El egoísmo, parte de la práctica espiritual

egoismo
Cuando hacemos el bien, ¿realmente lo hacemos por los demás?

Hablamos del amor ese día, del amor de pareja y de las relaciones en general…

El Dr. Nagaraj nos decía algo así como «¡ni siquiera el amor es lo que creen que es! Dos personas se conocen, se enamoran, se prometen amor eterno, y después de un tiempo se odian, se separan, no se hablan nunca más, entonces… ¿Que garantía hay? ¡No hay garantía de nada!  ¿Era realmente amor lo que sentían? ¿O era odio? ¡Eran las dos cosas! Porque las dos cosas están adentro nuestro. Tanto el amor como el odio, son cosas que existen adentro de cada uno de nosotros.»

El amor como el odio, son cosas que existen adentro de cada uno de nosotros.

Su énfasis estaba puesto en que, si de verdad nos diéramos cuenta, no solo conceptualmente, que todo lo que vemos afuera es un reflejo de nuestro estado interno, la mente automáticamente se calmaría: no existen salvaciones de ningún tipo en este mundo, solo espejos, proyectores, proyecciones… y reflejos.

Si de verdad nos diéramos cuenta, no solo conceptualmente, que todo lo que vemos afuera es un reflejo de nuestro estado interno, la mente automáticamente se calmaría

El problema es cuando no nos damos cuenta de esto y circulamos por la vida creyendo que alguien más es responsable… tanto de nuestra dicha como de la desdicha.

«De la misma manera, cuando alguien se muere, pensamos ‘¡oh! ¡cómo voy a hacer para vivir sin vos!’. ¿Te das cuenta que no estás pensando en la otra persona? ¿Te das cuenta que estás pensando solamente en vos? ¿En tu dolor? Lo mismo pasa con las relaciones, solo pensás en vos. En tus necesidades. En lo que a vos te conviene… Eso es lo que se mal interpreta como amor hoy en día. La necesidad del otro

Tenemos que ser realmente muy honestos para poder aceptar esto: que SIEMPRE PENSAMOS PRIMERO EN NOSOTROS, hasta cuando nos levantamos en el colectivo para ceder el asiento o rescatamos un perro de la calle.

Todo lo que hacemos, lo hacemos por nosotros. La vida se trata de nosotros y no del resto. Si hacemos el bien es porque nos hace sentir bien. Si hacemos el mal es porque estamos enojados, pero siempre se trata de nosotros. Somos seres egocéntricos. Por naturaleza.

Todo lo que hacemos, lo hacemos por nosotros. La vida se trata de nosotros y no del resto. Si hacemos el bien es porque nos hace sentir bien. Si hacemos el mal es porque estamos enojados, pero siempre se trata de nosotros.

«Por eso yo siempre les digo ¿amás a alguien? ¡No se lo digas! Si realmente amas a alguien, amalo, y punto. Demostralo. Amás por vos. No hace falta andar diciendo demasiado. ¿Creés que sos muy honesto muy caritativo? ¡No digas nada! ¡Sé honesto! ¡Sé caritativo! Lo hacés solo por vos. Dejá que tus acciones sean las que te representen, las que hablen de tu honestidad, de tu caridad o de tu amor. Es por vos que hacés estas cosas, por nadie más. Para purificar tu propia mente y estar en paz.

 Cuando decimos demasiado, cuando hablamos demasiado de estas cosas: ‘te quiero tanto’, ‘soy tan honesto’ ‘que bueno que soy’, es porque en el fondo no estamos tan seguros de que sea real, no estamos en paz: hoy porque las circunstancias congenian para que esto se dé así, pero… ¿y mañana? ¿Quién sabe que va a pasar mañana?

Entonces no se engañen creyendo que hacen las cosas por el mundo, o por los demás. Se trata siempre de nosotros, de nuestro propio bien estar, de nuestra propia felicidad: NUNCA SE ENGAÑEN A USTEDES MISMOS. No sean víctimas ni jueces. No ayuda para nada.»

Vemos el mundo a través de nuestros ojos. Creemos ser objetivos pero la realidad es que, por lo general, somos bastante subjetivos.

Nuestra perspectiva va a estar siempre teñida por nuestros propios gustos y disgustos y por las ochenta mil millones de impresiones que tenemos en la cabeza. Hay tantas maneras de hacer las cosas como seres humanos hay en el planeta, por eso se dice que las prácticas espirituales son individuales. Porque entrar adentro de uno es un viaje sin precedentes que hay que hacer en soledad.

Entrar adentro de uno es un viaje sin precedentes que hay que hacer en soledad.

No es para nada fácil descubrir la individualidad en un mundo en donde nos enseñan que tenemos que ser todos iguales y hacer todos más o menos lo mismo.

Pero la realidad es que somos individuos además de seres sociales. Individuos con un potencial por encima de todo tipo de compresión racional, y este es el mensaje que recibimos de las culturas Orientales: «Nada es lo que parece… ¡Dejen de buscar afuera!»

Sin idealizar, sin crear expectativas, sin creer que hay salvación en algún lugar o enseñanza, poder tener el coraje de buscar adentro y de descubrir esa cosa que nos hace ser lo que somos, esa esencia que se esconde en el silencio de nuestra más profunda y pura presencia y que está ahí siempre, completamente quieta y vacía y eterna, observando, sosteniendo, abrazando, cada uno de nuestros pasos, sin importar la dirección transitoria de nuestro camino en la tierra.

Buscar este centro, empezar a identificarnos más con esto que con la forma de afuera, es lo que en el fondo todos queremos: calmar un poco la angustia existencial del agujero sin fondo, descubrirnos adentro, y aceptar la vida como la vida es. Transitoria, efímera y eternamente cambiante.

«Mediten en ustedes mismos: ahí está todo lo que están buscando.

 Los Yoguis viven haciendo cosas buenas, pero no con la intención de ayudar a nadie.

Mediten en ustedes mismos: ahí está todo lo que están buscando.

 Ellos ayudan a todos pero no piensan que están ayudando a nadie, porque lo hacen para purificar sus mentes. Y cuando sus mentes se purifican automáticamente lo irradian a los demás. No tienen que hablar. No tienen que decir. La gente sola se les acerca porque sus mentes se calman de solo de estar cerca de ellos. ¿Por qué? Porque practican y no predican. Así de simple.»

 La flor florece desde adentro.

Eso es meditación.

Hoy pido porque haya paz y porque todos los seres, de todos los planos, seamos felices.

Gracias.

María Fernández Silveyra

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Información del Autor

Mery adora viajar. Después de haberse recibido de Economista y haber cumplido con las “normas sociales” un buen día decidió salir a explorar el mundo en búsqueda de respuestas, lo que la llevó, inevitablemente, a la India, cuna de todo conocimiento. En estos años tuvo experiencias que transformaron para siempre su forma de percibir la vida. Además de escribir y practicar Yoga, trata de sembrar consciencia compartiendo sus experiencias en todo lo que sea aprender a usar al cuerpo como vehículo para llegar al alma. Sujeta al eterno cambio, Mery simplemente disfruta de hacer camino al andar y de compartir su perspectiva.