La empatía: el mejor regalo para un amigo

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No vayas corriendo a comprar nada porque la amistad no tiene que ver con cosas. Las relaciones honestas van por otro lado. Por la vereda de la empatía.

A muchos nos es difícil imaginarnos la vida sin ellos, los de verdad. Aunque cambien más de una vez los vientos de la vida, de alguna manera están presentes y, a veces, no hace falta nada más para sentirse mejor. O más completo. Los amigos, los de verdad, tienen ese ‘qué se yo’ que los hace casi casi imprescindibles.

Los vínculos entre amigos son todos diferentes. Es la alquimia de dos mundos, la mezcla de dos colores que dan un tercero nuevo. Sin embargo hay un factor común entre los amigos, los de verdad: la sensación de intimidad. La seguridad de sentirse en casa, esa especie de libertad que otorga la mirada, la escucha, la complicidad y la compañía sincera.

Hay quienes hablan de una conexión especial, que trasciende tiempo, distancias y vicisitudes. Precisamente de conexión se trata lo que hace que las relaciones se acerquen y se vuelvan profundas y reales.

El mejor regalo

No vayas corriendo a comprar nada porque la amistad, y los vínculos cercanos en general, no tienen que ver con cosas. Lo que hace que una relación sea honesta va por otro lado. Por la vereda de la empatía.

“A veces suena a frase hecha: la empatía es poder ponerte en los zapatos del otro”, nos explica la licenciada en psicología Clara Roqué. “Ser empático requiere ponerte en el lugar del otro sin necesidad de tener la misma experiencia, sino conectando con su emoción”, completa.

No creemos que sea tan difícil eso de “conectar con la emoción del otro” y todos nos sentimos con más o menos pericia para lograrlo, pero la verdad es que en la práctica se presentan algunas dificultades que podrían pasar desapercibidas. La primera, y quizá la más básica, es no contar con un registro de las propias emociones. Ya que para conseguir acercarnos al sentimiento de alguien más debemos ser diestros en saber qué estamos sintiendo, cómo lo hacemos, con qué intensidad. Necesitamos poseer una especie de diccionario emocional al cual acudir.

Ser empático requiere ponerte en el lugar del otro sin necesidad de tener la misma experiencia, sino conectando con su emoción.

“Ser capaces de registrar las experiencias internas con toda su fuerza y duración es un trabajo que precisa de nuestra atención y es primordial para desarrollar la empatía. Pero no es el único escollo. También ocurre que constantemente tenemos conductas evitativas respecto de vivencias íntimas dolorosas o desagradables. No nos gusta sentir determinadas emociones y les escapamos. Por lo tanto, sucede que no solo no tenemos registro del enorme abanico de emociones que puede tener un ser humano, sino que además estamos entrenados en huir de algunas experiencias internas. Así es muy difícil conectar con lo que le pasa a otro”.

Animarse a sentir

Hoy está de moda hablar de “ser positivo”, de que hay “emociones negativas” que conviene no tener. Como si nos pudiéramos comprar en algún bazar amigo un colador emocional: esto sí, esto no. Si es un sentimiento feliz, sí; si no, lo descarto. En lugar de sentir mejor, queremos sentir menos.

Acá conviene hacer una diferencia entre simpatía y empatía. “La simpatía se relaciona con buscarle el lado optimista a una situación. Cuando alguien está viviendo una situación difícil, decirle que ‘todo va a estar bien’ o ‘mirale el lado positivo’ muchas veces genera la invalidación de la emoción que esa persona está atravesando.”

La empatía se trata de no juzgar el mundo emocional, ni el propio ni el del otro, sino de comprenderlo y acompañarlo.

Es muy común que en el afán de ‘rescatar’ a alguien de una experiencia emocional dolorosa, uno acuda al optimismo de bolsillo. Pero si miramos con lupa, esa ‘invalidación emocional’ va de la mano del juicio.  “Es como si dijésemos: ‘esto que sentís es malo, no lo sientas más’; cuando en realidad las emociones no se deciden, se viven. El que es invalidado queda con escasos recursos para regular su emocionalidad porque enseguida busca sentir algo diferente. La empatía se trata básicamente de no juzgar el mundo emocional, ni el propio ni el del otro, sino de comprenderlo y acompañarlo”.

Entrenar la empatía

Si bien hay personas que naturalmente son empáticas, la licenciada Roqué afirma que “la empatía se puede entrenar”.

Uno de los ejercicios que propone es practicar el “no juzgar”. “En general, la gente se juzga a sí misma cuando tiene experiencias internas que preferiría no tener. Por lo tanto no es raro que ese mismo juicio esté presente para con los demás.”

Acompañar con aceptación, respetando los procesos de los demás, parece ser la clave de la empatía. Ser capaces de observar y aceptar el propio universo emocional siendo lo suficientemente valientes para experimentar lo que nos pasa con toda su fuerza, aunque eso nos deje expuestos y nos haga sentir vulnerables, nos hará mas enteros y mas humanos.

“La clave es animarnos a vivir las emociones y a que las personas que queremos mucho también las puedan transitar con libertad, sin que les busquemos el alivio instantáneo. En los vínculos cercanos y profundos es necesario poder acompañar, estar presentes y que el otro sepa que cuenta con uno, más allá de cualquier circunstancia”, concluye Clara Roqué.

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