Leer lo que comemos

leer las etiquetas
Hoy en día es muy importante volvernos consumidores responsables. Para ello lo primero que podemos hacer es leer las etiquetas de lo que comemos. ¿Qué tenemos que tener en cuenta?

Nuestro cuerpo, como sistema biológico, existe hace millones de años. Evoluciona, cambia lentamente de generación en generación en la medida que el medioambiente y los estímulos externos e internos lo motivan por haberse transformado en un valor estable. Uno de estos estímulos  es la alimentación.

Durante miles y miles de años nuestra comida fue cambiando: desde los comienzos cuando vivíamos de la caza, pesca y recolección a volvernos cada día más sedentarios y sectorizados; mientras algunos se ocupan de alimentar, otros se ocupan de otras áreas.

En los últimos 150 años, el alimento dejó de estar en el campo y fue a las fábricas, a los laboratorios. Este tiempo es mínimo en la historia de nuestra evolución biológica  y nuestro organismo no ha mutado genéticamente todavía para vivir de esta manera y alimentarse de “cosas no naturales”. ¿Sucederá esta mutación? Es nuestra decisión.

Hoy en día es muy importante volvernos consumidores responsables; dejar de culpar al afuera o declararse inocente porque no se puede competir con las grandes industrias. La realidad es que si todos nosotros – los pobres inocentes acorralados por la industria y tecnología – decidiéramos dejar de consumir algún producto o decidiéramos consumir un producto en específico, la industria cambiaría. Si todos queremos comer orgánico, las empresas van a vender orgánico, porque simplemente quieren ganar dinero, nada más.

Ahora bien, una vez que he decidido que no quiero alimentarme de productos no naturales, tengo que aceptar que no puedo cambiar las decisiones de los demás: sólo puedo cambiarme a mí misma. Los cambios no ocurren todos al mismo tiempo, suceden de uno en uno. Si yo cambio y todos los “yo” cambian, cambia el mundo.

Lo primero que podemos hacer como consumidores responsables es leer las etiquetas. Y para eso… ¿qué tenemos que tener en cuenta?:

 1- Todo lo que está en la parte delantera de una etiqueta es mercadeo, es publicidad. Cuanto más grande sea la letra o más llamativa la imagen, menos le prestes atención.  Como ya dijimos, las empresas solo quieren vender, por lo cual, un mismo producto puede cambiar su etiqueta con palabras “más saludables” por el simple hecho de que bajaron las ventas y el grupo de marketing descubrió en los sondeos que los consumidores quieren algo más saludable. Cambia la etiqueta sin cambiar la composición del producto.

Las empresas alimentarias ponen todo lo que no quieren que sepamos en la parte de atrás y cuanto más chiquita la letra, más importante es que lo leamos. Así que a partir de ahora sólo veamos la parte de atrás.

2- Cuanto más natural sea el producto, nuestro cuerpo estará más preparado para digerirlo y absorberlo, simplemente porque es lo que reconoce. Por ley, las etiquetas deben colocar los ingredientes en una lista de mayor a menor en términos de cantidad. Por lo tanto, los primeros 3 elementos son los más importantes a observar. De hecho, un producto artesanal no contará con más de 3 a 5 elementos. Si una etiqueta tiene 3 a 5 ingredientes es óptimo para nuestra salud, en la medida en que no sean artificiales, sintéticos.

3-  Ingredientes que nunca debemos consumir:

– Colorantes: Amarillo (Tartracina o Amarillo 5), Colorante Rojo. Generan hipersensibilidad, en niños aumenta la agresividad y disminuye la atención y concentración. En muchos casos de diagnóstico de TDAH al eliminar estos químicos, ¡los niños se recuperan!

– Jarabe de Maíz de Alta Fructuosa (JMAF).

– Glutamato Monosódico.

– Aceite hidrogenado.

– Edulcorantes: Aspartamo y Acesulfamo-k.

– Antioxidantes BHT, BHA, EDTA. Estos antioxidantes sintéticos tienen la función de neutralizar los radicales libres, para que los alimentos duren más tiempo en góndola. Cuando los ingerimos, continúan realizando su efecto quelante, destruyendo nuestro bioma del intestino delgado, destruyendo nuestro sistema inmunitario y nuestra capacidad de absorción de nutrientes.

– Nitrato, Nitrito, Sulfato, Sulfito. Conservantes de los alimentos cárnicos, reduciendo la carga microbiana. Poseen la misma reacción que antioxidantes.

– Colorantes azul, indigo, verde, carmín, caramelo.

4- Ingredientes que debemos evitar:

– Soja genéticamente modificada.

– Azucares: blanca, morena, negra, glucosa, sacarosa, fructuosa, maltosa, dextrosa, maltodextrina, goma xántica, guar, goma de algarrobo.

– Sal de mesa, sal iodada. La sal de mesa pasa por un proceso de fuego a 1000°C para dejarla limpia e inocua y luego se le agrega iodo. Muchas de las sales marinas industriales contienen iodo ya que es ley.

– Edulcorantes: sucralosa, stevia industrial.

 

Somos lo que comemos. Seamos responsables de nuestra vida.

Participá de la Comunidad Ahora

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Suscribite a Revista Ahora

¿Te gustaría recibir artículos como este en tu e-mail? Sé parte de la Comunidad Ahora, gratis!






Información del Autor

Margarita Nudemberg
Chef especializada en Alimentación Armónica y Consumo Responsable.
Coach en Cambio de Hábitos.
Integrante de SlowFood.
Desde 2001, profundiza como chef en diversas filosofías culinarias: macrobiótica, veganismo, alimentación viva, agroecológica, sin gluten. Hace 9 años, guía cursos y retiros en Argentina, Uruguay y Brasil. Centra su trabajo en incentivar la experimentación, devolviendo a cada uno el poder de recuperar la salud y la alegría por medio del cambio de perspectiva. La Cocina Armónica es una herramienta puente y parte de la solución a una Consciencia Plena. Plenos de salud física, mental, emocional y espiritual, responsables de nuestro camino personal.

ArteSana de Cocina – Escuela de Alimentación Armónica y Consumo Responsable
.
[email protected] // Whatsapp +54 9 294 4966743