuestros aspectos y deseos más profundos, haremos mucho daño, a los demás y a nosotros mismos. Es necesario establecer ciertos No, y dejar de mentirnos con esa ilusión omnipotente de que cualquier cosa puede ser para uno. No cualquier cosa, porque no somos intercambiables.

Poseemos una profunda individualidad, seamos o no consciente de ella. Esa originalidad, nos acompaña toda la vida, sólo hay que ir sacándole los velos para enfrentarla cara a cara y reconocernos. Seguramente sean muchos más los Sí que los No. Pero es necesaria una delimitación para poder crecer y expandirse.

Somos un gran misterio que late en una paradoja continua de renacimientos. Atravesar el miedo nos lleva a la nueva vida.

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1 Comentario

  • Como siempre Paula, ¡un placer leerte!
    Cada vez que leo un artículo tuyo me queda resonando por varios días. Me plantea desafíos.

    Y atravesar el miedo y establecerse en el renacer continuo NO es poca cosa. Tengo trabajo por delante…

    GRACIAS!

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Información del Autor

Transmutar. Una de mis palabras favoritas define bastante bien mi diferencial profesional. El arte de mutar, generando una versión más saludable, creativa y consciente de las personas u organizaciones, permitiendo la continua actualización de sus potenciales internos y externos.

Actualmente me capacito en Desarrollo Organizacional (ITBA) para dar orientación, profesionalismo e integración a mi práctica cotidiana, profundizando mi trabajo como agente transmutador dentro de las organizaciones.

Mi vida académica recorrió varios caminos y lo sigue haciendo. Me guía la obra de Carl Jung en mi profesión como Psicóloga Clínica con mis pacientes. Me capacité como Coach Ontológico para ofrecer herramientas que permitan dar el salto de lo actual a la concreción del estado deseado. Además me especialicé en Medicina Ayurveda complementando mi práctica personal de meditación, yoga y fitoterapia para brindar a mis pacientes y clientes una mirada holística sobre sí mismos.

Estoy convencida que sólo transformándome a mí misma puedo ser consciente de lo cuidadoso, meticuloso y amoroso que debe ser guiar, promover e implementar un proceso de cambio, sea dentro de una individualidad como de una organización.

Amo los viajes, los amigos, la naturaleza y la luna; tengo un alma inquieta que busca experiencias que posibiliten ampliar mi forma de ver, para descubrir los distintos mundos que habitan en cada persona. Amo escribir y difundir ideas que permitan abrir caminos en los demás.
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