¿Qué son las danzas circulares?

danzas circulares
Desde tiempos inmemoriales el hombre danza como una forma de acercarse a lo sagrado.

Hace poco me llego la invitación para participar de un encuentro de danzas circulares en San Carlos de Bariloche. Me llamó mucho la atención esto de lo circular, y en mi deseo de conocer un poco más me puse en contacto con Felicia Butazzi, quien practica esta actividad desde hace muchos años. Le pregunte si podía hacerle una entrevista y me dijo que sí, así que hace unos días fui para su casa y con unos mates de por medio me contó de qué se trata todo esto.

La casa de Felicia, o Feli como le dicen sus allegados, es muy acogedora, tiene esa combinación de aromas en las que se mezcla lo frutal con el palo santo y las flores del jardín. Ni bien llegué me recibió con una sonrisa y fuimos a la cocina, donde estaba con todo listo para empezar. Después de preparar unos mates comenzó la charla.

 

Una introducción a la disciplina

Feli nos cuenta que las danzas circulares son un movimiento que surge alrededor de los años ’70, de la mano de Bernhard Wosien, que fue director y coreógrafo de ballet. Cuando dejo de bailar decidió viajar por diferentes partes del mundo y conectarse con todas las colectividades folclóricas de Europa, con el fin de aprender las simbologías de los diferentes ritmos. “No solo la danza en sí misma, sino el significado que tenían esas danzas para las personas que las bailaban, porque en realidad todo tiene un significado, un sentido, un por qué. El movimiento de los pies, la coreografía, lo que hacen con las manos, cuando son danzas meditativas más tranquilas o festivas. Para todas las ocasiones hay danzas”.

Cuando le preguntamos a Feli por el origen del nombre nos cuenta que “en general siempre se bailaron en círculo, por eso lo de circular. Lo de sagradas es porque en realidad lo que se trata es de respetar y conservar a través de los tiempos, tratando de transmitirlas lo más fiel posible, de no cambiarlas. Las danzas tradicionales uno trata de aprenderlas y seguir transmitiéndolas lo más exactas posibles. Siempre está esa pequeña diferencia que uno puede tener, porque no todos los estilos son tan fáciles de repetir. Ahí tenés que tener una buena conexión con lo rítmico y con lo musical. En ese sentido son sagradas, no porque pertenezcan a una religión, sino porque vienen de pueblos ancestrales y hay que respetarlas como tal, porque para ellos tenían un significado y es el significado que tienen que seguir teniendo”. Además agrega: “Son circulares porque el círculo en sí mismo genera toda una energía, porque lo circular tiene que ver con lo cíclico. Todo es cíclico en el Universo. Nada tiene principio ni tiene fin, es infinito de alguna manera. Esto de conectarse con las manos es el dar y recibir, esto lo ponemos en las manos: una mano da y la otra recibe, y además esta energía que se genera en lo circular hace que las personas que por ahí no fluyen en la danza o no son tan hábiles en lo de la danza, se dejen llevar y fluyan y de repente cuando le pueden quitar un poco la mente, pueden bailarlas. La danza circular es apropiada para todas las edades, para todas las personas, no hay que saber nada previamente, solamente tener deseos de ponerse en el círculo y prestarse a lo que ocurra. A cada uno le puede ocurrir algo distint: el placer porque le gusto la música o conectar con una emoción que te provocaron los pasos, abriste el pecho y conectaste con la energía del cielo y eso te provoca una emoción, y eso te lleva a seguir practicando la danza. O desde lo musical, porque sabes música y encontraste una manera de poder llenar un espacio que tuviste que dejar en otro momento”.

Este tipo de actividad tiene sus particularidades, una de ellas es que no existe la figura del instructor tal y como la conocemos. Felicia nos cuenta en primera persona en qué consiste llevar adelante al grupo mientras se danza: “Las personas que mostramos las danzas a otras personas para bailar nos llamamos focalizadores, no profesores, porque no hay un orden de jerarquía dentro de la danza. El focalizador, cuando empieza la danza y vos miras desde afuera, de repente no te das cuenta quién es la persona que la enseño, y la idea es esa. A no ser que todos bailen muy mal (risas) igual no pasa nada, y es una posta que puede tomar cualquiera, no es privativa de alguno, o tenes que ser experto en tal o cual. Si tenes oído y seguís estas reglas de respetar y de ser fiel a este mandato ancestral, lo puede hacer cualquiera”.

