Los Círculos de la Vida

los círculos de la vida
La vida es un círculo que se cierra sobre sí mismo…tarde o temprano.

La vida es un círculo que se cierra sobre sí mismo…tarde o temprano.


(…) Tiene que llegar a darse cuenta de que el poder que aparentemente ha conquistado no es nunca suyo en verdad. Debe tenerse a raya a todas horas, manejando con tiento, y con fe todo lo que ha aprendido. Si puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que todo se domina. Entonces sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así habrá vencido a su tercer enemigo. El hombre estará, para entonces, al fin de su travesía por el camino del conocimiento, y casi sin advertencia tropezará con su último enemigo: ¡La vejez! Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que no se puede vencer por completo; el enemigo al que solamente podrá ahuyentar por un instante.

 Las enseñanzas de Don Juan

Carlos Castaneda

Su madre alimentó a Ailín toda su vida con la realidad cruda y la valoración de cada brote de vida; sea un manzano, una  violeta, un gato, una araña. Como le enseñó también la hora de la muerte con el invierno, la sequía, la desnuda verdad de las enfermedades, del sacrificio, de la entrega y de la resignación.

Ella tenía un aliento de eterna vejez  y la suficiente fuerza de  juventud como para que la vida, mitad heredada y mitad elegida, no la derrumbara en todas las batallas que le puso para pelear. Ailín pudo observar y absorber esa eterna vejez y fuerte juventud desde las raíces de su vida.

Su madre le enseñó, sin darse cuenta, los círculos de la vida. Le enseñó su forma de ver el mundo -con todo lo bueno y lo malo- sin deslumbrarse, ni espantarse, sino apreciando y observando sin juzgar. Le enseñó lo cerca que está la locura y que a la misma distancia se halla la salud; y a veces sus lugares coinciden. Cuando la enfermedad trae salud, esa inexplicable paradoja que trae libertad, amor propio y valor una vez vencida la batalla. Y que no podría haber sido de otra forma.

Con-Tacto

Que uno puede humillarse y a  la vez luchar por amarse. Que a veces no se tiene tiempo en esta vida para uno, sino para la entrega a los demás, pero que en ese amor incondicional, sacrificado, se halla su realización, su misión,  su destino. Y que nadie tiene el derecho, ni su hija de decirle que ese camino es el equivocado. Ese es su camino. Ella deberá encontrar el propio, ese donde tenga el corazón y vivirlo con la misma capacidad guerrera que su madre.

Su madre le enseñó el amor incondicional y el odio encarnecido. Y que, a veces, pueden coincidir en la misma celda esclavizándonos o salvándonos. Eso lo determinará el tiempo que nos quedemos en ellos.

Que los otros pueden dominar todo fuera, pero que no tendrían que entrometerse en ese diálogo profundo que se realiza con uno mismo. Y que de ese diálogo deben salir las decisiones más profundas, desde nuestro vientre: ése lugar de respuestas certeras que no se encuentran en el corazón ni en la cabeza, las guías en el camino de nuestra vida.

Le enseñó a escuchar los sonidos del silencio, a apreciar y fundirse en un atardecer, en una alameda dorada, en el ritual de salir a ver la luna todas las noches, el cielo turquesa de otoño, en venerar la noche como introspección y a los animales como los mejores compañeros en lo inesperado de la naturaleza.

Tiempo para crearnos

Su madre le enseñó la picardía, el humor, el sarcasmo y la ironía  en los momentos indecibles. Eso las salvó de las guerras crónicas con las enfermedades ajenas, físicas y psíquicas, donde el fin o el alivio no llegarían nunca. Y también les dio el valor de reírse y poder ver de frente lo siniestro propio, primero desde el humor, luego desde el dolor y por fin desde la aceptación.

Le enseñó que con una mirada se puede transmitir un profundo dolor, un inmenso amor o una gran bronca. Que sólo una mirada basta para un límite preciso dónde otros pondrían gritos incansables.

Sin querer también le enseñó que siempre la lucha es contra uno mismo. Por lo elegido, que no nos animamos a enfrentar. Por las decisiones tomadas que no podemos revertir y por las no tomadas que no podemos resignar. Por las traiciones constantes que nos hacemos por no detenernos a conocernos, escucharnos y estar siempre mirando y criticando el afuera.

