Vivir viajando: los secretos más íntimos del antes y el después.

Dos personas, dos sueños, un encuentro no esperado, deseos, miedos, certezas, incertidumbres, tiempo, renuncias, planificación, imaginación… Todo fue y es parte de un proceso del que hace un año y cuatro meses somos protagonistas. Vivimos viajando utilizando como medio de transporte la bicicleta. En esta nota te contamos los detalles más íntimos de nuestro cambio de vida.

BannerDos personas, dos sueños, un encuentro no esperado, deseos, miedos, certezas, incertidumbres, tiempo, renuncias, planificación, imaginación… Todo fue y es parte de un proceso del que hace un año y cuatro meses somos protagonistas. Vivimos viajando utilizando como medio de transporte la bicicleta. En esta nota te contamos los detalles más íntimos de nuestro cambio de vida.

El verdadero amor llega cuando uno menos se lo espera

Nos conocimos de casualidad, los dos llevábamos una vida muy tranquila y, quizá, deseada. Nico tenía todo lo que alguna vez había querido: un trabajo estable, buen sueldo, bici, moto, auto y estaba pagando un plan para tener su casa propia. Yo estaba por rendir mi último final de una carrera que llevaba al día con uno de los mejores promedios.

Ninguno de los dos había estado enamorado pero a los pocos meses de conocernos ese sentimiento tan lindo y extraño llegó para quedarse.

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Todos hubieran creído que era el momento ideal: en pocos años tendríamos un lugar para vivir juntos, formar nuestra familia y yo podría por fin trabajar de lo que algún día soñé.

Para nosotros nada era ideal, ni siquiera el momento justo en el que la vida nos había cruzado.

Nico tenía todo lo que alguna vez había deseado pero no le era suficiente para estar bien, ser feliz. Las horas en su trabajo le resultaban eternas y casi no tenía tiempo para él. Tenía un sueño que cada día sentía más lejano.

Yo, estaba por recibirme de una carrera que elegí y que llevé al día con gusto durante los primeros años. Cuando me faltaban sólo 3 materias para el final me di cuenta que no me gustaba, no me veía trabajando de eso y no me hacía sentir bien. Ansiaba con recibirme para irme de viaje junto a una amiga por América Latina sin pasaje de vuelta.

Mi cabeza luchaba contra mis sentimientos: “¿Justo ahora que me quiero ir de viaje para no volver?”. Nico, por su parte, no sabía cuándo sucedería pero quería cumplir un sueño –con o sin mí-.

-“Mirá que yo en algún momento quiero hacer un viaje en bicicleta”

-“Buenísimo, yo te acompaño” 

Su “planteo” y mi respuesta nos terminó de enamorar. Él quería viajar en bicicleta y yo quería viajar sin límite de tiempo. Después de esa charla nos dimos cuenta que por algo la vida nos había juntado.

Un sueño compartido

Me recibí y viajé junto a mi amiga durante un mes y medio por Perú y Ecuador. Luego volvimos ya que a las dos nos esperaba el amor en Argentina. Al regresar sabía que tendría que ser paciente porque Nico todavía tenía muchas cosas por organizar.

En ese tiempo de “espera” y preparativos le fuimos dando forma a eso que luego se convirtió en un sueño compartido, que incluía mucho más que viajar en bicicleta. Se trataba de comenzar a vivir una nueva vida lejos de la ciudad, obligaciones, calendarios y relojes: queríamos vivir viajando y utilizar como medio de transporte la bicicleta.

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Esos largos meses en la ciudad se dividieron entre la rutina de siempre –Nico cada vez más cansado de su jornada laboral y yo trabajando e intentando que mi profesión me guste-, nuestras charlas infinitas sobre todo lo que deseábamos hacer, lecturas de blogs y otros viajeros, ahorrar para comprar lo que necesitábamos, pequeñas salidas de entrenamiento, viajes cortos de vacaciones, ansias, miedos, preguntas, certezas…

Antes de salir creíamos tener las cosas súper claras. Sabíamos de qué se trataba este tipo de vida, lo elegíamos y lo deseábamos. Cuando comenzamos a viajar nos dimos cuenta que la teoría no tiene tanto que ver con la práctica. Hacerlo realidad nos dio lo más importante: la oportunidad de sentir y vivir eso que tanto soñamos.

 Desafíos y aprendizajes

Teníamos varios desafíos por delante: dejar atrás nuestra vida de siempre, acostumbrarnos a vivir sin un sueldo fijo, despedirnos de nuestros seres queridos –sin saber por cuánto tiempo-, dejar atrás las comodidades del hogar, aprender a soltar los miedos, aprender a viajar en bicicleta, aprender a vivir viajando, aprender a convivir en pareja las 24 hs del día, aprender a trabajar en el camino y estar dispuestos a que esta nueva vida podría llegar a gustarnos o no.

Miramos atrás y nos damos cuenta que ya no somos los mismos. Nos encanta nuestro presente, lo sentimos real. Disfrutamos de vivir viajando en bicicleta. Tenemos nuevas herramientas que nos permiten ser sinceros con nosotros mismos. Sabemos que el aprendizaje es constante, que día a día podemos elegir cómo vivir y que hacerlo posible sólo depende de nosotros.

Intentamos no pensar tanto a futuro y disfrutar de cada instante –cuesta muchísimo, es un trabajo constante-. Estamos aprendiendo a ser más pacientes, más conscientes del ahora.

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Aprendimos a trabajar en el camino y eso nos da la tranquilidad de poder vivir bien sin un sueldo fijo. Ya no necesitamos los lujos de antes. Recibimos los pequeños regalos que nos da el camino. Aprendimos a valorar el placer de una ducha, una comida caliente, un lugar cómodo para dormir. Aprendimos que si uno quiere, puede.

Nos sigue costando despedirnos de nuestros seres queridos y de toda la gente linda que vamos conociendo en el camino. Nos sorprendemos día a día de la solidaridad de las personas, su buena energía y sus ganas de ser parte de nuestra historia.

Aún hoy seguimos aprendiendo a convivir las 24 hs, no sólo con la pareja sino con uno mismo –la parte más difícil-. A veces disfrutamos y a veces no. Lloramos y reímos. Somos los mismos –y tan diferentes-.

Sentimos que uno nunca termina de aprender. No sabemos hasta cuándo seguiremos viviendo así, pero tenemos algo en claro: será hasta que lo disfrutemos como hasta ahora.  

Ma. Leticia Villalba

Fotografías: Nicolás Esteban González y Ma. Leticia Villalba. 

Sin Rumbo y a Pedal


Pueden seguir su viaje en www.sinrumboyapedal.com o ayudarlos con un ‘me gusta’ y seguirlos en Facebook 

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Información del Autor

Lechu y Nico son una pareja viajera con el sueño de recorrer América Latina en bicicleta. Comenzaron su aventura en enero de 2015. Viajan despacio, conociendo pueblito a pueblito y sintiendo cada instante del camino. La esencia del viaje es crecer día a día aprendiendo del camino. Aman conocer nuevas personas y nutrirse de sus experiencias, cultura, forma de vida y de lo que cada una de ellas tiene para dar.

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