Tiempo para crearnos

aprender a darse tiempo
Algo de lo más perjudicial que mata a nuestro niño interior día a día es no dejar espacios en blanco en nuestras vidas: no tener tiempo.

Hace algunas noches me recosté sobre mi cama con el velador encendido, mirando  el blanco vacío del techo y me sumergí en el recuerdo de cuando, en otro techo, el del dormitorio de mis papás en la chacra a la hora de la siesta, se colaban por la persiana las sombras de los álamos meciéndose  con el viento y, ¡qué maravillosa era mi imaginación! En ese techo se sucedían desde las historias más tristes hasta las más arriesgadas aventuras.

Y en este techo de mi presente adulto no había nada, ni sombras, ni imágenes, ni historias y eso dejó al descubierto hilachas de una imaginación que en otros años era frondosa. No fue agradable, pero seguí insistiendo noche tras noche, y comencé a amigarme nuevamente con mi techo vacío, con mi mente vacía.

Vacío en una hoja, vacío de forma en una plastilina, vacío sonoro de las cuerdas por vibrar, vacío en el cuál se engendra vida y el miso vacío que provoca la angustia necesaria para plantearnos cambios en nuestra vida que nos acerquen cada día más a nosotros mismos. ¿Será por esto último, que los evitamos por todos los miedos…digo, medios posibles?

Siento que algo de lo más perjudicial que mata a nuestro niño día a día es no dejar espacios en blanco en nuestras vidas. No tener tiempo. No permitir tener lugares internos y externos donde crear no ponga en riesgo una relación, un trabajo, nuestra reputación o dignidad. Tanto la creatividad como el juego que devienen de nuestra imaginación se gestan en el magnífico vacío. Tiempo vacío.

Siento que algo de lo más perjudicial que mata a nuestro niño día a día es no dejar espacios en blanco en nuestras vidas. No tener tiempo.

Esto me llevó a observar a qué jugamos los mayores. Y el juego, que en vez de placer, más tristeza me provocó, es cuando jugamos a ser otros. De adultos solemos poner nuestros aspectos no satisfechos o inmaduros en otros lugares o personas, en vez de en donde tienen que ir: adentro, para trabajarlos.

Tanto la creatividad como el juego que devienen de nuestra imaginación se gestan en el magnífico vacío. Tiempo vacío.

Y si observamos, en verdad, un niño tiene más consciencia de su juego que nosotros. Destruimos, en nuestro afán de ocupar otras vidas, ambientes laborales, parejas, familias, amigos; todo por la cobardía de no hacernos cargo de nuestras elecciones, aprender, realizar nuevas y descubrir nuestra autenticidad.

Si nos permitiéramos toparnos cara a cara con nuestras sombras en esos espacios vacíos creo que, por medio de la creatividad, aportaríamos a nuestra vida el sentido necesario para quedarnos en ella y evitar huir a la conquista de las ajenas.

¿En qué momento comienza a diluirse nuestra capacidad de juego? ¿Cuándo  aprendemos que ser adultos y madurar es dejar a un costado nuestra parte lúdica?

¿A la sombra de cuál de nuestras máscaras sociales y cotidianas  se esconden tantas risas? ¿Cuándo aprendimos que crear estaba mal y repetir era lo correcto? ¿Cuándo nos quitamos de encima el detenerse, observar, imaginar, crear y lo reemplazamos por correr, hablar incesantemente, pensar sin corazón y reproducir patrones?

Si nos permitiéramos toparnos cara a cara con nuestras sombras en esos espacios vacíos creo que, por medio de la creatividad, aportaríamos a nuestra vida el sentido necesario para quedarnos en ella y evitar huir a la conquista de las ajenas.

En la medida que nos aferremos ciegamente a concepciones creadas, elaboradas y masticadas por otros, matamos lentamente nuestra capacidad creativa.

La posibilidad de crear y la capacidad de ejercerlo, considero que es lo que hace al equilibrio individual y colectivo. Para crear hay que ser auténtico. Crear necesariamente te coloca en un lugar de crítica y diferencia, de originalidad.

