Uyuni, el salar que soñó Dalí

La sal es la única roca comestible por el hombre y el condimento más antiguo utilizado para saborizar y conservar alimentos.  En el Imperio romano se utilizaba como medio de intercambio comercial, lo que dio origen al término salario. Algunas civilizaciones precolombinas de América, como los mayas, también utilizaban este bien tan preciado como moneda de cambio. Durante la conquista española, los centros de producción de sal fueron uno de los objetivos primordiales a dominar.

Los salares son lagos superficiales formados por distintos minerales, principalmente sales puras aptas para el consumo humano. Los más representativos se encuentran en Sudamérica, en los países de Argentina, Chile y Bolivia, siendo este último el que alberga la mayor llanura de sal del mundo: el salar de Uyuni. Se trata de uno de los lugares más emblemáticos del altiplano boliviano, que puede ser visto desde el espacio, al ser su extensión más de diez mil kilómetros cuadrados (la misma superficie que todo Jamaica).

Bienvenidos a un nuevo escenario natural que nos invitará a reflexionar sobre nuestra minúscula proporción en el universo. Preparémonos para entrar en el cuadro que Dalí alguna vez soñó.

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Salar de Uyuni visto desde el espacio
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Fotos tomadas por el astronauta Alexander Gerst desde la Estación Espacial Internacional (EEI)

Considerado, según el ranking del diario español El País, como uno de los once paisajes más surrealistas del planeta, el Salar de Uyuni, es sin dudas uno de los lugares más hipnóticos e inspiradores del mundo.

Podría ser un cuadro de Dalí: un paisaje amplio de un blanco cegador, bajo un cielo azul intenso, salpicado por lagunas rojas y verdes, con flamencos rosas, volcanes extintos, fuentes termales, cactus gigantes y géiseres activos.

Diario español El País

Está ubicado a 3.650 metros de altura y se estima que contiene unos diez mil millones de toneladas de sal y más de la mitad de las reservas de litio conocidas que usan los celulares y las computadoras portátiles en la actualidad.

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Montículos de sal en el primer período de secado

Acá los horizontes desaparecen para dar lugar a un manto blanco que todo lo cubre. El salar de Uyuni nos permite encontrarnos con nosotros mismos, pero esta vez hablando en términos literales. Si visitamos este desierto de sal en época de lluvia (de diciembre a marzo) vamos a sentirnos uno con el cielo, inmortalizando nuestras siluetas en la tercera dimensión del reflejo.

Nuevas dimensiones del salar
Nuevas dimensiones del salar

La visita a este escenario natural no solo seduce por su condición surrealista. Acá también se respira historia. En el siglo XIX el tren llega a Bolivia y Uyuni fue el primer pueblo en darle la bienvenida. Con el paso de los años la actividad ferroviaria disminuyó y hoy podemos ser testigos de ese pasado industrial en el cementerio de trenes ubicado a tres kilómetros del salar.

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Cementerio de trenes

La sensibilidad es esa propensión natural que tenemos frente a lo sobrecogedor. Hay lugares como estos que despiertan un grado tal de emotividad que el lente de la cámara se transforma solo en un medio capaz de captar una minúscula parte de la experiencia in situ. La alquimia que generan los cortareflejos del salar no podrá ser registrada por ningún megapixel que invente el hombre. Uyuni pertenece más al imaginario daliniano que a la inmortalización fotográfica y esto nos permite experimentar una mejor versión de nuestra retina. Las pinturas de Salvador Dalí buscaban llevar a la realidad la libertad de los sueños y lo irracional. Para el excéntrico artista español “una pintura es una fotografía hecha a mano” y “el surrealismo es destructivo, pero destruye sólo lo que considera que limita nuestra visión”. Quizás son sus oníricas imágenes y la forma en que expresaba sus pensamientos lo que nos hace creer que el pintor alguna vez imaginó este desierto blanco rodeado de volcanes, lagunas verdes y coloradas.

No existe evidencia científica que demuestre que la visita a lugares tan impactantes como estos mejore la capacidad visual del ojo humano. Al ser fieles creyentes de la experiencia viajera como el mejor alimento para el alma, intuimos que las imágenes que ingresan por los ojos del viajero en Uyuni generan un nuevo concepto en el arte de la observación y una nueva perspectiva de la materialización del sueño de alguien.

Lucas Bozzano

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Información del Autor

Lucas Bozzano es un apasionado de los viajes. Se graduó en la carrera de licenciatura en hotelería y trabaja en el rubro del turismo hace muchos años. Su gran motor es viajar y recorrer los caminos permeable a la hospitalidad de los pueblos. Militante del peregrinaje, propone cambiar la rutina por la ruta y aconseja a todo aquel que termine sus estudios universitarios, tomarse un año viajático. Lleva recorrido más de 20 países y 200 ciudades colaborando con medios impresos y digitales y compartiendo crónicas viajeras en su blog personal viajandoandamos.blogspot.com.ar