Aceptame mujer

aceptame mujer
¿Qué es ser mujer? ¿Qué es ser quién sos? ¿Quién es la mujer que sos sin adjudicarle roles estereotipados, igualmente inflexibles?

“La Mujer Salvaje enseña a las mujeres a no ser “amables” cuando tengan que proteger sus vidas emocionales. La naturaleza salvaje sabe que el hecho de actuar con “dulzura” en tales circunstancias sólo sirve para provocar la sonrisa del depredador. Cuando la vida emocional está amenazada, el hecho de trazar en serio una línea de contención es no sólo aceptable sino también preceptivo. Cuando la mujer así lo hace, su vida ya no puede sufrir intromisiones durante mucho tiempo, pues ella se da cuenta inmediatamente de lo que ocurre y puede empujar de nuevo al depredador al lugar que le corresponde.”

     “Mujeres que corren con los lobos.” Clarissa Pínkola Estés.

Crearse es difícil.

Crearse mujer es difícil.

Crearse mujer que no la determina ningún rol, ni madre, hija, amante, esposa, sirvienta, ama de casa, solterona, loca, bruja, puta, machona, fea, fálica, lesbiana, trans, hetero, secretaria, trolita, hueca, entre otros, es difícil.

Cuando se sale de lo establecido, convencional y esperable, se emprende un camino siempre único, donde no hay copias, modelos, placebos ni certezas.

¿Qué es ser mujer? ¿Qué es ser quién sos? ¿Quién es la mujer que tenés delante tuyo sin todos los roles estereotipados que estás acostumbrado a adjudicarle? ¿Quién serías vos sin tus roles estereotipados, igualmente inflexibles?

Cuando se sale de lo establecido, convencional y esperable, se emprende un camino siempre único, donde no hay copias, modelos, placebos ni certezas.

Seguir con desgarro y placer los ritmos de la individuación, de hacernos a nosotros mismos, es un viaje responsable de consciencia doloroso donde nos alumbramos en un segundo nacimiento, iluminándonos.

Es difícil hacerlo cuando esa parte interna se queja y quiere volver a la masa de las fotocopias, imitaciones dormidas despojadas de realidad y llena de falsas ilusiones de felicidad, masa donde nuestros cerebro más precario habituado durante milenios, más cómodo se siente.

Seguir con desgarro y placer los ritmos de la individuación, de hacernos a nosotros mismos, es un viaje responsable de consciencia doloroso donde nos alumbramos en un segundo nacimiento, iluminándonos.

Vivir los espacios vacíos de la gestación de uno mismo, esperando que surja lo verdadero, lo que es esencial a cada uno, la unicidad, es difícil.

Es difícil no caer en la tentación de llenarlos con… con lo que sea que haya a mano, no importa. Aguantarse en el vacío de la propia construcción, oyendo lo viejo y no siendo arrastrado fuera o dentro por ello, paciente, sereno, y permitirse crear un vacío que también sea auténtico, y soportarse en esa nada, entenderla y aceptarla, sin huir aterrados a pasados secos o a futuros ramificados: ese es el desafío.

Y en esos vacíos para construirnos nos vamos a equivocar, para aprender. A tropezar para ver lo que estaba allí; si no nos tropezamos con lo que queremos dejar de ser, es porque no estamos librando batalla alguna.

Si no nos tropezamos con lo que queremos dejar de ser, es porque no estamos librando batalla alguna.

A veces le digo a mi parte exitista y resultadista, que quiere transformase en lo que debería ser (incluso a la luz de los nuevos valores), y a los demás impacientes que me critican con desamor las equivocaciones en el camino: aceptame.

No me interpretes. Preguntame para conocerme. Haré el mayor esfuerzo para que puedas entenderme y ponerte en mí lugar. Pero no puedo darte el corazón para que salgas de tu ombligo y, con empatía, entres en mi mundo. Por más palabras que te diga, eso ya corre por tu cuenta. Y si no podés hacerlo: aceptame.

Aceptame con mis condicionamientos, que estoy tratando de darles batalla, que quizás sean los mismos que los tuyos. Con mis errores, que llevan en mi sangre los mismos años que en la tuya. Con mis ansias de libertad, que está recién nacida y a veces se tropieza al querer empezar a caminar, o tartamudea al decir las primeras palabras.

Aceptame, estoy creciendo, aprendiendo de mí, de vos, de lo que soy capaz y nunca supe. Soy nueva en esto. No pidas la perfección que vos tampoco tenés. Que no la tiene nadie. No pidas que no me siga equivocando más por haber despertado una parte de mí. Es un camino, no un fin, lo que me está sucediendo. Crecer es un proceso. Doloroso en principio. Feliz en cada conquista sobre mí misma, porque sé que las que vienen no tendrán que liberar esa batalla.

