Alimentando a nuestros hijos: discurso y realidad

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El discurso que le damos a nuestros hijos está más que claro: “queremos tu bien, todo lo que te damos es para tu bien”. Por eso deben comer todas las verduras que les ponemos en el plato, ¿no?

Hoy quiero hablar de un tema un tanto delicado y que puede herir susceptibilidades si no se entiende desde la mirada amorosa que propongo siempre. Por lo tanto, no se lea este articulo con voluntad de réplica inmediata, sino como una humilde mirada que puede aportar – o no – a sus vidas.

Todos los padres y madres podemos decir que queremos siempre lo mejor para nuestros hijos, el amor es incondicional desde el momento en que vienen al mundo. Investigamos, escuchamos, tomamos lo que nos parezca adecuado y con todas nuestras posibilidades abrimos el camino de nuestros hijos durante su niñez. Y esto, nuestros hijos lo saben, reclamen más o menos, sean más “difíciles” o más “dóciles”, ellos saben que nosotros, sus padres, somos incondicionales y que queremos lo mejor para ellos.

En cuanto a comida, hablamos, les decimos que no coman porquerías, nada de caramelos antes de comer, que tienen que comer la verdura. Decimos, decimos. El discurso que les damos está más que claro: “queremos tu bien, todo lo que te damos es para tu bien”, por eso tienen que comer todas las verduras que les ponemos en el plato, ¿no? Y cuando las comen, nos sentimos satisfechos, cuando no se rebelan, estamos agradecidos.

Pero la pregunta real es: ¿Qué les estamos dando a nuestros hijos de comer?

Lo que nosotros vemos que le damos es vegetales que vienen del campo, tomates, zapallos, espinaca, brócoli, etc…. Todos los vegetales que en nuestro imaginario colectivo son un precioso campo de alimentos ricos. Lo que está ingresando en el cuerpo de ellos, es todo eso que nos imaginamos, y también son agrotóxicos, alimentos genéticamente modificados, conservantes, hormonas de crecimiento y numerosos etcéteras.

En la parte consciente del cerebro de nuestros hijos, esto no aparece. No hay personas, o por lo menos no he visto, que puedan ver un vegetal y decir “Esto es malo para mí, porque tiene elementos que no puedo digerir, ni asimilar, y provocará daños en mi sistema”. Pero, desde otros puntos de sus cerebros, cuando estos vegetales entran en el sistema, se informa al cerebro que han ingresado elementos dañinos y las decisiones que este puede tomar son eliminar, atacar, encapsular, esconder en zonas de poca peligrosidad. Así es como en la actualidad, es mayor el número de niños enfermos, obesos, diabéticos, con cáncer. La otra mayoría de niños, con mayor resiliencia, no expresa síntomas graves, tal vez alguna alergia, eccemas, resfriados, pero seguimos adelante.

El cuerpo y el inconsciente son literales. Así es como “Amarme y darme cosas que me dañan van de la mano” se convierte en autopista en nuestro cerebro. A medida que crecemos, dejamos que nos pasen por encima, que nos lastimen. Aceptamos las agresiones como algo normal, que forma parte. Aceptamos dañarnos fumando, comiendo chatarra, productos ficticios de supermercado. Lastimar y agredir es una forma de amar en nuestra sociedad, porque así han hecho nuestros padres con nosotros y nosotros con nuestros hijos, inconscientemente claro está, pero lo hemos hecho. Y una vez que esto se devela, ya no podemos dar un paso atrás. La verdad está frente a nosotros.

A medida que vamos limpiando nuestro cuerpo, comiendo orgánico, regional, agroecológico, se abren nuevos caminos en nuestra mente y dejamos de aceptar el daño como parte del amor. Cuando alimentamos a nuestros hijos con alimentos saludables, ellos se hacen fuertes, rebeldes, saben que el amor sólo puede venir de la mano de los buenos tratos, de lo amable.

Lograr romper con nuestra incoherencia, es nuestro mayor legado.

 

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Información del Autor

Margarita Nudemberg Chef especializada en Alimentación Armónica y Consumo Responsable. Coach en Cambio de Hábitos. Integrante de SlowFood. Desde 2001, profundiza como chef en diversas filosofías culinarias: macrobiótica, veganismo, alimentación viva, agroecológica, sin gluten. Hace 9 años, guía cursos y retiros en Argentina, Uruguay y Brasil. Centra su trabajo en incentivar la experimentación, devolviendo a cada uno el poder de recuperar la salud y la alegría por medio del cambio de perspectiva. La Cocina Armónica es una herramienta puente y parte de la solución a una Consciencia Plena. Plenos de salud física, mental, emocional y espiritual, responsables de nuestro camino personal. ArteSana de Cocina – Escuela de Alimentación Armónica y Consumo Responsable . [email protected] // Whatsapp +54 9 294 4966743