Otra particularidad de estas danzas es el tiempo presente, el aquí y ahora, porque como nos cuenta Felicia, la danza se aprende en el momento. “El focalizador en el momento en el que se arma el círculo, explica la danza, explica los pasos. Cada focalizador tiene su manera de explicar, por eso también está bueno bailar con diferentes personas, porque nos retroalimentamos, siempre hay algo que podes tomar del otro que te puede servir para que la persona que está intentando bailar le sea fácil comprenderte. La idea es facilitarle al otro la comprensión, porque a veces uno dice muchas cosas y le embarulla la mente a las personas, y al momento de bailar no sabe para dónde mover los pies (risas) entonces uno tiene que ser lo más sencillo posible. Eso te lo da el tiempo, la práctica, la intuición. Sobre todo hay que tener en cuenta que no hay que ser un bailarín profesional. Esto es algo que lo puede bailar cualquiera”.

Además de ser apta para todos, esta práctica tiene una riqueza cultural enorme, sobre todo en lo diverso de su propio lenguaje, donde las palabras “sagrado” y “circular” son solo algunas que podemos mencionar. Otro término muy utilizado es el “Tinku”, Feli nos explica de qué se trata: “Cuando se hacen talleres de danzas se suelen llamar “tinkus”, es una palabra que viene del norte que significa encuentro, celebración. Es una palabra que se ha popularizado dentro de las danzas circulares”. Algo muy enriquecedor de la experiencia es la posibilidad que ofrece de aprender muchas cosas nuevas, no solamente los pasos de una danza en particular, sino también conocer mucho de otras culturas. En este punto Feli dice que a través de esta disciplina “te empezas a interesar, a buscar, a ver por qué bailaban así, por ejemplo los turcos bailan pegaditos brazo con brazo, porque se pasaron la vida perdiendo sus tierras,  y entre ellos forman una fortaleza cuando bailan, bailan a la tierra pegados así porque es una manera de protección entre ellos. Todo tiene un sentido y eso uno lo va aprendiendo. Todo tiene un significado”.

¿Cómo se arma el círculo?

Además de existir el focalizador, que cumple un rol fundamental, Feli cuenta que en el círculo siempre se arma un “centro”, que funciona como una representación de los cuatro elementos: “Lo que queremos ahí es tener presente que somos parte del Universo, entonces tenemos presente el agua, la tierra, la vegetación, el fuego y el aire. Hay mil maneras de representar eso, se ha vuelto una práctica como muy artística últimamente, queres hacer el mejor centro (risas) el que sea más bonito, pero siempre tiene que ver con los elementos de la naturaleza”.

En el gusto está la variedad

Más allá de lo circular, lo interesante es que hay danzas para todos los gustos. En este sentido, Felicia comenta que “existen distintos tipos de danzas, pueden ser festivas o meditativas. Estas las practicamos a la nochecita, a la luz de la vela, se usa ropa blanca para generar una situación de ritual para conectar con lo que va pasando a medida que vamos danzando. Se danzan mantras, danzas hindúes… Hay otras danzas en cambio que se bailan en líneas, son masculinas, como por ejemplo las griegas y algunas turcas”. Es decir que existe un amplio abanico de posibilidades, ya que si bien es muy importante lo tradicional, esta disciplina va recreándose permanentemente, puesto que van surgiendo nuevas formas de danzar: “Lo que hay en esta época contemporánea muchas danzas nuevas, de gente que ha creado un montón de coreografías propias y diferentes músicas, así hay un montón de focalizadores que han generado sus propios espacios con un objetivo. Por ejemplo, hay una focalizadora brasilera que es de la colectividad judía, y ella trabaja las danzas pensándolas en la Cábala que es un libro sagrado. Entonces, todo está conectado desde el lenguaje y desde el sentido que tiene la Cábala, poniéndolo en la vida cotidiana para que puedas poner en práctica esto sagrado, este camino sagrado, en la vida cotidiana. Ella lo pone en los pasos, en la música. Hay una señora brasilera que enseña la danza orisha, los orishas son como si te dijera los Mapuches en la Patagonia, es una etnia que habita en algún lugar de Brasil y tienen su propio sentido de la danza, su propio significado. Cuando estuve en Pucón conocí a unos chicos, ellos vienen del Amazonas. Hacen danzas muy sencillas y le dan mucha importancia al sentido que le ponen a la danza, con la letra o simplemente lo que pasa con la música, tratan de no complejizar la coreografía para que la gente la pueda bailar. Trabajan mucho con los alimentos, con el respeto por la naturaleza, con todo eso trabajan.  Hace poco también estuve en Plottier, hice un taller que se llama Desplegar las alas, con un chico chileno que creo el taller, tomando algunas coreografías propias y otras de danzas tradicionales”.

