Lo simple

volver a lo simple
No es tan simple lo simple. Cuando se pierde de vista por el trajín cotidiano, no es tan fácil volver a encontrar ese tesoro.

No es tan simple volver a lo simple. Cuando se pierde de vista por el trajín cotidiano, el bullicio de la ciudad, el trabajo acelerado o lo que fuera que le toca vivir a cada uno, no es tan fácil volver a encontrar ese tesoro.


“Los momentos de crisis son oportunidades para realizar cursos acelerados sobre lo que significa ser humano.”

Jean Shinoda Bolen

Hace algunos meses estoy aprendiendo de una dolencia física que me está aquejando y… también estoy sufriendo.  Pensándolo mejor… primero estoy sufriendo y, como elección consciente, estoy decidiendo todo el tiempo aprender de esa dolencia para enriquecerme. No es nada grave,  pero sí involucra esporádicamente un dolor agudo bastante insoportable. Descartado todo lo físico y también todo el tratamiento moderno a base de pastillas, que en este caso no garantizaban ni su desaparición y ni el aprendizaje que estoy realizando, el trabajo sobre lo emocional, corporal, psíquico y espiritual, está siendo mi guía.

Entre medio de yoga, acupuntura, masaje californiano, fitoterapia, regulación en las comidas y descansos, meditación y psicoterapia, uno de estos compañeros de aprendizaje me hizo una indicación aparentemente fácil de realizar: “dale lugar nuevamente a la vida sencilla”.

Dale lugar nuevamente a la vida sencilla.

Aceptame mujer

Y aparentemente no era tan simple lo simple. Cuando se pierde de vista por el trajín cotidiano, los problemas sostenidos en el tiempo,  el bullicio de la ciudad, el trabajo acelerado  o lo que fuera que le toca vivir a cada uno, no es tan fácil volver a encontrar ese tesoro. A veces simplemente lo vamos acallando por eso que nos hacen creer que es madurar, crecer, eso que nos venden y que les vendieron a nuestros padres, abuelos y así váyase a saber cuántas generaciones atrás, de que todo acto tiene que tener una finalidad, por ende tiene que encerrar en sí mismo un éxito o un fracaso. Y ahí… ahí perdimos nosotros.  Cuando no nos dejamos lugar, ni siquiera un recoveco, para la sencillez, para el momento por el momento en sí, para apreciarlo por lo que nos viene a traer sin andar calculando cómo nos va a redituar eso vivido: ahí, perdimos.

Cuando no nos dejamos lugar, ni siquiera un recoveco, para la sencillez, para el momento por el momento en sí, para apreciarlo por lo que nos viene a traer sin andar calculando cómo nos va a redituar eso vivido: ahí, perdimos.

Byung-Chul Han, filósofo surcoreano, estudió filosofía en Alemania y escribe unos ensayos exquisitos  a mi gusto,  que sirven para poner en perspectiva esta época que estamos viviendo y observarla. En “La agonía del Eros”, en su capítulo `No poder poder` dice: “La sociedad del rendimiento está dominada en su totalidad por el verbo modal poder, en contraposición a la sociedad de la disciplina, que formula prohibiciones y utiliza el verbo deber.  A partir de un determinado punto de productividad, la palabra deber se topa pronto con su límite. Para el incremento de la producción es sustituida por el vocablo poder. La llamada a la motivación, a la iniciativa, al proyecto, es más eficaz para la explotación que el látigo y el mandato. El sujeto del rendimiento, como empresario de sí mismo, sin duda es libre en cuanto que no está sometido a ningún otro que le mande y lo explote; pero no es realmente libre, pues se explota a sí mismo, por más que lo haga con entera libertad. El explotador es el explotado. Uno es actor y víctima a la vez. La explotación de sí mismo es mucho más eficiente que la ajena, porque va unida al sentimiento se libertad. Con ello la explotación también es posible sin dominio”.

Tiempo para crearnos

La explotación de sí mismo es mucho más eficiente que la ajena, porque va unida al sentimiento se libertad.

Y  así llevamos este tener que poder poder a todos lados y de repente nos encontramos con que nos absorbió esta forma de ver la vida a través del rendimiento de los demás, del propio, de los momentos,  hasta de lo sencillo: “tengo que tirarme a ver las nubes en el cielo porque eso me hace bien”. NO. El mismo que me indicó como tratamiento la vida sencilla, seguidamente me hizo la siguiente aclaración: “LO SIMPLE POR LO SIMPLE, no para beneficiar la salud. Ahí deja de ser sencillo. Hacelo porque es parte intrínseca de vos, es volver a vos misma”.

