Guiso de espinacas y garbanzos

Le hacemos frente al frío con un delicioso plato digno de Popeye.

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Imposible obviar la espinaca de nuestros platos: además de la versatilidad que nos permite a la hora de cocinar, posee innumerables beneficios para el cuerpo. ¿Quién no se acuerda de Popeye devorando sus espinacas para adquirir poderes sobrenaturales?

La espinaca es un alimento con un gran valor nutricional que se adapta fácilmente a diferentes climas, lo que hace que sea muy fácil de cultivar en tu propia huerta.

Sus propiedades, como dijimos, no son escasas. Sus hojas poseen gran cantidad de carotenoides, vitamina A, Vitamina E, Vitamina C, Vitamina B9, Vitamina V6, magnesio y potasio. En cuanto al aporte de hierro, al que le debe su fama internacional, en la actualidad se sabe que otras plantas de hoja comestibles como el perejil o la acelga, contienen niveles superiores al presente en la espinaca.

  • Los carotenoides presentes en gran cantidad en la espinaca actúan como un antioxidante y fortalecen al sistema natural de defensas.
  • La vitamina E protege las membranas celulares estimulando al sistema inmune, evitando la destrucción de glóbulos rojos con la consecuente formación de trombos y es un tónico para el sistema nervioso.
  • La Vitamina B6 por su parte favorece la formación de glóbulos rojos, interviene en la síntesis de carbohidratos, proteínas y grasas. Además participa en la formación de anticuerpos.
  • El calcio presente en la espinaca contribuye al fortalecimiento de huesos y dientes. El calcio ayuda a bajar los niveles de colesterol.
  • La Vitamina A participa en el crecimiento y reparación de los huesos y dientes; también contribuye al desarrollo celular de mucosas, epitelios, piel, cabello y uñas.

Para que en estos días fríos no te falten nutrientes y calor, te convidamos con esta deliciosa receta que le encantaría a Popeye:

Guiso de espinacas y garbanzos

¿Qué necesitás?

  • ½ kg de hojas frescas de espinaca.
  • 400 gr de garbanzos.
  • 1 cebolla picada.
  • 1 morrón rojo picado.
  • 2 dientes de ajo picado –no tan finito-.
  • 3 tomates frescos.
  • 3 tomates secos (rehidratados durante 2 horas).
  • Jengibre fresco, un trozo pequeño.
  • Aceite de oliva, a tu gusto.
  • Sal marina, a tu gusto.
  • Perejil fresco, opcional, a tu gusto.

Manos a la obra

  1. Cociná los garbanzos, que dejaste en remojo al menos 8 horas, y reservá.
  2. Cociná las hojas de espinacas, previamente lavadas, al vapor apenas unos minutos. Reservá.
  3. En una sartén profunda calentá aceite de oliva –aproximadamente dos cucharadas- y, una vez caliente, agregale el ajo, la cebolla y el morrón. Dejá que apenas se doren.
  4. Una vez cocinados los ingredientes anteriores agregá los 3 tomates pelados y cortados en trozos pequeños. ¡Acordate de retirarle las semillas! Rectificá con sal. Tapá la sartén y dejá que se cocine a fuego lento unos 20 minutos.
  5. Mientras tanto picá las hojas de espinaca cocidas muy chiquito –si preferís una consistencia más cremosa podés procesarlas-. Picá también el perejil y rallá el jengibre sin piel.
  6. Transcurridos los veinte minutos agregá a la sartén la espinaca y los garbanzos y revolvé. Tapá y cociná 5 minutos más. Apagá el fuego, añadí el jengibre rallado, los tomates secos que rehidrataste cortados en tiritas y mezclá bien. Tapá y reservá 5 minutos.
  7. Serví en platos hondos espolvoreando los platos con el perejil
  8. ¡Disfrutá esta delicia!

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