Impresiones mentales -continuación-

PH | Viri Bovo
María Fernández Silveyra -Mery- nos acerca las enseñanzas tradicionales de filosofía yóguica que recibió en su último viaje a India. En esta nota nos cuenta sobre las enseñanzas del Dr. Nagaraj respecto del origen de las impresiones mentales.

Cuando uno abandona la práctica la mente enseguida se abruma nuevamente, por eso, en las prácticas espirituales, son de suma importancia la constancia y la perseveranciaEs lo que hacemos de cada día, nos decía el Dr. Nagaraj, lo que de a poco va construyendo la diferencia, y no la excepción a la regla.

De la misma manera que para hacer una casa hay que poner un ladrillo arriba del otro, para construir un buen carácter, para poder ir transformando los propios enemigos internos en amigos, es un poco lo mismo: un ladrillo, con paciencia, arriba del otro.

Es lo que hacemos de cada día lo que de a poco va construyendo la diferencia, y no la excepción a la regla.

«Para cultivar lucidez en la mente (Sattva) se requiere de atención constante, porque en el momento que dejamos de estar presentes, la mente inconsciente vuelve a desordenar todo lo que con tanto esmero desarrollamos. Esto pasa porque las impresiones que el pasado dejó en nuestras mentes -los Samskaras– nunca se eliminan o destruyen del todo: se mantienen latentes en el subconsciente y pueden reactivarse en cualquier momento. A no ser que estemos atentos para observarlos y atraparlos antes de que se manifiesten.»

En India se ve a la vida como una ciencia; eso se dice que es el Yoga: la ciencia de la vida. Si bien la devoción ocupa casi la totalidad del tiempo y la energía en esta cultura de expertos de las emociones, se trata de una devoción direccionada, no es sencillo de explicar. Nada se deja a la deriva sino que todo parece tener un trayecto, un camino, una forma y un por qué: como si fuese una fe no tan ciega y un poco mas práctica. Ideal para los que somos un poco escépticos y nos gusta experimentar las cosas y no solo creerlas.

«No importa cuan avanzado sea un practicante, cuanto crea saber o haberse perfeccionado, cuando abandona la práctica con el pretexto de haber llegado a alguna parte o de haber descubierto alguna cosa, es solo cuestión de tiempo para que los programas de la mente vuelvan a activarse y el pasado se repita.»

Si somos humanos entonces más vale amigarnos con la idea de la imperfección, salvo que queramos sufrir, entonces ahí si vale dedicar una vida en vano a querer ser y hacer todo perfecto. Esta es una enfermedad demasiado aceptada como normal estos días… El mal de querer ser perfecto.

Mientras tengamos un cuerpo vamos a tener una mente, y mientras tengamos una mente vamos a tener que aprender a aceptar el hecho de que vamos a convivir con un cierto desorden: la presencia no es una práctica tan fácil como parece. En un día hay 24 horas, y en esas 24 horas hay millones de momentos, todos distintos: tristes, alegres, movidos y quietos. Por lo general, en alguna parte del día, el inconsciente se manifiesta con más fuerza: para algunos puede ser la mañana, para otros la tarde, o la noche o la madrugada. Y si prestamos atención vamos a poder percibir que seguramente esto pase casi siempre a la misma hora. Todos los días.

«El poder de la renuncia no viene de estar libre de deseos, sino de practicar la indiferencia.»

La dualidad es parte de nuestra naturaleza, podemos aceptarla o rechazarla. Si la rechazamos, perdemos. Sufriremos y nos estancaremos. Porque sin darnos cuenta convertimos a nuestro vehículo en un obstáculo: limitamos nuestra existencia a nuestra personalidad. Y creemos que la vida es solo eso: «yo y mi historia».

El poder de la renuncia no viene de estar libre de deseos, sino de practicar la indiferencia.

«Tenemos que aprender a renunciar desde la consciencia, tenemos que aprender a tener paciencia. Entonces, llega un punto donde las cosas te dejan a vos, y no vos a ellas. Necesitamos aprender a esperar, con calma. Esto es importante.»

La templanza. Cuando usamos la teoría espiritual o las creencias para crear situaciones imaginarias ideales (que son solo mentales) nos perdemos del aprendizaje más importante de cualquier práctica espiritual: aceptar la realidad como sea, en el siempre cambiante ahora. Hacernos dóciles y flexibles para afrontar dignamente el desafío dinámico que es la vida. Los desafíos están en cada momento de cada día; la tarea es aceptarlos tal como se vayan presentando. A veces, la palabra desafío pareciera tener que tener el tamaño del Himalaya, sin embargo, casi siempre, los más grandes desafíos, son esos que son casi imperceptibles a simple vista, los sutiles; al menos en mi experiencia.

Los desafíos están en cada momento de cada día; la tarea es aceptarlos tal como se vayan presentando.

Creo que si queremos «salvar al Planeta», como muchos decimos que queremos, podríamos empezar por tratar de encontrar algo que nos devuelva a ese centro de paz y quietud adentro nuestro. Ese lugar sagrado desde donde la creatividad del espíritu florece como un árbol en primavera, iluminando a todo lo que tenga a su alrededor, con esa naturalidad que caracteriza a lo que no se resiste.

Creo que la felicidad puede llegar a tener más que ver con emprender la búsqueda de encontrar eso que hayamos venido al mundo a dar, que con andar acumulando tanto. Encontrarlo para luego poder darlo, desinteresadamente.

Darlo porque para dar estamos.

Para iluminarnos en conjunto.

Para cooperar.

Como raza de humanos que somos, tratando de descubrir nuestro propósito en esta Tierra.

Hoy pido porque haya paz y porque todos los seres, de todos los planos, seamos felices.

Gracias.

«Bringing joy to one heart with love is better than one thousand repetitive prayer recitings.»

~ Sufi Proverb.


MeryMery adora viajar. Después de haberse recibido de Economista y haber cumplido con las “normas sociales” un buen día decidió salir a explorar el mundo en búsqueda de respuestas, lo que la llevó, inevitablemente, a la India, cuna de todo conocimiento. En estos años tuvo experiencias que transformaron para siempre su forma de percibir la vida. Además de escribir y practicar Yoga, trata de sembrar consciencia compartiendo sus experiencias en todo lo que sea aprender a usar al cuerpo como vehículo para llegar al alma. Sujeta al eterno cambio, Mery simplemente disfruta de hacer camino al andar y de compartir su perspectiva.

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