¿Sabés lo que comés? Alimentos adictivos

Recibimos la primavera y, seguro, la gran mayoría quiere verse “bien”. Dejamos de comer o reducimos los azúcares blancos y usamos edulcorantes artificiales. Reducimos las grasas saturadas y trans para usar aceites industriales. Disminuímos las harinas refinadas y mutamos a las integrales en cantidades excesivas. Realmente, ¿estamos haciendo una transformación profunda, permanente en el tiempo y saludable cuando hacemos esos cambios?

Ya sabemos todos que el azúcar, las grasas saturadas y trans y las harinas blancas, no nos aportan los nutrientes que el cuerpo necesita. Aún más, desde otros enfoques, los azúcares, las grasas y la harina blanca, ensucian nuestro organismo con residuos y agentes tóxicos. Pero también es importante saber que los “reemplazos” que hacemos para vernos mejor y estar con una buena calidad nutricional, a veces nos están llevando al mismo punto.

Siempre pongo como ejemplo, el caso del azúcar blanco que es cambiado por los edulcorantes sintéticos o semisintéticos. El azúcar blanco es un refinado industrial de la caña de azúcar o la remolacha. Los pequeños cristales blancos que todos conocemos, se producen luego de exponer a la caña de azúcar a varios tratamientos físicos y químicos con sulfitos, cal, CO2, para blanquear el producto original y que resulte más agradable para el consumidor. El resultado es un 99% de sacarosa. En el saber popular se ha hablado mucho de que los edulcorantes eran buenos y  que una persona con diabetes y obesidad, entres otras patologías, debía consumir edulcorantes en lugar de azúcar refinado, para evitar alterar su metabolismo natural. Con este paradigma popular ya se le está dando valor a lo que tanto apoyo: el NO consumo de azúcar blanco porque no te da ningún beneficio y, encima, genera adicción por ser comida directa de parásitos y microorganismos patógenos en el cuerpo.

Pero ¿qué pasa con el edulcorante?  Se trata de un agente usado para cambiar el sabor natural de los alimentos y, por sobre todo, ENGAÑAR al cuerpo de forma directa. Nosotros, cuando ingerimos un edulcorante, estamos dándole el mensaje al páncreas de que secrete insulina. Como la insulina no tiene glucosa que consumir, porque ingresó al cuerpo un alimento nutricionalmente vacio, se consume la glucosa que ya estaba en sangre.  Resultado: el cuerpo va a querer comer más del alimento con edulcorante que estimuló los neurotransmisores cerebrales  para generar adicción y también como un intento de elevar la glucosa en sangre. Entonces, termina siendo una rueda sin fin: comemos el doble, no nos alimentamos, no nos nutrimos y además con ese agente químico, dañamos el hígado, los riñones y el cerebro.

Con este breve ejemplo del azúcar blanco y los edulcorantes espero puedas rever qué reemplazos y cambios estás incluyendo en tu vida. Fijate que lo que incorpores tenga el fundamento de un alimento completo de nutrientes, de vitalidad, de energía y de sabor.  Que el alimento esté exento de procesos químicos, que son los que estimulan los neurotransmisores cerebrales y los que nos dañan. Procesos químicos que  pretendemos que el hígado neutralice, mientras que el hígado se queda obsoleto y sin respuesta. Así es como devienen enfermedades degenerativas, autoinmunes y sin respuesta médica de su origen.

Los alimentos más buscados por los parásitos intestinales son los azúcares refinados y las harinas blancas. Para estimular la eliminación de estos parásitos y dejar de lado las adicciones creadas por estos organismos, debemos empezar por  limpiar el intestino, saber cómo proveerle probióticos y prebióticos benéficos y naturales a diario para, de esta manera, comenzar a recolonizar nuestro sistema de flora bacteriana benéfica. El intestino trabaja en conjunto con nuestro cerebro y viceversa. Si tenemos un intestino limpio y sano, el cerebro no pedirá más que alimentos con nutrientes y vitalidad; si en cambio tenemos un intestino sucio y colonizado con parásitos, lo que ellos pedirán son azúcares refinados y harinas blancas. El cerebro, entonces, pedirá esas grasa que te genere un estado de placebo instantáneo (las grasas saturadas y las trans). Por lo tanto, el efecto adictivo de la comida, puede ser auto-controlado y mejorado con un simple cambio de hábitos.