El camino hacia la conexión con los otros

A través de esta práctica se alcanza un nivel de conexión muy grande con los otros, y no solo eso, para Felicia las danzas tienen un poder de sanación: “Una cosa muy importante que pasa en el círculo es que no hace falta las palabras, entonces uno se conecta con la gente desde un lugar que no importa de qué religión sos, a qué partido político perteneces, es como una afinidad por algo que va más allá de cualquier otra situación de vida que uno tenga y se vuelve muy importante. Haciendo este tipo de actividades sabes que te conecta y te volves un poco más respetuoso de lo que le pasa a otras personas y lo que piensas, ni lo hablas, se allanan caminos porque se tienen en cuenta otras cosas, son sanadoras las danzas. En general también por ser sanadoras promueven estados de paz. Se bailan mucho para pedir por la paz, en tiempos de luna nueva y luna llena”. Feli nos cuenta que esos momentos son especialmente ideales, aunque se puede bailar en todo momento.

Para ella es importante aclarar que es un círculo abierto, y puede estar formado por cuatro o por doscientas personas. “Te podes tomar de la mano y bailar en un círculo de doscientas personas como en los festivales de verano que se hacen en Villa Giardino, (Córdoba) o San Luis. Arrancas a las 9 de la mañana y vas tomando la comida, el almuerzo, y seguís bailando, a las 4 de la tarde arrancas de vuelta, terminas a las 8, te das un baño, tomas la cena y así pasas 7 días bailando. En estos lugares hay diferentes propuestas, dos o tres salones donde hay danzas de diferentes niveles. Por ejemplo las danzas balcánicas son danzas de pasos más complicados, estos son ritmos irregulares, más compuestos, que requieren habilidad especial para poder hacer los pasos. En otro lugar, están enseñando danzas más sencillas, en otro salón danzas de otro estilo, pero son festivales que convocan alrededor de 200 personas. Cuantas más personas hay podes usar un salón, podes bailar al aire libre… ahora para el 4 y 5 de noviembre estamos organizando este taller de Danzas de flores de Bach, que conectan con la parte terapéutica de las flores”.
Cuando le pregunto a Felicia cómo fueron sus comienzos con esta actividad me cuenta: “Empecé a hacer danzas circulares en el año ’96 más o menos. En mi caso que fui docente de música y estoy jubilada, de alguna manera es como tener una continuidad de lo que a mí siempre me gusto desde lo corporal. Conectar todo lo que me gusta en una danza, conocer gente de diversos lugares, compartir. Las primeras danzas las hice con un señor que se llama Charles Petersen que vivía en la comunidad de Millalen en El Hoyo, él había vivido muchos años en la comunidad de  Findhorn, en Escocia. La comunidad de  Findhorn fue el primer lugar donde Bernhard Wosien llevo las danzas para difundirlas, ese lugar tiene una magia muy especial porque muchos años atrás se dice que había un crecimiento inusual de las plantas, los zapallos crecían gigantes y nadie se explicaba por qué las frutas y verduras crecían de esa manera, porque era desértico. Entonces se formó una comunidad en torno a eso, y con el transcurrir de los años  construyeron un gran salón en forma de octógono, las formas geométricas son las mejores formas para poder desarrollar estas actividades. A partir de esta actividad que llevo Wosien, las danzas se empezaron a difundir por el mundo. Charles vivió mucho tiempo ahí, ellos fueron grandes difusores de las danzas. En aquellos años que yo empecé no había muchos círculos, éramos pocos, era raro, la gente no sabía muy bien de que se trataba, pero en este momento hay un auge impresionante. Hay mucha gente danzando, en el país en muchas provincias hay mucha gente bailando. Se hacen viajes a México, Perú, África, Israel, y muchos otros lugares, donde uno puede ir a conocer el lugar, pero lo básico del viaje es conectar con la danza, y bailar y conocer gente. Hay mucha variedad, mucho para hacer, hay de todo, también danzas relacionadas con los signos del zodíaco”.

Proyecto de la Danza de las mujeres

Un proyecto muy interesante es el de la Danza de las mujeres, cuya intención es unir dos países en permanente estado de conflicto: Israel y Palestina. “Hay una música de paz… se juntaron dos cantantes, una palestina y una israelí en el año 2015, hicieron la convocatoria y salieron un grupo de mujeres de todas las edades vistiendo ropas blancas y se juntaron en un punto medio entre Palestina e Israel, hicieron un encuentro y estuvieron cantando una canción que se llama Plegaria de las madres. En un viaje que se hizo a Perú hace poco, Pablo Scornik, un focalizador muy conocido, le puso una coreografía a esa música. La idea de él era que se aprendan las danzas de todos los círculos, se graben y se haga un compilado de los grupos bailando para hacerlas llegar a estas mujeres. Ahora estamos en eso”.

¿Qué es lo que más lindo de hacer danzas circulares?