Aceptame y no me critiques tan destructiva y descalificativamente. Estoy haciéndome cargo de miles de años. No lo puedo hacer de un día para el otro. Quizás me lleve años sanar errores que llevan milenios. Me parece bastante razonable. Suficiente carga tengo, con el saber que inevitablemente me voy a seguir equivocando por mucho tiempo. Sólo aspiro a que sea cada vez en menos cosas. Y bienvenido sea aquello que tengas para decirme y criticarme desde el amor, porque el amor que me tenés también es amor hacia vos mismo.

Aceptame y no me critiques tan destructiva y descalificativamente. Estoy haciéndome cargo de miles de años. No lo puedo hacer de un día para el otro.

La lucha es para afuera y para el afuera que tenemos impregnado dentro, ese que se activa cuando cerrás la puerta de tu casa y librás con vos misma y con tu entorno más cercano la batalla tratando de no caer una y otra vez en determinarte por el rol que manda, que implora ser acatado, ese que se cuela cuando el tiempo apremia, cuando hay que correr atrás de las obligaciones, del trabajo, de los hijos, del verse bien, de la salud, del estar al día con todo, del no tener tiempo para mirarse y ver si somos qué estamos siendo.

Aceptame, y no es una petición, es mi derecho.

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El 8 de marzo se conmemora el acontecimiento que dio origen años después, en 1977, al Día Internacional por los Derechos de la Mujer. En 1911 se produjo un incendio en una fábrica de Nueva York, donde perdieron la vida más de 140 trabajadores, la mayoría de ellos mujeres.

El 8 de marzo de 2017, dentro de unos días,  más de 30 países se adherirán a la huelga internacional femenina. Movilización y huelga en protesta contra el femicidio, la explotación laboral/económica, la deshumanización y desjerarquización de las mujeres. Argentina, Chile, Brasil, Uruguay, Inglaterra, Francia, México, Islandia, Estados Unidos, Turquía, Alemania, entre otros, han confirmado su adhesión a esta protesta, inspirada en “El día libre de mujeres” de las islandesas el 24 de Octubre de 1975, cuyo objetivo fue visibilizar el trabajo doméstico no remunerado y que la mujeres ganaban en promedio 30% menos que los hombres por las mismas tareas.

El colectivo #NiUnaMenos realizó el llamamiento oficial al Paro Internacional de Mujeres mediante un documento que, en parte, profesa:

#NosotrasParamos

Paramos para denunciar:
Que el capital explota nuestras economías informales, precarias e intermitentes.

Que los Estados nacionales y el mercado nos explotan cuando nos endeudan.

Que los Estados criminalizan nuestros movimientos migratorios.

Que cobramos menos que los varones y que la brecha salarial llega, en promedio, al 27%.

Que no se reconoce que las tareas domésticas y de cuidado son trabajo que no se remunera y suma tres horas a nuestras jornadas laborales.

Que estas violencias económicas aumentan nuestra vulnerabilidad frente a la violencia machista, cuyo extremo más aberrante son los femicidios.

Paramos para reclamar el derecho al aborto libre y para que no se obligue a ninguna niña a la maternidad.

Paramos para hacer visible que mientras las tareas de cuidado no sean una responsabilidad de toda la sociedad nos vemos obligadas a reproducir la explotación clasista y colonial entre mujeres. Para salir a trabajar dependemos de otras mujeres. Para migrar dependemos de otras mujeres.

Paramos para valorizar el trabajo invisibilizado que hacemos, que construye red, apoyo y estrategias vitales en contextos difíciles y de crisis.

 Por último, les dejo un poema de Gioconda Belli que deseo que dentro de unos años sea sólo historia. 

Consejos para la mujer fuerte

 Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola,
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo,
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta,
a nadar contra corriente.
Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto.
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo,
rodéalo de fosos profundos,
pero hazle anchas puertas y ventanas.
Es menester que cultives enormes amistades,
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres,
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños.
Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.
Haz de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbrados
y el óxido mortal de todos los naufragios.
Ampara, pero ampárate primero.
Guarda las distancias.
Constrúyete. Cuídate.
Atesora tu poder.
Defiéndelo.
Hazlo por ti.
Te lo pido en nombre de todas nosotras.

 Lic. Paula Perticone

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Información del Autor

Paula Perticone es Licenciada en Psicología con orientación junguiana. Realizó un posgrado en Medicina Ayurveda, complementando su práctica personal de meditación, yoga y fitoterapia, para brindar a sus pacientes y clientes una mirada holística sobre sí mismos. Actualmente se encuentra realizando la Diplomatura en Coaching Integral que le permite enfocarse en las potencialidades de las personas y de las organizaciones para que construyan y alcancen los objetivos que se proponen. Amante de los viajes, los amigos, la naturaleza y la luna; posee un alma inquieta que busca experiencias que posibiliten ampliar su forma de ver para descubrir los distintos mundos que habitan en cada persona. Ama escribir y difundir ideas que permitan abrir caminos en los demás a través de su Facebook

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