Recorrer Chile a dedo

chile a dedo
Foto: Martín Ávila
Viajar es la mejor forma de conocer y conocerse. Pero Florencia lo hizo de una manera diferente: desandó las rutas de Chile a dedo.

El sueño de todo viajero es recorrer lugares, pasear, conocer gente nueva, zambullirse en otras culturas y ver otros paisajes. Hay tantas formas de viajar como personas en el mundo, cada una de ellas con un encanto diferente, pero cuando se trata de encarar una nueva aventura, una de las formas de viajar que más me llama la atención es hacerlo a dedo. Dado que nunca me atreví a embarcarme en esa experiencia, decidí hablar con alguien que haya vivido esto en primera persona.

Florencia tiene 26 años, es cordobesa, estudiante de bellas artes y apasionada de la fotografía. Cuando tenía 23, junto con otros tres amigos, decidió emprender un viaje distinto de cualquier otro. Así fue que se animó, armó la mochila y se cruzó al país vecino: Recorrieron Chile, partiendo desde Valparaíso hasta San Pedro de Atacama.

Cuando le preguntamos cómo surgió la idea de viajar a dedo, nos cuenta que partió de la intención de “hacer un viaje, en principio, lo más gasolero y económico posible. Estaba con tres amigos más y todos queríamos gastar poco. Mis amigos tiraron la idea y yo accedí”. Más allá del factor económico, elegir esta modalidad también representa una aventura distinta. “Lo de hacer dedo es una forma de conocer desde otro punto de vista. Está bueno viajar con otra persona y pasar por esa experiencia que dista tanto de tomarse un bondi y recorrer. Con cada camionero que paraba, teníamos que entablar una conversación y llegar a una negociación de hasta dónde nos podía llevar y bajo qué condiciones. Eso te hace recorrer y llevar a cabo el viaje de otra forma”.

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A tener en cuenta…

Florencia recomienda realizar esta experiencia estando acompañado. “Algo que me parece muy importante es no hacerlo solo, estar con varios compañeros es mejor. Tuvimos la suerte de tener buenas experiencias, no nos pasó nada. Aparte encontramos camioneros que nos contaban que estaban acostumbrados a llevar mochileros, que es parte de su vida, y que les gusta hacerlo. Es muy solitario el trabajo que tienen, entonces están todo el día viajando solos en el camión, y por ahí encontrar a una persona que hace dedo es una oportunidad para ellos de estar con alguien, compartir y charlar. Los que nos tocaron a nosotros ya estaban acostumbrados”. Además, agrega “De todos modos, no está bueno que sean tantos porque cuando estás haciendo dedo y ven que son muchos lo más probable es que no te lleven. Por momentos nosotros hacíamos señas como diciendo ‘Somos dos’, o sea que nos lleve solamente a dos de los cuatro. En un momento nos separamos y fuimos dos con uno y dos con otro. Por ahí si son muchos no los llevan y si estás solo quedas muy expuesto, para mí lo ideal es ir de a dos o tres. En nuestro caso éramos tres mujeres y un varón y quizá veían en esa situación muy poco riesgo, así que también nos llevaban de a cuatro”.

Lo bueno y lo malo

Como toda experiencia, tiene su costado divertido y especial y otra parte que no lo es tanto. Al respecto, Florencia dice que cuando haces este tipo de viajes estás siempre en un estado de alerta, sin embargo tiene su encanto particular. “Lo malo es que pasas un poco de estrés. El primer momento en que te subís al camión sin conocer al chofer es incómodo, porque no sabes quién es; hasta que lo conoces, hablas y entras en confianza, y te das cuenta que está todo bien. Siempre estás en esa situación un poco vulnerable, eso es lo malo. Una de las veces estaba con otra amiga por subir a un camión, y acordamos tener una señal o algo para ponernos de acuerdo, sin que el conductor sepa, por si no nos cerraba, como para decirle rápido y reaccionar”. En este sentido, es importante prestar atención “Estábamos muy atentas todo el tiempo, eso es cierto. Tenes que estar en alerta, eso por ahí es lo malo, porque no podes estar relajado y tranquilo como si fueras en un colectivo común”.

Más allá de todo, Flor rescata lo interesante de estas experiencias. “Cuando todo sale bien, lo bueno es compartir, conocer a la gente, el país y la ruta de otra forma. Estos –camioneros- que nos tocaron eran re buena onda, nos invitaron a comer y todo. Eso te deja una sensación re linda. Porque sentís que hay gente buena y gente muy dispuesta a ayudarte”.

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Historias ruteras

Al terminar la entrevista le pregunto si tiene alguna historia para compartir. A lo que responde: “Anécdotas tengo mil, porque cuando fuimos a Chile estuvimos con muchos camioneros, recorrimos mucho. Fuimos desde Valparaíso, que es la mitad del país, hasta el norte, casi en la frontera con Bolivia. Así que pasamos por muchos lugares… Una de las anécdotas es que un día que hacía mucho calor, nos estaba llevando un chico que era bastante callado, no era tan conversador como los otros que nos llevaron… en eso paramos en una estación de servicio, porque él dijo que tenía que bajar a hacer unas cosas. Cuando volvió nos trajo un pote de helado a cada uno, él nos invitó. Después otro chofer también nos invitó a comer en una estación de servicio y nos pusimos a charlar, con ese nos pasamos los contactos de Facebook. El tipo se re prendió para hablar, para saber de nosotros, nos daba consejos. Con ese mismo nos habíamos repartido, fuimos dos con él y otros dos de nosotros habían ido con otro camionero. Después hubo un momento en que nos juntamos todos: los camioneros de la misma empresa, nosotros y otros mochileros más, hicimos una reunión y compartimos una comida en la ruta, en medio del desierto. Ellos nos invitaron, compartimos sandías y ensaladas, estuvimos con ellos y conocimos mochileros de otros lugares, estuvo muy bueno”.

Una experiencia diferente

Antes de terminar el encuentro le pregunto si repetiría la experiencia, a lo que responde: “Fue una experiencia hermosa conocer desde otro punto de vista el país, y al ser una metodología por fuera de lo normal, al mismo tiempo está bueno. Subirse a un camión enorme y ver todo desde ahí arriba, charlar con los camioneros y que nos cuenten como es su trabajo, como es la interacción con la gente, que nos hablen del país a donde fuimos. Nos re ayudaron, nos acompañaron y ni hablar que nos llevaron de un lugar a otro súper lejos gratis… (Risas) Eso no tiene precio, y así pudimos recorrer tanto. De otra forma gastas muchísima plata y no es lo mismo. A una experiencia tan extraña o espontánea si se quiere, le das otra importancia. Me gustó mucho eso, ir parando, conocer otros camioneros, comer… te queda la sensación de que hay gente muy piola en el mundo”.

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Información del Autor

Noelia Garola es Lic. en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, donde además realizó cursos de posgrado en Gestión de emprendimientos culturales y creativos y una Diplomatura en Recursos Humanos, además de capacitaciones y talleres sobre redacción para medios de comunicación digitales. Apasionada del teatro, las letras y la buena cocina, descubrió en el yoga un aliado para el camino de la vida, en la búsqueda de la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Actualmente se desempeña como docente de nivel superior y dicta talleres sobre comunicación corporal, donde pone especial énfasis en la importancia de escucharse a uno mismo y sentir lo que dice el cuerpo. Podes contactarte con ella a través de LinkedIn.