Feli pone otra pava para el mate, mientras comparte su experiencia: “A mi básicamente me gustan las músicas de las danzas circulares. A mí me gusta todo en realidad. Me gusta el contacto con la gente, me gusta lo que me pasa cuando bailo, en realidad siento que es el momento donde toco la mayor emoción, donde siento… siempre decía “donde siento el alma”, llegas al lugar de la emoción más importante, donde vos decís “Esto soy”. A veces puede ser con la música, puede ser con la coreografía, depende de lo que este bailando. Con algunas (danzas) no me pasa nada pero no importa, yo sé que es algo que está latente, igual lo disfruto. Esto de conectar con uno mismo y con nuestro interior, eso para mí es muy importante, es lo más importante”.

Cuando ya llevamos un rato de entrevista, aparece Cecilia, una de las hijas de Feli. Ambas comparten conmigo su visión sobre todo este mundo de experiencias y sensaciones que abren las danzas. Felicia empieza: “Con Ceci comentábamos que con las danzas haces un trabajo interior que te va como moldeando desde algún lugar. Por supuesto, si uno se da la oportunidad de eso, siempre desde un lugar de apertura interna. Siento que con el correr del tiempo me pasó. Por eso también son sagradas. El hecho de que no sean académicas también dan la connotación de que son sagradas, todo lo que es más académico y estructurado no entra dentro de eso”. Por su parte, Cecilia suma su aporte: “Hace mucho vivo esto con ella, y también he participado de encuentros. Si bien las danzas empezaron siendo un intento de rescatar esta coreografía de civilizaciones antiguas, mucho de la parte de Oriente, después fue evolucionando y es por eso que hoy en día la gente puede poner una coreografía, porque no está limitado a solamente hacer danzas de los pueblos. Si yo quiero poner una danza y siento que lo puedo hacer, lo puedo hacer. Por eso sigue existiendo. Porque si hubiera sido algo que se limitaba a recopilar información muy probablemente existiría, pero eso las vuelve rituales, eso se continuó”.

Ambas rescatan el papel fundamental que cumplió la sistematización de la información realizada por los precursores de esta práctica, quienes destinaron mucho tiempo a decodificar las diferentes danzas, recopilando todos los datos necesarios para seguir con esta disciplina, respetando lo tradicional de cada una de ellas. Feli agrega: “La idea era ir a la fuente, si no, esas cosas quedan guardadas ¿Cómo aprendes a bailar una danza gitana si alguien no fue, lo aprendió, lo vio, lo trajo? No hay manera de poder aprenderlo… La idea es juntarse en el círculo, porque el circulo es sagrado, porque el círculo te contiene, porque tiene toda esta energía tan potente”. Cecilia agrega que los pueblos sabían del potencial que ofrece el círculo “porque era una sabiduría compartida por los pueblos, por eso realizaban estas prácticas, intuitivamente lo sabían. Por eso tiene esto tan lindo de compartir, y de la energía”.

Un abanico de sensaciones

Para ir cerrando, les pido que compartan conmigo lo que les produce hacer esta actividad. Cecilia responde que para ella la danza funciona como una especie de meditación: “A mí no me pasa tanto por la emoción, sino que el hecho de estar haciendo la coreografía… es como que sí o sí tenes que estar presente haciéndola. Es como una forma de meditación toda la danza, porque si yo me pongo a pensar en otra cosa  me equivoco, que te podes equivocar y no pasa nada. Pero si no, de repente estás caminando y no estás haciendo la coreografía y el círculo te va llevando”

Feli agrega algo muy importante: “Te ayuda a estar en el aquí y ahora. Esto que tanto se divulga que hay que vivir en el presente, con la danza no te queda otra. Es como una meditación en movimiento. Hay mucha gente que se aburre de estar sentada en la posición del Loto meditando o simplemente acostado o que se yo, esto es absolutamente meditar en movimiento”.  Lo que más le gusta, afirma, es el placer de compartir y de conocer. “Se genera toda una convivencia, eso me da mucha alegría, es algo que no tiene precio, es un buen sentido para la vida. Amo las danzas, siento que es mi camino para alcanzar la paz”.

 

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Información del Autor

Noelia Garola es Lic. en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, donde además realizó cursos de posgrado en Gestión de emprendimientos culturales y creativos y una Diplomatura en Recursos Humanos, además de capacitaciones y talleres sobre redacción para medios de comunicación digitales. Apasionada del teatro, las letras y la buena cocina, descubrió en el yoga un aliado para el camino de la vida, en la búsqueda de la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Actualmente se desempeña como docente de nivel superior y dicta talleres sobre comunicación corporal, donde pone especial énfasis en la importancia de escucharse a uno mismo y sentir lo que dice el cuerpo. Podes contactarte con ella a través de LinkedIn.