Colombia de ultramar

Cabo San Juan, Parque Tayrona

“El calor era tan inverosímil, sobre todo durante la siesta, que los adultos se quejaban de él como si fuera una sorpresa de cada día”, cuenta Gabriel García Márquez en su libro Vivir para contarla,  haciendo referencia a las altas temperaturas que lo acompañaron durante su infancia a los pies de la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia.

Hoy, 80 años después, viajamos al norte del país cafetero y el calor pareciera ser el mismo que padeció el reconocido escritor costeño en sus primeros años de vida.  La calidez humana con que nos reciben los colombianos, intuimos, es directamente proporcional a los grados Celsius que envuelven la atmósfera caribeña tan cargada de colores y buenas energías.

La ciudad heroica

Empezaremos nuestro recorrido por la puerta grande del Caribe colombiano, la ciudad colonial de Cartagena de Indias conocida como la “Ciudad heroiCARTAGENA1ca”, debido a las numerosas batallas que se libraron en este rincón del planeta. Fundada por el español Pedro Heredia en 1533, Cartagena se transformó en un puerto estratégico desde donde se exportaban gran cantidad de riquezas como oro y esmeraldas hacia el viejo continente. La prosperidad de este enclave costeño atrajo el interés de muchos piratas, lo que llevó a la corona española a sitiar toda la ciudad con murallas y cañones, transformándola en el puerto más reforzado de América del Sur y el Caribe. El tiempo pasó y aquel pasado colonial pareciera haber quedado intacto. Caminar por sus calles es sentir las revelaciones de dos Cartagenas, la histórica y la fantástica. En 1948, Gabriel García Márquez, con tan solo 21 años de edad, cruzó la ciudad amurallada con su mochila al hombro. Se quedó y escribió parte de su obra aquí, alimentando el mito que envuelve a la magia de sus caminos. Los pensamientos del autor sobre este sitio dejan traslucir una pasión que va más allá de lo simplemente contextual.

Me bastó dar un paso dentro de la muralla, para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer.

Gabriel García Márquez

Cartagena de Indias
Cartagena de Indias

Una fortaleza con casas de colores y horizontes de mar Caribe, son condimentos que se agregan al placer indescriptible de caminar por el onírico entorno de este rincón del planeta. Sin embargo, la playas en estas latitudes todavía no representan al imaginario idílico que todos tenemos sobre el mar caribeño con aguas cristalinas y peces de colores. A tan solo dos horas de Cartagena, se encuentra una de las mejores playas de Colombia, la Isla Barú. Meca mochilera, esta isla permite tener las primeras nociones del paraíso que representan las costas colombianas.

Paradisíacas playas de Isla Barú
Paradisíacas playas de Isla Barú

Corazón salvaje de la naturaleza

Los trotamundos que llegan al país cafetero con sed de aventura y naturaleza, apuntan directo al corazón salvaje del Parque Nacional Tayrona, a tan solo 250 km de Cartagena de Indias. Se trata de una obra esculpida por el mar en un entrono natural de bosque húmedo con playas vírgenes, restos arqueológicos, cascadas y quebradas. Con una superficie de 15 mil hectáreas, fue declarado Reserva de Biósfera por la UNESCO en 1979.

Atardeceres en Parque Nacional Tayrona
Atardeceres en Parque Nacional Tayrona

Elegida como una de las 10 mejores playas del mundo por el diario británico The Guardian, el Parque Tayrona posee una gran cantidad de riquezas naturales expresadas en la variada biodiversidad de flora y fauna terrestre y marina. El paisaje tropical, las blancas playas y las formaciones coralinas se mezclan con manglares, lagunas y bosques de árboles tan altos que parecieran querer llegar con sus copas al cielo. La mejor actividad dentro del parque es aventurarse por sus senderos, pudiéndose encontrar toda clase de especies animales y vegetales como frutos exóticos y reptiles en su mejor expresión silvestre.

¿Lo mejor? Perderse en la magia de los caminos del Tayrona
¿Lo mejor? Perderse en la magia de los caminos del Tayrona
Techos naturales de la madre Natura
Techos naturales de la madre Natura
Reptiles en su mejor expresión silvestre
Reptiles en su mejor expresión silvestre

Calidez costeña

No queremos abrumarlos con datos acerca de cómo llegar y tarifas de ingreso a los parques. Creemos que es mejor aprovechar esta oportunidad para contarles sobre la amabilidad que caracteriza a los colombianos, particularmente los costeños. Lo primero que imaginamos, fue que un clima benigno estimula el buen humor de quienes caminan descalzos en paradisíacas playas rodeadas de ese verde tan sano para el alma. Pero recorriendo estas tierras descubrimos que aquí también se respiran historias de dolor; en una región del Caribe que fue impregnada de relatos de piratas y filibusteros, recibiendo las primeras convulsiones en manos españolas. A pesar de los años de violencia que signaron su destino, hoy Colombia se distingue por la dulzura de sus habitantes que se transforman en grandiosos anfitriones durante el recorrido del patrimonio natural y cultural que ofrece esta nación.

Cartagena de Indias, Isla Barú y el Parque Nacional Tayrona son pilares de un itinerario imprescindible para entender un poco más de la esencia de un país sudamericano que combina selvas, montañas y playas con fantasías literarias, relatos piratas y una calidez humana que humaniza.

Lucas Bozzano

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Información del Autor

Lucas Bozzano es un apasionado de los viajes. Se graduó en la carrera de licenciatura en hotelería y trabaja en el rubro del turismo hace muchos años. Su gran motor es viajar y recorrer los caminos permeable a la hospitalidad de los pueblos. Militante del peregrinaje, propone cambiar la rutina por la ruta y aconseja a todo aquel que termine sus estudios universitarios, tomarse un año viajático. Lleva recorrido más de 20 países y 200 ciudades colaborando con medios impresos y digitales y compartiendo crónicas viajeras en su blog personal viajandoandamos.blogspot.com.ar