Para esto, en esta oportunidad les dejo un incentivo que vamos a desarrollar en el próximo artículo, que son los alimentos fermentados. A continuación la receta del Kéfir:

La preparación

Los nódulos de kéfir pueden cultivarse en forma casera en diversos medios: agua, leche de distintas semillas o jugo de frutas. Es común el preparado a partir de leche vacuna, del que se obtiene una especie de yogurt líquido, aunque los expertos coinciden en que la versión más indicada es la que se prepara en base a agua.

Su preparación es muy sencilla:

  • En una jarra de vidrio se colocan tres cucharadas de nódulos hidratados de kéfir, 50 gramos de azúcar integral de mascabo (que activará la fermentación), un limón entero, dos frutas secas (higos, dátiles o pasas de uva) y un litro de agua pura. Es importante tener en cuenta que el líquido no debe ocupar más de dos tercios del volumen del envase, ya que tiene que haber un espacio libre para el aire.
  • Posteriormente, hay que revolver con un cucharón de madera o plástico (evitar el metal), tapar la jarra con un lienzo sujetado con una banda elástica y dejar 24 horas en reposo, en un lugar templado y protegido de la luz.
  • Al día siguiente, se revuelve y se macera por otras 24 horas. Por último, se extraen los nódulos (que se habrán multiplicado, lo cual indica que la preparación fue bien hecha), y se exprime el limón en el líquido obtenido, que será apenas dulce y ligeramente ácido.
  • Según el tiempo de cultivo, el efecto será diferente sobre la regulación de la función intestinal: el de menos de 24 horas es laxante (se debe tomar por la noche); el de 72 horas, astringente; y el intermedio, de 48 horas, neutro.

Recomiendo tomar un litro y medio por día en caso del kéfir a base de agua.


 

Disfrutemos los momentos de la cocina para estar con nuestros hijos, ellos son el tesoro más preciado que tenemos, no solo por ser parte de nuestra creación, sino por ser nuestros mayores maestros. Pongámonos el gorro de cocinero y dejemos que sus instintos nos absorban.

¡Por más salud y más arte! Namaste

Matías Amadasi

Participá de la Comunidad Ahora

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


1 Comentario

Suscribite a Revista Ahora

¿Te gustaría recibir artículos como este en tu e-mail? Sé parte de la Comunidad Ahora, gratis!






Información del Autor

Chef Yogui Consciente, nacido en Buenos Aires, Argentina (25 años). Se ha graduado como Técnico Universitario en Gastronomía en la UADE y el IAG de Buenos Aires y como profesor de Yoga Siromani en Yoga Sivananda. Trabajó en prestigiosos hoteles de Buenos Aires (Hilton, Emperador y Loi Suite), en diferentes servicios de catering (como Los Petersen en la Rural), restaurantes de Buenos Aires y el partido de la costa atlántica y su propio local de comida (Lo de Matias). Creó “El Arte del Buen Comer”, desde donde actualmente difunde una alimentación fisiológica, naturista y sustentable en Argentina, Uruguay y Chile por medio de cursos y talleres teóricos-prácticos, enseñanza a gastronómicos y profesionales de la salud y asesoramiento a restaurantes y hoteles. A partir de su trabajo con el yoga formó una dinámica a la que llamó “El Yoga de la Nutrición”, donde fusiona su trabajo con la dinámica de unión del Yoga y los buenos hábitos que a diario nos unen en cuerpo, mente y espíritu a partir de disciplinas es el alimentarse y nutrirse.