Sin resultados.

¿Cuántas cosas hacés que no sean por la obtención de un resultado? Incluso el más benévolo del mundo. ¿Cuántas?

Yo me vi en la triste realidad de que no hacía muchas. Que esta sociedad del rendimiento había empezado a pensar por mí en muchas áreas de mi vida. Unos pocos meses de estrés, de situaciones variadas que requirieron de mucho accionar, fueron suficientes para que, cuando todo se calmó y por inercia y falta de consciencia quise seguir con el mismo ritmo, el dolor me dijera: NO, así no es la vida. Literalmente un cachetazo para bajar a tierra. A tocar de nuevo la tierra, el pasto, el rocío al atardecer, disfrutar de la lluvia, caminar bajo la luna, leer por leer, simplemente observar el cielo cambiar de color en el atardecer, tocarle la panza suavecita a mi gata, reírme de pequeñeces y mirar el fuego de una vela hasta que me aburra.

A la luz de la propia sombra

¡Cómo extrañaba aburrirme! Ahora entiendo de la bendición de los que podemos disfrutar del aburrimiento, aunque sea por unos segundos. Disfrutar del aburrimiento es una habilidad interna, no depende de las cosas que tengamos o no para hacer, es una capacidad que se desprende de la vida sencilla, que se parece mucho a la del niño. Poder llegar a aburrirse en esta sociedad exitista es una verdadera habilidad para mantener la cordura y el equilibrio. Ojalá no le sigamos quitando a nuestros niños, en el atiborramiento de estímulos, juguetes y respuesta a sus demandas, la capacidad de aburrirse que será una gran aliada para equilibrar  la sociedad donde van a crecer.

Disfrutar del aburrimiento es una habilidad interna, no depende de las cosas que tengamos o no para hacer, es una capacidad que se desprende de la vida sencilla, que se parece mucho a la del niño.

Lo simple te obliga a estar presente. Estar ahí para él. Sólo estar. En él no hay proyecciones de lo que será, ni lamentos por lo que no fue. Se agota en sí mismo y eso lo lleva a ser siempre único. La escasez de lo simple en el mundo de hoy no es culpa de lo simple, es culpa de nuestra contaminación interna. De nuestro barullo constante que nos aleja de la posibilidad de centrarnos. Sólo centrados, presentes, podemos darle el valor a lo deliciosamente simple. Se requiere de curiosidad de niño y sapiencia interna, esa que es más añeja que nosotros mismos, para poder captarlo en el momento justo, sin que se nos escurra de las manos.

La escasez de lo simple en el mundo de hoy no es culpa de lo simple, es culpa de nuestra contaminación interna.

Les dejo una bella canción de Facundo Cabral que habla de la Vida Sencilla, si pueden escucharla, más pleno será el momento:

VIDA SENCILLA

Te daré la vida sencilla
Con las cosas que el hombre olvidó
Sin alfombras pero con sonrisas
Y los ojos abiertos al Sol.

Lo mejor de la vida es gratis
No hay pobreza estando los dos,
La esperanza será nuestro huésped,
La tarde lluviosa, será una canción,

Yo te ofrezco la brisa de mayo,
Las flores de Octubre,
Y todo mi amor.

Volaremos igual que las aves,
En cielo fronteras no hay,
A tu piel cubriré con la mía,
Y el invierno, verano será.

Nuestros besos serán nuestra casa,
Nuestros sueños serán nuestra ley,
Por la playa cantando descalzos,
Con la vida juntos vamos a jugar.

Dios ha puesto la dicha en lo simple,
Y ese es el camino
A la felicidad.

Paula Perticone

 

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Información del Autor

Paula Perticone es Licenciada en Psicología con orientación junguiana. Realizó un posgrado en Medicina Ayurveda, complementando su práctica personal de meditación, yoga y fitoterapia, para brindar a sus pacientes y clientes una mirada holística sobre sí mismos. Actualmente se encuentra realizando la Diplomatura en Coaching Integral que le permite enfocarse en las potencialidades de las personas y de las organizaciones para que construyan y alcancen los objetivos que se proponen. Amante de los viajes, los amigos, la naturaleza y la luna; posee un alma inquieta que busca experiencias que posibiliten ampliar su forma de ver para descubrir los distintos mundos que habitan en cada persona. Ama escribir y difundir ideas que permitan abrir caminos en los demás a través de su Facebook

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