La integridad de los alimentos (¡y unos alfajorcitos deliciosos!)

¿Alguna vez te preguntaste cómo fue que comenzamos a comer todos los días, a toda hora y en todo instante harinas refinadas? ¿Cómo fue que a esto le agregamos otros productos sin color como el azúcar blanco, la sal de mesa y la leche? ¿Es natural que sean alimentos sin colores?

Te propongo que pienses por un instante en tus hábitos diarios, que frenes el motor superior, que no le cargues combustible al cuerpo (alimento) y que solo pienses qué hábitos alimenticios tenés a diario. Luego, el segundo paso, es que esos “alimentos” que están en tu rutina diaria los desgloses: que puedas ahondar en los materiales con que están producidos, si en su proceso de producción o elaboración intervino la mano del hombre o si hubo mezcla de alimentos para formar ese producto, que te des cuenta si es natural y neutro y que observes si su producción tiene algún proceso que puedas obviar en caso de así quererlo.

Te voy a dar un pequeño ejemplo: con esta dinámica, una alumna un día me respondió:

“Todos los días yo como una rodaja de pan a la mañana con queso blanco untable, dulce de leche y un café con leche.  A media mañana me como una barrita de cereal que me compro en el supermercado. Al mediodía me como una tarta o una empanada o un sándwich y a veces una ensalada que me llevo de casa…” Todavía nos falta el resto del día, pero con esto ya estamos para hacer un freno y tomar conciencia sobre este testimonio.  

  • Rodaja de pan: harina en este caso refinada con algo integral, sal, depende el caso grasa o manteca, margarina o aceite, agua y levadura.
  • Queso blanco (blanco): lácteo, sal, azúcar refinado agregado y agregados químicos.
  • Dulce de leche (marrón): lácteo, azúcar refinado agregado y agregados químicos.
  • Café (negro): grano de café y azúcar blanca tostada.
  • Leche industrializada (blanco): lácteo.
  • Barra de cereal (de supermercado): cereal frito e industrial, aceite hidrogenado, azúcar refinado o edulcorante sintético químico.
  • Tarta, empanada o sándwich (blanco y colores opacos por la sobre-cocción): harina refinada, depende el caso grasa, manteca o margarina, sal y el relleno variable.

A lo que voy con este desglose, a veces poco divertido, es a que abramos los ojos para ver cómo en las comidas, aún cuando pensamos que estamos teniendo hábitos alimenticios que no nos generan desbalances, estamos consumiendo alimentos muy monótonos, con poca información nutricional, con falta de vitalidad y energía, con poco o nada de pigmentos y principios nutricionales activos y, lo que a veces nos resulta más difícil de identificar, con muchos químicos alimentarios que se agregan por varios motivos (defendidos por algunos) y que se pueden evitar regresando a la naturaleza del origen del alimento y del cuerpo.

Volviendo, entonces, a la información que tenga el alimento: que tenga colores vivos, sabores, olores, texturas, nos va a definir la integridad de ese alimento. Si ese alimento es totalmente blanco, sin impurezas, con un solo nutriente (cloruro de sodio), no estará dentro de alimentos que nos nutran de una forma íntegra y completa, porque ya no son completos y se refinaron. Entonces volver a la integridad es el segundo mensaje de hoy con esta nota.

Ahora yendo a lo más práctico, “¿qué hacemos para revertir esta situación incómoda de mis hábitos alimenticios diarios?” Esto le contesté a la persona que me dio la rutina diaria de su alimentación:

“Podemos comenzar por incorporar cosas ricas y nutritivas, integrales, sin refinado, con simpleza, y que podamos consumirlas con solo un abrir y cerrar de ojos. Para paliar el exceso de harina blanca que consumís (sumémosle también que todas las tarde la señora comía un alfajor de maicena), yo quiero darte una preparación de un alfajor muy simple del cual podés comer cuantos quieras. Y lo más lindo: cuando tengas ganas de comer y nutrirte con algo dulce, que ahí esté la opción, con los alimentos en estado natural, para mezclar vos con tus manos y una licuadora, y disfrutar, es decir, sacarle el fruto a esta preparación.”

Alfajores de Manzana e Higo

Capas

MANZANA ROJA

  • Cortar las manzanas en rodajas del grosor que más te guste.

Dulce interno del alfajor

MANJAR DE HIGOS

  • 200 gramos de higos frescos o secos rehidratados en agua pura
  • 200 gramos de pasas de uva negras rehidratadas en agua pura
  • 1 cucharada de canela
  • 5 gotas de esencia de vainilla
  • Agua u horchata de semillas o frutos secos c/n
  • 2 cucharadas de aceite de coco

Volcamos todos los ingredientes del manjar en la licuadora, multiprocesadora o mixer. Encendemos y le vamos agregando el agua u horchata y el aceite de coco derretido hasta que quede una preparación homogénea y lisa. Guardamos y refrigeramos. Al cabo de 10 minutos ya habrá tomado cuerpo y consistencia por el aceite de coco. Podemos ya armar los alfajorcitos y servirlos en la merienda, para nosotros, para nuestros hijos, para la gente que quieras con un rico jugo de naranja y zanahoria.

“No dejes que la vida te pase, pasa una vida plena y con una salud íntegra.”

Disfrutemos los momentos de la cocina para estar con nuestros hijos, ellos son el tesoro más preciado que tenemos, no solo por ser parte de nuestra creación, sino por ser nuestros mayores maestros. Pongámonos el gorro de cocinero y dejemos que sus instintos nos absorban.

¡Por más salud y más arte! Namaste.

Matías Amadasi

 

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Información del Autor

Chef Yogui Consciente, nacido en Buenos Aires, Argentina (25 años). Se ha graduado como Técnico Universitario en Gastronomía en la UADE y el IAG de Buenos Aires y como profesor de Yoga Siromani en Yoga Sivananda. Trabajó en prestigiosos hoteles de Buenos Aires (Hilton, Emperador y Loi Suite), en diferentes servicios de catering (como Los Petersen en la Rural), restaurantes de Buenos Aires y el partido de la costa atlántica y su propio local de comida (Lo de Matias). Creó “El Arte del Buen Comer”, desde donde actualmente difunde una alimentación fisiológica, naturista y sustentable en Argentina, Uruguay y Chile por medio de cursos y talleres teóricos-prácticos, enseñanza a gastronómicos y profesionales de la salud y asesoramiento a restaurantes y hoteles. A partir de su trabajo con el yoga formó una dinámica a la que llamó “El Yoga de la Nutrición”, donde fusiona su trabajo con la dinámica de unión del Yoga y los buenos hábitos que a diario nos unen en cuerpo, mente y espíritu a partir de disciplinas es el alimentarse y nutrirse.