Beber agua: cuándo y por qué

Gracias al elemento agua se desarrollaron las formas de vida física más primitivas y poco a poco llegamos hasta las estructuras vitales más complejas.

Está en nuestra vida a diario, es esencial. Muchas de las actividades cotidianas más insignificantes dependen del agua. Gracias a ella nos bañamos, regamos el jardín, limpiamos nuestros elementos de uso habitual,  cocinamos y un largo etcétera.

Resumiendo, el  agua es VITAL, imprescindible, tanto para el ser humano, como para el mundo que él  habita.

Ya sabemos que nuestro cuerpo está formado en gran medida por esta sustancia: entre el 60% y 75% del peso corporal es agua. Este porcentaje varía mucho de acuerdo a la edad. En los bebés y niños el porcentaje es mayor como también sus necesidades de consumirla.

Analizando estos porcentajes con más precisión, vemos que en el adulto el 75% de los músculos, el 22% de los huesos, el 83% de la sangre y más del ¡¡80% del cerebro!! es agua.

¿Estás de mal humor? ¡Tomá agua!

Beber suficiente agua beneficia todos los sistemas corporales.

Ahora los científicos nos dan una razón más para hidratarnos bien. Se descubrió que la deshidratación tiene un impacto directo en el cerebro y sus funciones (recordá que más del 80% del cerebro es agua).

Se observó que solo con un 1,5% de deshidratación el estado de ánimo se ve significativamente afectado. Entre los efectos de esta leve falta de líquido corporal encontramos niveles bajos de energía, dolor de cabeza, somnolencia, irritabilidad, dificultad para concentrarse y mantenerse alerta, y confusión.

Las personas estudiadas manifestaron incapacidad para mantenerse en calma y sentirse felices.

¿Cuándo?

Si bien, como el sentido común lo indica, debemos beber agua cuando sentimos sed, hay momentos del día que resultan claves para hacerlo:

  • A la mañana: tomar en ayunas 1 o 2 vasos de agua a temperatura ambiente, activa el funcionamiento del aparato digestivo.
  • Antes de las comidas: beber un vaso de agua media hora antes de comer favorece el proceso de digestión y brinda una leve sensación de saciedad.
  • Antes de bañarte: beber agua antes de la ducha equilibra la presión sanguínea y favorece la circulación.
  • Antes de dormir: además de prevenir infartos, evita los calambres nocturnos, que en ocasiones pueden deberse a una hidratación deficiente.

Tanto la deshidratación como la excesiva ingesta de agua deben evitarse. Esta última también puede resultar peligrosa al provocar un descenso de los niveles de sodio en sangre.

Como siempre, el mejor consejo es aprender a escuchar al cuerpo y responder de acuerdo a sus necesidades: su sabiduría es milenaria.

 

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