Danzas Circulares, una experiencia en primera persona

danzas circulares
Las danzas circulares son una práctica maravillosa, es como meditar en movimiento, pero tiene algo más. Como se realiza en grupo, tiene la magia particular del compartir.

Luego de escribir una nota sobre las danzas circulares, me quedé con una profunda inquietud en torno a esta práctica. La entrevista que tuve con Felicia y Cecilia la vez pasada, me abrió un abanico de preguntas e interrogantes y me dejó con las ganas de saber un poco más, la curiosidad de cómo sería participar de una sesión de danzas, o como Cecilia la llamó: meditación en movimiento.

Así que me animé, hablé con Feli y decidí anotarme en uno de los encuentros que ella organiza. Al principio no estaba segura de poder realizar la actividad, si bien había hecho danza cuando era chica, esto no era lo mismo y ya había pasado mucho tiempo de eso. Me preguntaba cómo sería hacer algo así, así que impulsada por el interés, más allá de los nervios previos, fui al encuentro con algo diferente y me lleve una sorpresa más que agradable.

El encuentro comenzó puntual, con la compañía de 6 mujeres más que le dieron un encanto especial a una tarde muy hermosa, donde la emoción fue la principal protagonista. En cuanto llegué me dieron la bienvenida, deje mi calzado de calle en un rincón y me puse unas sandalias cómodas. En ese momento Felicia explica que la consigna es cambiarse el calzado a modo de desprenderse de lo que traemos de afuera, de forma simbólica. Una vez hecho esto, nos ponemos en círculo, en torno a un “centro”. En esta oportunidad el centro está conformado por una carpetilla, velas, una campanita, un adorno de vidrio y una especie de cuenco con caramelos. Feli, quien es la focalizadora en esta oportunidad, explica la danza, muestra los pasos y empieza a sonar la melodía. En cuanto arrancan las primeras notas musicales, empezamos a movernos de acuerdo con lo planteado por la focalizadora.

Durante una de las interpretaciones, el pecho se abre, levanto la mirada hacia arriba, los brazos acompañan el movimiento, y eso me llena de alegría. Cuando bajo los brazos, bajo la cabeza y miro hacia el suelo encuentro otra emoción: me conmuevo.

Toda la música es hermosa, los pasos acompañan a la misma con cierta intencionalidad, y ahí, en medio de los sonidos, los movimientos y el vínculo que se produce entre las participantes, nace la emoción. Cada canción despierta algo distinto, imposible entonces que se me escape una sonrisa, incluso risas, con algunos pasos más que con otros.

A modo de cierre danzamos por la paz. Durante una de las interpretaciones, el pecho se abre, levanto la mirada hacia arriba, los brazos acompañan el movimiento, y eso me llena de alegría. Cuando bajo los brazos, bajo la cabeza y miro hacia el suelo encuentro otra emoción: me conmuevo. En ese momento mi mente me interrumpe, diciendo que no debería emocionarme o llorar delante de un grupo de desconocidos. Por suerte la mente es callada por el corazón, que me indica solamente una cosa: soltar. Soltá porque estás viviendo esto, y vale la pena vivirlo al 100 por 100. Vale la pena dejarse llevar por la música, los pasos, las risas, los “errores” cuando pongo mal el pie y me río sola de mi error, me tiento, miro a las demás, nos miramos y sonreímos. Porque esta experiencia es hermosa. Más hermosa aun cuando la compartís con personas como estas, en un lugar donde te sentís seguro y cómodo de poder expresarte libremente. Porque de eso se tratan las danzas: de conectar. No solo con los demás, con uno mismo también. ¡Y cómo cuesta eso últimamente! Especialmente, en estos tiempos donde cada uno está en la suya todo el tiempo.

Cuando termina el encuentro compartimos unas palabras, comemos los caramelos, nos saludamos y nos despedimos en la puerta de este lugar hermoso a donde pienso volver, porque si hay algo de lo que estoy segura es que quiero seguir practicando estas danzas. Al final llego a la conclusión: Ceci y Feli tienen razón, las danzas circulares son una práctica maravillosa, es como meditar en movimiento, pero tiene algo más. Como se realiza en grupo, tiene la magia particular del compartir. Y les puedo asegurar que fue una de las experiencias más lindas que tuve en esta vida.

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Información del Autor

Noelia Garola es Lic. en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, donde además realizó cursos de posgrado en Gestión de emprendimientos culturales y creativos y una Diplomatura en Recursos Humanos, además de capacitaciones y talleres sobre redacción para medios de comunicación digitales. Apasionada del teatro, las letras y la buena cocina, descubrió en el yoga un aliado para el camino de la vida, en la búsqueda de la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Actualmente se desempeña como docente de nivel superior y dicta talleres sobre comunicación corporal, donde pone especial énfasis en la importancia de escucharse a uno mismo y sentir lo que dice el cuerpo. Podes contactarte con ella a través de LinkedIn.