Tai chi, la práctica amiga

práctica de Tai Chi
Que la práctica del Tai Chi nos sirva para ser más flexibles, más suaves y sensibles de cuerpo y mente; y así poder descubrir la verdadera llave que abra "la puerta a lo milagroso".

Hace ya muchos años en un lugar de práctica, mientras realizaba ejercicios de estiramiento en el piso, jugueteaba por el salón la hija del Maestro. Era pequeña y sonriente. Entre movimiento y movimiento conversábamos, nos reí­amos, nos abrazábamos. Y como parte del mismo juego que transcurre, estiramos músculos y tendones, pero también hacemos flexible y suave el pensamiento. A veces somos conscientes, otras, pasa desapercibido junto con una nueva respiración.

Ella se sentó cómoda y sencillamente. Entre palabras y miradas le pregunté cual era el secreto de la felicidad. Ella, sin dudar contestó: “El secreto de la felicidad es estar concentrado”.

La frase quedó resonando en mí hasta el día de hoy. Son aquellas palabras que despiertan, que alumbran, que invitan a pensarse y sentirse. Y todas ellas de la mano de una niña. Sí, estar concentrado, estar presente. Aquí y ahora. En el único momento posible de ser vivido, de ser experimentado y por el cual podemos dejarnos atravesar, con todo lo que ello implique. Quizás es ambicioso pensarnos en un eterno presente, las obligaciones cotidianas, responsabilidades y emociones nos llevan a proyectar otros tiempos, hacia atrás y hacia adelante, pero todos los días es posible atesorar, al menos, algunos instantes donde radicamos en ese sitio concentrado. El corazón está abierto para brindarse, como un amigo.

El secreto de la felicidad es estar concentrado.

Hay un tesoro en ese singular momento, nos respiramos, nos percibimos a nosotros mismos, nos miramos y nos conectamos con los otros. Tenemos la posibilidad de crear nuevos lazos hacia adentro y hacia afuera. Todo el tiempo nos reinventamos a través de la práctica, ella se convierte en una gran amiga que nos toma de la mano y nos invita a recorrerla. Hay momentos del trayecto que indispensablemente habrá que recorrer en solitario, allí donde se requiere espacio que sólo la práctica en soledad puede transitar. Existen otros momentos que, sin embargo, nos encontramos con compañeros de ruta. Los amigos, los amores, los colegas y acompañantes forman parte del regalo del arte.  

Si existen perlas en el vasto mundo del Tai Chi, seguramente una de ellas sea, la posibilidad de conectarnos, de sabernos sujetos capaces de transformar y ser transformados por otros, abriendo la posibilidad de nuevas conexiones, de nuevos horizontes.

Nada de esto serí­a posible, sin una práctica constante y sostenida. Ahí, creo, radica el secreto. No siempre es fácil hacerse amiga de esta idea y permanecer en ella. Las amistades requieren compromiso, cariño, sostén y sonrisas. De tanto en tanto nos toca bucear en las profundidades para salir al sol nuevamente y así­ inhalar  otras posibilidades. Ahí­ quizás encontremos el delicado equilibrio entre flexibilidad y firmeza. Dentro y fuera del ejercicio como tal.

Si existen perlas en el vasto mundo del Tai Chi, seguramente una de ellas sea, la posibilidad de conectarnos, de sabernos sujetos capaces de transformar y ser transformados por otros, abriendo la posibilidad de nuevas conexiones, de nuevos horizontes.

La práctica del Tai Chi Chuan tiene múltiples beneficios, para la salud, para el desarrollo marcial, para la búsqueda espiritual y el movimiento de energía en el cuerpo, mente y espíritu. Pero nada de esto serí­a posible sin el momento presente y sin el reconocimiento de que todo recorrido personal, es posible también gracias a los ví­nculos que tejemos con los otros, aquellos amigos que sostienen nuestro crecimiento y desarrollo. Somos un tejido de energía.

Te presento a una amiga, la práctica de Tai Chi.

Es felicidad concentrada.

Estar, despiertos al único momento extraordinario y asombroso de nuestras vidas en el cual estamos suspendidos en la eternidad, conscientes de que es el único momento que tendremos y, que si no lo aprovechamos, lo habremos perdido todo.

Sobre el momento presente, en la práctica y en la vida, extracto del libro “La puerta a lo milagroso”, de Wolfe Lowenthal.

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Información del Autor

Carola Ponce es profesora de Tai Chi Chuan, Chi Kung, habiendo comenzado su formación en España y habiéndola continuado en Buenos Aires. Se dedica a su enseñanza hace 14 años. Es además terapeuta de Masaje Tui Na y acupuntura. Las prácticas corporales y el contacto con el otro a través de artes curativas habilitan la posibilidad de experimentar nuevos caminos para conocer y potenciar nuestra conciencia corporal y emocional. Nuevos caminos para vincularnos y poner en marcha todo aquello que sume a nuestra vida.