El valor del desapego en la práctica espiritual

PH | Viri Bovo
Mucho se habla del 'desapego' en las prácticas espirituales. Pero ¿qué es realmente y cómo acceder a él de forma natural?

María Fernández Silveyra -Mery- nos acerca las enseñanzas tradicionales de filosofía yóguica que recibió en su último viaje a India. Aquí nos habla de las enseñanzas que recibió sobre el valor del desapaego en la práctica espiritual.


«El real desapego surge cuando empezamos a sentir indiferencia ante los objetos sensoriales, ya sea en su presencia o en su ausencia. La renuncia o el desapego, es un proceso que surge naturalmente cuando vamos percibiendo las consecuencias que tiene vivir para satisfacer pura y exclusivamente a los sentidos. El desapego se da por sí solo, a partir de la práctica del discernimiento: nos observamos, probamos, nos equivocamos y lo volvemos a intentar; paro lograrlo hay que tener toda la paciencia del mundo. En la práctica espiritual no hay nada que este bien o mal, lo importante es que tratemos de identificar si es correcto o no para nosotros” nos dijo el Dr. Nagaraj aquel día que hablamos sobre la renuncia.

La renuncia o el desapego, es un proceso que surge naturalmente cuando vamos percibiendo las consecuencias que tiene vivir para satisfacer pura y exclusivamente a los sentidos.

Poder descubrir qué es lo qué nos hace bien de verdad y qué no, es una de las maravillas que nos revela el tener una práctica espiritual diaria. En la repetición consciente, en el estado de atención plena, hay mucha información. El cuerpo y la mente nos hablan todo el tiempo y, si estamos aprovisionados de paciencia, de a poco y con esmero, aprenderemos a escucharlos, sin ruidos, sin interlocutores externos. Comprendernos es esencial para poder ser independientes en todo sentido.

En la repetición consciente, en el estado de atención plena, hay mucha información.

“A partir de este análisis sincero, de esta observación y puesta en práctica, es que puede empezar a asomarse, como el sol de cada mañana, el gradual proceso de la renuncia. Cada vez que nos negamos algo, cada vez que nos decimos ¡NO!, no puede haber resultados sostenibles en el tiempo porque estamos atacando al síntoma pero no la causa. Estamos queriendo apretar el acelerador, y a los árboles no les crecen flores en otoño. Salvo la humildad de dejar caer cada una de sus hojas, no les crece nada.”

Cada vez que nos negamos algo, cada vez que nos decimos ¡NO!, no puede haber resultados sostenibles en el tiempo porque estamos atacando al síntoma pero no la causa.

A los «No» exacerbados hay que observarlos más detenidamente que a los «Si» fáciles porque suelen tener información muy útil para seguir descubriendo patrones de la mente. Nuestras rigideces, me dí cuenta, son nuestros grandes maestros. «Por eso una renuncia excesiva, un desapego forzado, no nos garantiza estar libres de la posibilidad de que surjan en la mente viejos patrones de conductas indeseadas

Por eso pienso que la práctica espiritual es como ir al psicólogo. Sólo que en vez de tener una persona que nos escucha, aprendemos a escucharnos a nosotros mismos. Empezar a descubrir adentro de uno mismo todo lo que desesperadamente buscamos afuera es un proceso meticuloso pero sencillamente maravilloso.

Y es un camino largo, sí. ¿Cuál no? Es un camino que requiere de esfuerzo y perseverancia y dedicación, sí. Porque hay que repetir todos los días esa técnica que cada uno elija para su «terapia»; no únicamente cuando haya algún problema. A través de la práctica espiritual aprendemos algo sumamente importante: a sostener un estado de contento interior (me parece que la palabra felicidad no representa exactamente el fin de estos caminos) y no sólo a resolver los percances. No estamos aquí únicamente para eso.

«No hay vacaciones para las prácticas espirituales. Yo practico siempre, hasta cuando tengo que viajar en el tren. Me acomodo al espacio que tenga, y mientras todos duermen hago mis rituales. Hace más de 30 años que todos los días hago lo mismo. Para algunos esto puede parecer una locura, no hay problema con eso. No podemos gustarle a todos. Uno tiene que hacer lo que sabe que tiene que hacer, independientemente de lo que opine el resto.»

A través de la práctica espiritual aprendemos a sostener un estado de contento interior, no sólo a resolver percances.

Buscamos en los Maestros inspiración, no soluciones, ni atajos, ni pociones mágicas para la liberación, ni ideales de perfección. Ellos nos enseñan una determinada ruta que descubrieron a través de la constancia en su práctica espiritual. Es condición que nosotros caminemos la nuestra; rutas hay millones, tantas como seres humanos.

Una fe ciega muchas veces nos encarcela en nuestros propios patrones de conducta negativos (total, tenemos a alguien a quien echarle la culpa). Tenemos alguna teoría linda que nos alivia temporalmente. Sin embargo lo realmente valioso es trabajar en pos del despertar, en pos de descubrir nuestra propia divinidad, en pos de darnos cuenta de lo poco que necesitamos para ser felices, en pos de ser auténticamente libres, en pos de poder sanar al planeta aportando nuestro grano de arena…

Información hay de sobra. Lo único que nos falta, es animarnos a ponerla en práctica. Y compromiso.

«A través de la práctica, subproductos como el desapasionamiento, el desapego y la renuncia surgen espontáneamente. Practiquen. Y todo el resto, llegará solo».

Practiquemos entonces.

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Información del Autor

Mery adora viajar. Después de haberse recibido de Economista y haber cumplido con las “normas sociales” un buen día decidió salir a explorar el mundo en búsqueda de respuestas, lo que la llevó, inevitablemente, a la India, cuna de todo conocimiento. En estos años tuvo experiencias que transformaron para siempre su forma de percibir la vida. Además de escribir y practicar Yoga, trata de sembrar consciencia compartiendo sus experiencias en todo lo que sea aprender a usar al cuerpo como vehículo para llegar al alma. Sujeta al eterno cambio, Mery simplemente disfruta de hacer camino al andar y de compartir su perspectiva.