Almendras y resoluciones de año nuevo

receta de leche de almendras
Este artículo no se trata de un conjuro mágico con almendras para que nuestras buenas resoluciones de Año Nuevo lleguen a término.

Aunque con decepción, debo admitir que este artículo no se trata de un conjuro mágico con almendras para que nuestras buenas resoluciones de Año Nuevo lleguen a término. En realidad es una invitación para ver si logro interesarte en una nueva resolución que involucra una riquísima y sencilla receta de leche de almendras.

Estamos en enero y todavía nos siguen resonando esas simpáticas resoluciones de Año Nuevo. ¿Quién no las tiene? Bajar de peso, cambiar de trabajo, ir al gimnasio, hacer del mundo un lugar mejor… Por lo general, para principios de febrero, nuestras buenas intenciones se esfumaron sin darnos cuenta…

Se me ocurre que la razón de esta disipación puede estar en que les ponemos el nombre de resoluciones… Y resolución es una palabra pesada: tomar una acción determinante para resolver una dificultad o un problema. Cuando en realidad, cualquier cambio en nuestra vida, debería ser visto como una oportunidad de experimentar.

Por ejemplo, podemos decirnos: «Uy tengo que bajar 10 kilos, me veo mal. No me queda otra que ir al gimnasio. ¡¡Pero nunca me engancho!!». O podemos optar por «conversarnos» de esta manera: «Me gustaría verme algo diferente, más bonita de lo que soy. Voy a intentar probar con ir una vez a la semana en el gimnasio, o dos. Ver como me siento… Fijarme qué es lo que me gusta: zumba, bicicleta, musculación, yoga, aeróbicos, anaeróbicos… Lo que haya. Aunque tenga que estar haciendo una actividad distinta todos los meses para dar con lo que realmente disfruto».

¡Hay un mundo de diferencia! Nos estamos dando la oportunidad ! Ya no es una obligación que hago con pocas ganas, sino que es una excursión al territorio de gym.

Cualquier cambio en nuestra vida, debería ser visto como una oportunidad de experimentar.

Justamente, mi intención es nos hagamos una excursión al poco explorado territorio de la alimentación conciente y vegana: probando una cocina distinta, riéndonos de las dificultades que encontramos en el camino y por sobre todo: haciéndonos compañía.

Personalmente empecé a recorrer este sendero hace algunos años… Y tengo que admitirlo: ¡Hipócrates sabía de lo que hablaba cuando decía ‘que tu alimento sea tu medicina’! Se puede llegar a esta forma de alimentación, sin ningún producto animal, por diferentes razones, la mía fue por salud (aunque ha sido un sendero con el cual me he cruzado varias veces). Llegué con 14 kilos de más, un cuadro de diabetes, y sin fuerzas ni para mover un mueble a dos metros de distancia ¡literalmente!. En ese momento ni lo pensé: mi cambio alimentario fue de un día para el otro. Adiós grasas, bienvenida vida. Y en ese momento me pareció un milagro: 40 días después mis análisis decían que mi cuerpo era otro, que había comenzado el camino de la salud. Y comenzó a cambiar mi vida, para bien. Siempre para bien.

¡Hipócrates sabía de lo que hablaba cuando decía ‘que tu alimento sea tu medicina’!

Y las cosas de esta vida, cuando son buenas: ¡doblemente buenas si son compartidas! Por eso, mochila al hombro, nos preparamos para la excursión al territorio de la cocina, y qué mejor que empezar el día con un buen café con leche de almendras. Te prometo que no vas a arrepentirte.

Los ingredientes son pocos, poquísimos, y la vas a hacer en un chasquido de dedos.

Receta de leche de almendras

Para hacer un litro de leche vamos a necesitar 20 o 25 almendras y agua (siempre es mejor filtrada).

receta de leche de almendrasLo primero que hacemos es poner a remojar las almendras en agua fría por 8 horas. Después tiramos el agua del remojo y las ponemos con un litro de agua filtrada en la licuadora hasta que el líquido se ponga totalmente blanco y no se vean trocitos grandes. Y ahora filtramos la leche con un cedazo. Yo utilizo de muselina blanca que tengo especialmente para trabajar en la cocina; también podés comprar unas bolsas de liencillo que venden en algunos bazares.

Y ya está. A disfrutar sin medida.

Para que no me quede nada en el tintero te cuento algunas cositas:

  • Podés pelar las almendras si querés, la única diferencia que vas a encontrar es que la leche con cáscara es un poquitín más oscura. Una cosita: la idea es pelar uno mismo las almendras orgánicas, no es conveniente comprar las almendras ya peladas, porque han pasado por un proceso industrial y no tienen los mismos nutrientes.
  • Si no tenés licuadora, con una minipimer alcanza. Ponele un poco menos de agua porque sino la leche te va a quedar en el delantal.
  • Con la pulpa resultante podés hacer una riquísimo dulce de almendras.

Ahora nos tomamos el cafecito con leche y arrancamos ¿te parece?

Mariángeles Dallavía

 

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Información del Autor

Mariángeles Dallavía es licenciada y profesora en Comunicación Social… Bahh, en realidad no. Eso es lo que estudió. ¡Vamos de nuevo! Se formó en comunicación y educación, y luego buscó conocer más sobre tecnologías digitales. Ejerció como profesora universitaria; capacitador y maestra de informática para adultos mayores. Pero, como la vida tiene de esos maravillosos virajes que dejan abrazada a una duda… Hace algunos años abandonó la educación formal y se mudó a la cocina: ahora da talleres de transición a la cocina conciente y vegana. Plantea que su perfil de comunicador le ha mostrado que las palabras pueden sanar y que la comunicación hace posible el cambio. Por otra parte, dice que la tecnología le ha facilitado su vocación de conectar con el mundo y los otros, vicio que despunta a través del blog Cocina Verde Pasión. Ángeles (para los amigos), es una persona ávida de nuevos conocimientos, va armada por la vida con una curiosidad insaciable. Se dice enamorada del aikido y apasionada por la montaña. Fiel creyente de que cada día es una nueva oportunidad para andar un camino y escribir una historia. Podés encontrarla en: Facebook, Instagram, Twitter o Google+. Más sobre Mariángeles: https://about.me/mariangeles.dallavia​