Por querer empecinadamente aferrarnos a algo que no sucedió, en vez de aprender que eso también fue nuestra elección, dar vuelta de hoja y empezar por el hoy. Por la gran falta de amor, de cuidado y valor, con la que nos castigamos una y otra vez.

Aprendió de ella que el pasado se puede dejar atrás, y es la única forma para vivir un presente. Esto no implica olvidarse de nadie, ni de las raíces; significa acomodarlas donde tienen que estar, perdonar, perdonarse por lo que no se hizo o por lo que se hizo y no tendría que haberse hecho; y aceptar que ya nada de todo eso puede modificarse.  Sólo verlo desde otra mirada y construir el presente como se quiera, dejando de victimizarse en la comodidad de culpar al pasado.

Aceptame mujer

Y lo más importante aprendió que ella misma es su mejor lugar en el mundo. Es lo primero que tiene que cuidar para tener una vida feliz y dar felicidad a los demás. Que nadie tiene derecho a perturbar su paz. Nadie, ni ella misma. Y que si conserva eso, puede empezar y levantarse,  seguir adelante las veces que sea necesario, hasta que la vejez deje atrás esta vida y de paso a una nueva.

También le enseño que la vida es un círculo que se cierra sobre sí mismo…tarde o temprano. Cuanto más tiempo tardemos en asumir que las luchas que debemos librar son en nuestro mundo interno, más vida se nos muere. Que el infierno  y el cielo están en uno mismo, y la distancia que los separa dentro, es lo que tarda el Demonio en teñir de rojo los ojos, o la Divinidad en ponerle la luz del propósito a ese momento.

Su madre la nutrió de lo necesario para comenzar su camino en esta vida y Ailín espera poder sembrar ese aprendizaje en el mundo que se está construyendo, sabiendo que fundamentalmente la vida es transformación para amar. Y sólo se ama con coraje.

Entre

Somos el Entre.

Entre el ayer y el mañana.

Entre los otros externos y nuestros otros internos.

Entre la bendición y la desdicha.

Entre  la Divinidad y el Demonio.

Entre lo que  vinimos a ser y lo que estamos siendo.

Entre nuestros ancestros y  nuestra descendencia.

Somos el vacío donde todos y cada uno de los opuestos

se unen para dar vida a lo que ya somos.

Ese vacío tan necesario,

Imprescindible para que se geste el ser.

Que a su vez es eterno vacío,

Sino sería acabada y muerta completud.

Somos eso que está sucediéndose-se constantemente.

Y que  a su vez: ES.

Lic. Paula Perticone

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Información del Autor

Transmutar. Una de mis palabras favoritas define bastante bien mi diferencial profesional. El arte de mutar, generando una versión más saludable, creativa y consciente de las personas u organizaciones, permitiendo la continua actualización de sus potenciales internos y externos.

Actualmente me capacito en Desarrollo Organizacional (ITBA) para dar orientación, profesionalismo e integración a mi práctica cotidiana, profundizando mi trabajo como agente transmutador dentro de las organizaciones.

Mi vida académica recorrió varios caminos y lo sigue haciendo. Me guía la obra de Carl Jung en mi profesión como Psicóloga Clínica con mis pacientes. Me capacité como Coach Ontológico para ofrecer herramientas que permitan dar el salto de lo actual a la concreción del estado deseado. Además me especialicé en Medicina Ayurveda complementando mi práctica personal de meditación, yoga y fitoterapia para brindar a mis pacientes y clientes una mirada holística sobre sí mismos.

Estoy convencida que sólo transformándome a mí misma puedo ser consciente de lo cuidadoso, meticuloso y amoroso que debe ser guiar, promover e implementar un proceso de cambio, sea dentro de una individualidad como de una organización.

Amo los viajes, los amigos, la naturaleza y la luna; tengo un alma inquieta que busca experiencias que posibiliten ampliar mi forma de ver, para descubrir los distintos mundos que habitan en cada persona. Amo escribir y difundir ideas que permitan abrir caminos en los demás.
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