La capacidad de crear hace que la humanidad avance. Para que suceda la creación tiene que haber un terreno propicio: el tiempo vacío. Y luego se requiere de  la alquimia de al menos dos capacidades: la del poder de aventurarse, la osadía, el coraje de saltar a las aguas de lo desconocido, cual niños. Y por otro, de la capacidad de concretar y compartir la creación.

En la medida que nos aferremos ciegamente a concepciones creadas, elaboradas y masticadas por otros, matamos lentamente nuestra capacidad creativa.

La creatividad es un acto que une lo individual y lo colectivo. Sin esto último, sin la posibilidad de compartirlo, de que haya un receptor, sería mera producción, o reproducción. Y ahí es donde hace la diferencia el conocernos a nosotros mismos y sabernos originales en la igualdad.

Un buen corazón, capaz de ver sus sombras y transmutarlas, hace de la creación la libertad de crearnos a nosotros mismos, como individuo y como humanidad.

Vamos a empezar por el terreno propicio…

Tiempo

¿A dónde vas tan apurado?

¿A dónde vas a parir lo que todavía no está maduro?

No tiene sentido.

Esperá.

Dentro del tiempo que vos querés que pase rápido para llegar a la otra orilla, está la sabiduría.

Microtiempos, en reducidos espacios, que si son vividos plenamente, adquirís saberes eternos.

Pará un poco.

Observate.

No corras.

A donde llegues va a ser igual que ahora si no aprendés que el cómo llegar es lo importante.

Respirá.

Mirá.

Sentí.

Se te dio la consciencia para aprehender lo único que tenés: el ahora.

No escapes.

Ni al pasado, ni al futuro.

No te escapes de vos mismo.

Cada paso debe ser hecho. Cada paso imperfecto es perfecto para ese momento.

Nada nace maduro como culminación, sino maduro para ese momento en sí.

Aceptate en tus procesos completos-incompletos.

Es la única forma para ser.

Siempre estamos siendo lo que vinimos a ser.

Lic. Paula Perticone

 

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Información del Autor

Paula Perticone es Licenciada en Psicología con orientación junguiana. Realizó un posgrado en Medicina Ayurveda, complementando su práctica personal de meditación, yoga y fitoterapia, para brindar a sus pacientes y clientes una mirada holística sobre sí mismos. Actualmente se encuentra realizando la Diplomatura en Coaching Integral que le permite enfocarse en las potencialidades de las personas y de las organizaciones para que construyan y alcancen los objetivos que se proponen. Amante de los viajes, los amigos, la naturaleza y la luna; posee un alma inquieta que busca experiencias que posibiliten ampliar su forma de ver para descubrir los distintos mundos que habitan en cada persona. Ama escribir y difundir ideas que permitan abrir caminos en los demás a través de su Facebook

9 Comments

  • Gracias por esta nota, me hiso reflexionar. No solo que nos falta tiempo sino que tambien lo perdemos atras de cosas sin sentido (como el celular). Alguna tecnica para fomentar esos momentos de creacion? gracias de nuevo. Pamela

    • Pamela, muchas gracias por tu comentario.
      Considero que mantener espacios de ocio, donde no nos veamos obligados a tener que llegar a ningún resultado, sino simplemente ser exploradores de nuestras posibilidades, favorece mucho la creatividad y el vivenciar el error como posibilidad de reajustar la creación y no como fracaso.
      A mi que me gusta caminar mucho, estuve leyendo que tener caminatas periódicas que se prolonguen más allá de los 30 minutos activa el cerebro creativo.
      Abrazo grande!

  • Una amiga me envió un artículo tuyo….lo leí y seguí leyendo otros y Me gustaron mucho…Me encuentro en ese camino de autodescubrirme y ser desde mi yo interior y transformarme…Vivo en Mar del Plata….Por ello decidí suscribirme para recibir tus escritos y así orientarme y seguir sintiendo y viviendo la vida…la que quiero que sea sabiamente vivida. Muchas Gracias por tus a.

  • Me encantó! Me hizo acordar también a lo necesario que es aburrirse también. Es decir soportar un rato de aburrimiento para que empiece a suceder la magia… Ahí en el vacío como decís!

  • Pingback: Volver a lo simple

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