Permacultura: manos a la tierra

Dialogamos con Carlos Fernández sobre permacultura: un movimiento que se basa en un núcleo ético que consta de tres partes: el cuidado de la tierra por sobre todas las cosas, el cuidado de las personas y el reparto equitativo.

El antropocentrismo reina y expande su territorio conquistado. El hombre está en el centro de la escena, hacia él apuntan todas las luces. El ombligo del mundo.

Somos una especie rara que pisa el mismo suelo que todas las otras pero se hace la desentendida. Una especie que continúa cortando los delicados hilos que la unen su entorno. Se enreda con ellos, tropieza torpemente y, tijera en mano, se pregunta qué sucede. Será la incapacidad de alzar la vista de su ombligo lo que le impide ver que es a la vez autora y responsable del gran desequilibrio natural que ya nos mira a la cara.

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“Las crisis nos ofrecen oportunidades” nos dice, serio, Carlos Fernández, referente en el cuidado del medio ambiente y la permacultura de la ciudad de San Carlos de Bariloche; “pero ya no alcanza con hablar de estas cosas, es necesario que tomemos acción ahora, ya mismo”.

En los últimos años en Argentina hemos experimentado dos caras de una misma moneda: las peores sequías en años de un lado, y tremendas inundaciones, al reverso. “Lo que está ocurriendo en nuestro país no es privativo de Argentina, en todo el planeta se están viviendo fenómenos naturales extremos. Nos alarmamos ahora porque están ocurriendo más de estos eventos y más a menudo, pero esto es la consecuencia de algo que se vienen gestando desde hace décadas”.

Permacultura

Las guerras nunca traen consigo nada bueno. El saldo de la segunda guerra mundial, parece mentira, lo estamos saboreando amargamente. “En la década del 70, en Australia surge un movimiento de mano de Bill Mollison como respuesta al gran incremento de la utilización de productos agroindustriales. Estos productos, cuya industria nació y se fortaleció en la segunda guerra mundial, son utilizados regularmente en casi todo lo que consumimos y, además de ir en detrimento de nuestra salud, envenenan la tierra y el suelo, afectando seriamente a la biodiversidad.”

La iniciativa de Mollison está por estos días ampliamente estudiada y desarrollada. Se trata de la permacultura, “una contracción de dos palabras: cultura permanente o agricultura permanente: un estadío que como seres humanos hemos delegado. La agricultura actual, nuestra alimentación, depende de una industria entregada a grandes corporaciones; ya no consumimos alimentos, sino productos. Hacia el año 1700, gracias a la revolución industrial, se empieza a ver a la naturaleza como un utilitario del que se puede extraer y usurpar sin ningún control. Hoy en día el extractivismo que vemos con las megaminerías o en el uso intensivo de los suelos es moneda corriente”.

La agricultura actual depende de una industria entregada a grandes corporaciones; ya no consumimos alimentos, sino productos.

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La permacultura tiene planteos muy amplios. Se basa en un núcleo ético que consta de tres partes: el cuidado de la tierra por sobre todas las cosas, el cuidado de las personas y el reparto equitativo. Sin embargo todo se apoya en algo muy simple que hemos perdido: la capacidad de observar. Y “a raíz de eso surge la desconexión con el entorno natural y con las demás personas, mientras pasamos a formar parte de un sistema donde es conveniente que estemos totalmente desconectados y direccionados hacia un consumo abrumador. Estamos inmersos en una matriz socioeconómica que nos aleja permanentemente de la naturaleza.”

La permacultura se basa en un núcleo ético que consta de tres partes: el cuidado de la tierra por sobre todas las cosas, el cuidado de las personas y el reparto equitativo.

Dar el primer paso

Son tantos los hábitos de consumo que hemos acumulado ciegamente durante años que a muchos les resulta agotador siquiera pensar en modificarlos. Pero es importante empezar por algo. Carlos hace incapié en la importancia de tomar acción y ser responsables de nuestra huella en el planeta: “de nada sirve hablar y filosofar sobre todas estas cuestiones. Estamos en un momento planetario grave, actuar es urgente. Ya no podemos obviar de ninguna manera la incidencia de una poda, de una tala o de la extracción de un recurso: todo eso después nos vuelve. Cuando las condiciones naturales empiezan a alterarse indiscriminadamente, las consecuencias las vamos a vivir a mediano o a corto plazo.”

Hemos perdido la capacidad de observar y a raíz de eso surge la desconexión con el entorno natural y con las demás personas.

¿Qué podemos empezar a hacer?

Carlos nos dio dos ideas muy fáciles que podemos empezar a llevar a cabo ahora mismo:

-Separar nuestros residuos: cuesta muy poco y ayuda mucho.

-Cuestionarnos a quien le damos nuestro dinero: ya que vamos a consumir, que sea a conciencia. ¿Quién se va a beneficiar con tu dinero? ¿Querés que tu dinero forme parte de la preservación del planeta o de su destrucción?

Aquí podés escuchar la charla completa que tuvimos con Carlos Fernández; es un verdadero regalo: no te prives de él:

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1 Comentario

  • Me gusta que haya personS.como usted que se preocupen y piensen en dar.alternativas del cuidado del medio ambiente y la produccion agropecuaria.felicitaciones y no desfallencan porque las multinacionales quieren acabar con nuestro ecosistema

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